“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

El misterio del vicecoordinador Eruviel Ávila

Dirán que exagero, pero si la misión de hacer ganar a Meade parece extenuante, la de imponer a Mikel sería equivalente a un milagro

Por Juan Bustillos

Debo confesar que quizá se trate de la celebración de las posadas con el laico Roberto Cruz que anda en busca de cualquier pretexto, hasta el campeonato de los Tigres, para decir salud; pero la verdad las precampañas, en realidad campañas de Andrés Manuel López Obrador, Ricardo Anaya y José Antonio Meade, me mantienen confundido.

El debate con el coordinador editorial de IMPACTO me confunde más.

Eruviel Ávila ya está en funciones de vicecoordinador de la campaña de José Antonio Meade, el precandidato del PRI a la Presidencia de la República que, como en los primeros días de la de Luis Donaldo Colosio, parece caminar sin rumbo ante los ojos de los demás, si bien él y los suyos están convencidos de que todo está bien y nada hay que temer.

El ex gobernador del Estado de México debió ser candidato presidencial o coordinador de la campaña por méritos propios, pero en cuestiones priistas, como cualquiera sabe, nada tienen que ver éstos y otros temas que ahora sabemos, son de menor importancia, pues basta con simpatizar.

En realidad, las decisiones cupulares obedecen a intereses enquistados o, en caso último, con la emergencia.

Es cierto que Eruviel no ganó las elecciones de Alfredo del Mazo en el Estado de México y que de no haber sido por los votos del Verde estaríamos hablando de la gobernadora Delfina Gómez de López Obrador; de hecho, después de Enrique Peña Nieto el priismo fue perdiendo electores en territorio mexiquense, pero también lo es que Eruviel se comportó como el “verdugo” perfecto de su antecesor que nada encontró, nada reclamó y nada hizo público.

La pérdida de electores tuvo que ver con otras cuestiones de tipo federal más que con sus actos de gobernante.

Pero más allá de sus aptitudes como operador electoral demostrada una y otra vez en escenarios tan complicados como Ecatepec, y en su trabajo como gobernador, es imprescindible remarcar su alianza con Luis Videgaray, propietario de la marca Meade, y con su estratega, Alejandra de la Sota, convertida hoy en gurú de la comunicación del candidato priista a la Presidencia de la República, como lo fue en los últimos tiempos de Felipe Calderón en la Presidencia.

La dupla Videgaray-Ávila no tiene que ver con la postulación de Alfredo del Mazo como candidato priista a gobernador mexiquense, ni con la coordinación en 2011 de la campaña de Eruviel a gobernador, sino con la alianza política de ambos personajes conspicuos en el sexenio de Peña Nieto, y en la presencia indispensable de la señora De la Sota en materia de comunicación.

¿Qué significa el abrupto arribo de Eruviel a la vicecoordinación de la campaña de Meade?

Se suponía que la misión del ex gobernador mexiquense en la Ciudad de México consistía en conseguir una buena cantidad de votos para el candidato presidencial, más allá de la suerte del candidato a jefe de Gobierno, Mikel Arriola.

Si antes del éxodo de Eruviel a la vicecoordinación de la campaña de Meade, el candidato priista a suceder a Miguel Mancera parecía no tener esperanza alguna, hoy ofrece la impresión, como diría un predicador religioso, de ser candidato a la crucifixión en las urnas electorales en espera de una redención que, si gana Meade la Presidencia, sin duda tendrá.

Dirán que exagero, pero si la misión de hacer ganar a Meade parece extenuante, la de imponer a Mikel sería equivalente a un milagro.

Pero no es por eso, es decir, que no tenga vocación de hacedor de milagros, que Eruviel abandonó la plaza y se marchó a otra que parece de mayor grado de dificultad que ganar la Ciudad de México, aunque, la verdad sea dicha, a todas luces se antoja más fácil mantener la Presidencia de la República que recuperar la capital.

Pero desde donde se le vea, el cambio de misión para Eruviel obliga a ciertas consideraciones extremas: Nuño no está dando resultados o, en todo caso, se le protege como posible candidato sustituto, o Meade no calienta, no obstante el activismo de su señora esposa, doña Juana, su aceptación de ser disfrazado como indígena chamula al estilo del más rancio priismo o a sus referencias poco laicas sobre la advención de Cristo en vísperas de Navidad.

Reconozco que todo esto tiene que ver más con el espíritu decembrino de Roberto Cruz y no con una reflexión serena, pero al final de cuentas, ¿por qué el abandono a su suerte de Mikel Arriola, si hoy tiene menos esperanzas que cuando Eruviel le pavimentaba el camino a una derrota decorosa?