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“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

 Bonitas las tapatías, allá por El Grullo y Autlán

Por Juan Bustillos

Clemen, ¿cuántas madrugadas como la de hoy escuchaste muy cerca a tu oído aquellas hermosas líneas de Manuel Esperón, tan hermosas como tú: “Bonita Guadalajara, pero más las tapatías…”?

Me dirán mis dos o tres lectores leales cuyo abandono aún no sufro que cotidianamente ocurren tantas cosas que afectan a la nación que no tengo derecho a distraerme recordando que llegaste del cielo en 1927, apenas 98 años atrás, solo para regresar en noviembre de 2007 como “gota que se vuelve a la mar”, diría Amado Nervo.

¿Qué importa que Hugo López Gatell inevitablemente encuentre hoy la manera de evadir su responsabilidad en la superación en 10 mil fallecidos por coronavirus a la marca que calificó de “escenario catastrófico”, 60 mil, o que el presidente López Obrador insista en imponer la agenda política ensañándose con tal o cual neoliberal conservador corrupto y los periodistas que añoran aquellos tiempos o denunciando conspiraciones para descarrilar la Cuarta Transformación, como la más reciente, los agricultores chihuahuenses que se niegan a quedarse sin agua y un largo etcétera?

Todo eso puede esperar para mañana y el resto de los días del sexenio y lo que dure la pandemia, o mientras sobrevivamos, pero a fin de no perder a los dos o tres aferrados que aún siguen mis teclazos aprovecho para platicarte que tuviste razón la noche del 23 de marzo de 1994 cuando llorando me hablaste por teléfono desde tu casa en San Fernando, en Puebla, para decirme que “ese muchacho nos dejó huérfanos”.

Si hubieses leído a Mario Vargas Llosa me habrías dicho que aquella tarde en Lomas Taurinas, cuando asesinaron a Luis Donaldo Colosio, fue cuando se jodió México.

Te impresionaba lo de la cultura del esfuerzo, que te recordaba tu vida, a partir del día que debiste abandonar los límites del “Llano en Llamas”, el poblado de calles empedradas cuya pavimentación iniciaron “Pelo Chino”, Rafa Reséndiz y Liébano Sáenz en honor a ti que tanto amaste a El Grullo, allá por Autlán, El Limón, Tonaya, Sayula y Apulco, lo que quedó de la encomienda de Tuxcacuesco de Los Viscaíno, la familia de Juan Rulfo.

A partir de Tijuana todo fue diferente, hasta llegar a hoy en que no sabemos si vamos o venimos o si estamos peor que cuando estábamos mal.

En realidad, estamos como me decías cuando agarrábamos camino de El Grullo pa´ El Chante: “vamos hasta en casa de la …”; ahora dirías Palenque, en referencia al verdadero nombre de la finca del presidente López Obrador.

Pues así estamos y nada, ni el optimismo irredento de Arturo Herrera, sugiere que todo mejorará el año próximo o en poco tiempo porque ya sabes lo que dicen los economistas, que en el mediano plazo todos estaremos muertos.

Si estuvieras con nosotros y escucharas las mañaneras soltarías la carcajada al escuchar que a pesar de todos los pesares estamos requetebién y el pueblo está feliz, feliz. A lo mejor hasta te lo creías porque nunca dejaste de ser pueblo, pero no del que estira la mano, sino del que días a día se friega el lomo desde la madrugada hasta el anochecer, como decías.

Pero Clemen, mejor aquí le paro porque corro el riesgo de ser regañado por desvelarte con lo mismo; no sea que me preguntes si no tengo de otras cosas de qué hablar que no sea política, y por otra parte si te canto aquello de “Bonita Guadalajara…” corro el riesgo de que me pidas que me calle y no eche a perder la canción. ¿Te gusta cantar?, me preguntabas. ¡Aprende!

Así que gracias por todo lo que hiciste por nosotros, no solo por darnos la vida, sino por seguir cuidando a toda tu descendencia.

Y lástima que nunca se animó a grabar “Aquellos ojos verdes”, porque no hubo, no hay, como los tuyos.