“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

EL LEGADO HISTÓRICO DE PEÑA

En el artículo, el periodista resalta el Pacto por México y las Reformas estructurales como objetivos cuyos resultados están por venir

 

> Para ello, dice, el Mandatario mexicano logró reunir a las tres fuerzas políticas más importantes del país (PRI, PAN y PRD)

> Desestimar su Presidencia, escribió, sería ‘un gran error’

Cuando conocí a Enrique Peña Nieto, más de 2 lustros atrás, no imaginé que estaba llamado a hacer historia. Se ofrecía, sí, diferente al resto de la clase política, pero sólo era un joven funcionario del gobierno mexiquense que aún no revelaba sus aspiraciones de suceder a su jefe, Arturo Montiel, enfrascado, éste, en una lucha fratricida hacia el interior del PRI para recuperar la Presidencia de la República, como la que hoy vive el PAN.

Empezó a hacer historia cuando recuperó, en 2012, el poder perdido por su partido en el 2000. Supongo que al cruzarse nuestros caminos  tampoco él sospechaba que estaba destinado a resquebrajar a los monopolios más poderosos del país, cambiar el discurso histórico del PRI en materia petrolera y recuperar, para el Estado, la rectoría de la educación, por ejemplo, pero que para lograrlo haría algo que sólo podía bullir en la mente de un novelista de ficción política: Poner a trabajar juntas a las 3 fuerzas políticas históricamente irreconciliables.

Debo reconocer, además, que ni siquiera en aquella larga reunión que sostuvimos en los primeros días de septiembre de 2012, cuando recién había sido proclamado Presidente electo, tuve indicios de lo que estaba por venir. Sólo recuerdo haberle escuchado que ya tenía claro el rumbo de su administración y que estaba concentrado en los temas de inseguridad e impunidad.

Dicho de otra manera, a pesar de preciarme de conocerlo, hasta donde esto es posible, y tener la fortuna de hablar, sin cortapisas, con él de vez en vez, hoy menos que antes de ser Presidente, no me pasó por la cabeza que ya había afinado el Pacto por México, un ente histórico cuya construcción inició en Arrayanes 99, el domicilio de Aurora, hoy esposa de José Murat, a partir de la sorprendente conciliación de las 3 fuerzas políticas más importantes del país, PRI, PRD y PAN, algo que por aquel entonces se antojaba imposible y, ahora, francamente irrepetible.

Dos años después de la aprobación del Pacto en el Congreso, cuando lo políticamente correcto, cómodo y hasta valiente, es tundir a diario a Peña Nieto utilizando sus propios yerros y los de sus colaboradores, se requiere valor, honestidad intelectual y cierta vocación masoquista para reconocer públicamente (escribirlo, por ejemplo) lo que ha hecho bien, en especial ese episodio al que ni los mezquinos pueden negar su condición histórica, ante el que eventos como la invitación a Donald Trump adquieren nivel de mera anécdota por escandalosa que sea.

EL RIESGO DE SER SATANIZADO

Jonathan Tepperman, Editor gerente de Foreign Affairs (una revista norteamericana que ocupa el sexto lugar entre las 85 más importantes del mundo dedicadas a estudiar relaciones internacionales y políticas), tendrá que resignarse a recibir una madriza monumental por considerar que “el mayor éxito de Peña Nieto (El Pacto por México) fue algo que muchos gobiernos (“incluyendo el nuestro -el de Barack Obama-“) sólo pueden soñar: Romper con el estancamiento que ha paralizado su país por años”.

Cuando las noticias o las opiniones nos vienen de fuera, en especial de Estados Unidos, las recibimos como verdades absolutas, como un católico fanático lee a la Biblia o un musulmán el Corán, pero como Tepperman piensa al contrario de la opinocracia mexicana será satanizado sin misericordia.

Lo menos que le dirán será “chayotero” o miembro de la mafia del poder, como se suele calificar a quien se atreve a reconocer que más allá de errores evidentes del gobierno de Peña Nieto, existen logros que aún no alcanzan calificativo porque los mexicanos estamos a la espera de frutos que ya llegarán, como los de la Reforma Energética.

El editor gerente de Foreign Affairs recomienda a sus lectores y al gobierno norteamericano no desestimar la Presidencia de Peña Nieto; hacerlo sería “un gran error”.

El resumen de Tepperman de la construcción del Pacto por México deja sin aliento, sobre todo, porque le sorprende que el gran protagonista que en 2012 recuperó el poder sea un personaje que no parecía llamado a ser un estadista que haría historia. Su elección “no prometía una gran mejora”, dice.

Se refiere a Peña Nieto como un joven de apenas 43 años, “descendiente del mismo partido que había introducido muchos de los problemas desde el principio”, al que las mujeres le llamaban “bombón” (en realidad la frase completa que gritaban a coro era: “Peña bombón, contigo hasta el colchón”), empero, se rinde ante las evidencias: “… desestimar la Presidencia de Peña Nieto es un gran error. Los primeros dos años de mandato de este subestimado bombón están entre los más productivos en la historia de México”.

