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“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

El secreto de AMLO para no tener sueño

¿En plena Transformación volverá a tener vigencia el apotegma de los priistas impuntuales: ‘Tarde, pero sin sueño’?

Por Juan Bustillos

Sin proponérselo, Alfonso Durazo reveló, en una entrevista oportuna a Jannet López Ponce, el máximo anhelo de los más conspicuos miembros del gabinete del Presidente López Obrador: “Tener unos minutos, durante el transcurso del día, para dormir y, ya siendo exigentes, un espacio para leer un poco”.

Habrá a quien le parezca un tema frívolo, pero se equivocará porque la frase ni siquiera se puede atribuir a Perogrullo.

Conozco, de los viejos tiempos, a buena parte del primer círculo de Andrés Manuel –con algunos hasta trato reciente he tenido— y los he visto y escuchado afectados del mismo mal que aqueja al secretario de Seguridad, según confesó a Milenio: Con sueño crónico.

Pero, además, se quejan no por el ritmo impuesto por su jefe, sino porque no pasa lo mismo con algunos del resto del gabinete, que sólo sufren desvelos cuando son invitados a la mañanera, pero que, además, no hacen su trabajo, obligando a otros a hacerlo por ellos.

En realidad no es secreto de Estado; basta con ver a algunos en la conferencia de prensa mañanera para percatarse de que están a punto del bostezo o de quedarse dormidos, en especial quienes participan en las reuniones del gabinete de seguridad, como los secretarios de Gobernación, de la Defensa Nacional y Marina, el consejero Jurídico y, desde luego, el responsable de Seguridad.

A simple vista es evidente que ninguno es tabasqueño ni tiene las prácticas propias de los nacidos en El Edén, pero, además, no gozan de las ventajas de ser Presidente, es decir, echarse la siesta ancestral y programar la hora de finalizar las labores conforme a sus necesidades físicas.

¿Cómo podrían Olga Sánchez Cordero, Cresencio Sandoval, José Rafael Ojeda y Durazo retirarse a sus aposentos a temprana hora si las tareas que les encomendaron no saben de horarios?

¿Cómo podría dormir temprano Julio Scherer si él sólo es una especie de Pacto por México, dado que el frenesí reformador legislativo de la Cuarta Transformación pasa por su oficina y en ella negocian todas las fuerzas involucradas?

Explica Alfonso que desde que inició el sexenio se levanta a las cuatro de la mañana, pero no dijo a qué hora se acuesta. Supongo que tarde, muy tarde, y no por echar desmadre, sino porque la inseguridad es de 24 horas y a él toca atenderla.

Y es el caso de sus compañeros de gabinete de seguridad. Quizás la más afectada sea la Secretaria de Gobernación no por razones de edad, sino de vanidad propia de su género. Si Durazo deja la cama a las 4, Sánchez Cordero debe hacerlo un poco antes.

En lenguaje de mi pueblo, el Presidente los está matando lentamente y, si mucho me apuran, hasta disminuyendo su productividad porque nadie puede rendir al ciento si realiza sus labores como sonámbulo, anhelando encontrarse con una hamaca tabasqueña en la qué reponer el sueño robado, un lujo que ellos no pueden darse.

A diferencia de Alfonso y sus compañeros de penas, el Presidente se ve fresco a todas horas; al menos en las de los eventos públicos no se nota desvelado ni cansado, sino, al contrario, como muchacho de 15 listo para retozar.

A menos que no sea humano (digamos el hijo laico auténtico de Dios, un cruzado o un iluminado, según definición de Porfirio Muñoz Ledo), algún secreto tiene; si es así, que lo comparta con sus colaboradores, pero también con los reporteros que asisten a sus conferencias mañaneras (hay quienes llegan a las cinco de la madrugada para ganar asiento en las primeras filas y ver, desesperados, que la palabra se la dan a otros) y a quienes tenemos la obligación de seguirlas día a día, de lo contrario, empezarán a registrarse las bajas o padecimientos de depresión, angustia, trastornos mentales, riesgos vasculares y quizás hasta un infarto cerebral.

O en plena Transformación volverá a tener vigencia el apotegma de los priistas impuntuales: “Tarde, pero sin sueño”.

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