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“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

López Gatell puede ayudar a vender “cachitos” de rifa del avión presidencial

Por Juan Bustillos

 

Hay quien me dice que tratándose del presidente López Obrador por lo general nos equivocamos. Lo que nos parecen ocurrencias están lejos de serlo.
Como la rifa del avión que, ante el previsible éxito mediático y en recaudación, lo podrá sortear en navidad y tantas veces sea necesario en fechas posteriores mientras no se aparezca alguien que seriamente quiera disfrutar las delicias de volar sobre los océanos rumbo a otros continentes, como no lo hizo ni Obama, a condición que lo compre en lo que vale.
Gracias al coronavirus hace tiempo que no veo a quien siempre me espera en la puerta del restaurante dispuesto a asaltarme diciéndome que me ha guardado el 7 ganador que nunca es premiado; antes de la epidemia me dijo que muchos vendedores de la Lotería Nacional, al igual que él, no venderían los cachitos del sorteo del avión porque la gente no los quería.
Malos mexicanos unos y otros que no entienden que el sorteo del avión, que nadie se sacará, sino 100 mexicanos afortunados que ganarán cada uno 20 millones de pesos respaldados por un cheque del fiscal General de la República, Alejandro Gertz Manero, que, cuando aún no presumía su arrogancia de ser libre, dispuso, seguramente porque la ley se lo permite, de 2 mil millones de pesos de las dos terceras partes del patrimonio que trabajadores y patrones aportan al Infonavit para apoyar la genialidad de López Obrador que nos ha traído distraídos hasta hoy.
Los malos mexicanos abundamos y es probable que por ello el presidente acudió a los empresarios que, patriotas como son, aceptaron de buena gana y sin presiones invertir 1,500 millones de pesos en comprar un buen tanto para repartir cachitos entre sus trabajadores, pero como ni así se alcanza la meta de los tres mil millones de pesos, que viene a ser el valor de los seis millones de cachitos en venta, el presidente ha tenido otras genialidades.
Por ejemplo, que el gobierno compre un millón de boletos para repartirlos entre 965 hospitales, es decir, invirtió 500 millones de pesos en comprarse cachitos a sí mismo; eso si, los fondos provienen del instituto para Devolver al Pueblo lo Robado.
Algo más o menos como el meme que circula en WhatsApp de la prostituta que salvó a un pueblo de la crisis económica.
Veamos, un turista millonario llegó al hotel, pidió una habitación y dejó un billete de 200 euros en depósito; el administrador lo tomó y corrió a pagar al carnicero a quien debía; este pagó a su vez al propietario de la piara, quien por su parte raudo y veloz fue a liquidar su deuda al vendedor de alimentos para animales. El billete siguió circulando de mano en mano por todo el pueblo hasta terminar en las manos de una prostituta que presurosa acudió al hotel a solventar la deuda que tenía porque le fiaban habitaciones para que pudiera ofrecer sus servicios a crédito. Al final de la historia, al turista no gustó la habitación y decidió dejar el hotel. Consternado, el administrador devolvió al billete, pero, por lo pronto, todo mundo había liquidado sus deudas en el pueblo.
Ni quien puede negar que en la rifa del avión se suceden genialidades, unas tras otras. El personal de los hospitales que sea el afortunado poseedor de alguno de los cachitos premiados no se convertirá en millonario y neoliberal, y consecuentemente indigno de la Cuarta Transformación, sino que, como sentenció López Obrador, tendrá que decidir “en qué utilizar los 20 millones: ya sea para equipos, para mejorar la situación del hospital, para uniformes, para protección del personal, para una ambulancia …”
Nada dijo de si pueden usarlo para pagar la hipoteca de su casa, adquirir un automóvil, liquidar sus deudas o simplemente darse vida de ricos.
Es decir, el gobierno pondrá el dinero para que los trabajadores del sistema de salud que obtengan un premio decidan en qué insumos invertir sus 20 millones.
Y luego los mal pensados se preguntan por qué en lugar de jugar con las ilusiones del personal de salud, el gobierno no entregó directamente los 500 millones de pesos a los hospitales.
En principio, la venta de cachitos no fue tan bien recibida como supuso el presidente, aunque el embajador de Estados Unidos, Christopher Landau, se convirtió en involuntario promotor preguntándose en Twitter cómo gastaría los 20 millones si su cachito fuera uno de los ganadores.
No obstante, en la primera semana de septiembre la venta casi alcanzaba los dos mil millones de pesos, por lo que no habrá necesidad de utilizar el respaldo prestado por la FGR a costillas del Infonavit, pero aún faltan mil millones de pesos, razón por la cual, hasta la secretaria del Trabajo, Luisa María Alcalde, entró a la promoción.
Si no llegan a vender la totalidad de los cachitos y tampoco 100 resultan premiados, tampoco habrá que hacer alharaca porque ocurre hasta en los sorteos magnos, como el de navidad.
Y, por cierto, entre las utilidades de la Lotería Nacional están los premios que no se venden.
Si ocurriera con una buena porción de los 100 premios calculados, hasta esto habría que inscribirlo en la genialidad presidencial.
Para decirlo de otra manera, si no hay 50 cachitos premiados, el ahorro será de mil millones de pesos, o lo que es lo mismo, lo sustraído al Instituto para Devolver al Pueblo lo Robado quedará en casa.
Esta tarde, el doctor Hugo López Gatell tiene su oportunidad y podría echarle una manita pidiendo a su amplio auditorio comprar cachitos porque aún no se vende el 30 por ciento del lote y al fin y al cabo lo que se recaude se invertirá en medicinas y equipo para hospitales.
¡Genial!

 

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