“Cuando el Congreso inició sesiones a principios de 2013, el Pacto por México (nombre por el cual se le conocería) fue declarado, hubo tregua y los partidos políticos de México dejaron de pelear y empezaron a legislar. Durante los 18 meses subsecuentes aprobaron 85 importantes reformas, con un promedio de 80 por ciento de respaldo por parte de los legisladores. No sólo resquebrajaron los monopolios de México, revigorizaron el sector petrolero, encararon a los poderosos sindicatos de maestros y renovaron las inefectivas leyes fiscales; incluso, aprobaron una ley en contra de la comida chatarra para combatir la epidemia de diabetes en México. Lo que hace a esta lista más impresionante es que muchos de los cambios tuvieron que aprobarse dos veces, primero como reformas constitucionales y, luego, como legislación”.

Es increíble que hayamos olvidado cómo estaba el país antes de que Peña Nieto tomara el poder y que Tepperman tenga que refrescarnos la memoria:

“En 2012, México era un desastre, aparentemente atrapado en un ciclo mortal de disfunción que parecía, incluso, peor que el que ocurre en Washington actualmente. El Congreso del país estaba paralizado y muchos de sus problemas estaban fuera de control. Desde 2006, la guerra contra las drogas ha cobrado 60,000 vidas. La esperanza de vida era la más baja entre las naciones de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos. La corrupción estaba drenando 10 por ciento del Producto Interno Bruto y los grandes monopolios estaban asfixiando la economía (compañías dirigidas por un sólo hombre, Carlos Slim, representaban más de un tercio de la bolsa de valores). La producción petrolera, de la cual depende un tercio del presupuesto gubernamental, había caído 25 por ciento en sólo 10 años. Las cosas estaban tan mal que, en 2008, el Pentágono advirtió que México corría el riesgo de un “colapso rápido y repentino”.

VISIONARIO Y TEMERARIO, QUIZÁ SALVÓ AL PAÍS

¿Qué hizo Peña Nieto?

“En poco tiempo logró convencer a sus más férreos enemigos políticos, y unir fuerzas con ellos, para romper con los monopolios asfixiantes, liberalizar el oxidado sector energético, reestructurar las escuelas deficientes, modernizar las leyes bancarias y mucho más. Para apreciar la magnitud de estos logros, trate de imaginar al Congreso de EU aprobando las reformas migratoria, fiscal, bancaria y de financiamiento de campañas, al mismo tiempo”.

Leyendo a Tepperman imagino a Jesús Zambrano acercándose a Peña Nieto, vía José Murat, para ofrecer colaboración, y al Presidente abalanzándose ante la “oferta”, como dice el editor gerente de Foreign Affaire.

Fue una decisión visionaria y temeraria, pero valiente, mérito no sólo de Peña Nieto, sino de todos los involucrados en construir el Pacto, en especial panistas y perredistas que, como dice Tepperman, pusieron en riesgo sus carreras políticas. “… Esa valentía apunta a la primera de las lecciones de México para el resto de nosotros: Las personas importan. Al igual que las tripas. Los negociadores del pacto compartían una capacidad inusual para hacer frente a la realidad y tratar con ella de manera responsable, dejando de lado la ideología y la doctrina partidista, con gran riesgo para sus carreras”.

Es cierto, los logros del Pacto apenas empiezan a materializarse, como lo saben los usuarios de la telefonía, y como lo resienten los profesores de la CNTE, reacios a obligaciones tan elementales como ser evaluados para ingresar, crecer y permanecer en el sistema educativo. Nadie sabe cuándo repuntarán los precios internacionales del crudo, pero el dinero del petróleo llegará tarde o temprano, esté o no Peña Nieto en el gobierno. Así son las reformas; los resultados nunca son inmediatos.

También es cierto que el gobierno ha cometido errores graves, como el mal manejo mediático y jurídico de la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, la adquisición de la llamada “casa blanca” y la invitación a Donald Trump, entre otros, pero ninguno de estos hechos en particular, ni revueltos en una coctelera con otros, opacan el legado histórico de Peña Nieto, cuya importancia nos viene a recordar Tepperman.

Un legado que para apreciar su magnitud es necesario imaginar “al Congreso de EU aprobando las reformas migratoria, fiscal, bancaria y de financiamiento de campañas, al mismo tiempo”.

Algo que Obama, por ejemplo, no soñó, siquiera, en casi 8 años de mandato y que se antoja imposible en la administración siguiente, gane Hillary Clinton o Donald Trump.

Jonathan Tepperman y Foreign Affairs se atrevieron a ofrecer su visión de aquel “bombón” cuyo triunfo en 2012 prometía poco, pero que en 2 años logró lo que Barack Obama no ha concebido, ni siquiera, en sueños, y en México, en donde los medios de comunicación suelen dar volumen a todo lo que nos llega del extranjero, en especial si es negativo y lo publica el Washington Post, en su mayoría hicieron vacío a quien se atrevió a escribir que es posible que Peña Nieto haya salvado al país, a pesar de sus escándalos.

En efecto, es posible que Peña Nieto haya salvado a México.