“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

Lo mejor de todo es lo peor que se va a poner

*En un contexto parecido nació IMPACTO, El Diario, hace 13 años *Y no es cuestión de fatalismos, aunque permee la tristeza por algunas ausencias, sino, primordialmente por el clima hostil que se vivirá estos meses, gane quien gane el poder *Todo parece conspirar en contra, pero de nada vale echarse en un rincón a lamerse las heridas. El futuro se veía venir, estaba tan cerca que podía hasta palparse. No hay engaño

Por Juan Bustillos

Que venga el 18… No faltará el trabajo… ni el optimismo

Los deseos de buen año susurrados con amor en el oído familiar y sellados con un prolongado y fuerte abrazo en punto del final del 2017, así como el alud de mensajes de buenaventura llegados a través del teléfono móvil, amenazan con quedar sólo en eso, buenos deseos. El 2018 parece venir peor.

No es cuestión de fatalismo; alejado unos días de la tecla, en reflexión sobre los acontecimientos del año anterior, platicando con protagonistas de la política, leyendo a los colegas que no tuvieron la suerte de tomar vacaciones, con conocimiento pleno del entorno propio y recibiendo noticias dolorosas, sólo queda la percepción de que lo mejor de todo es lo peor que se va a poner, como diría “El Meme” Garza en parodia segura al filósofo de Güemes.

Mi amigos me dirán que el pesimismo con que empiezo el año tiene que ver con la notoria ausencia de Agustín Baena en IMPACTO; sin duda, nada será igual sin su bien ensayado mal carácter y sus ocurrencias pesadas con cualquiera que se le pusiera enfrente, aún con quien fue su amigo durante 43 años y, aunque algunos de estos trabajó a mi lado, nunca fui su jefe.

Es cierto, lo primero que Francisco me hace notar al llegar a la oficina es la pecera; Agustín se distraía dando de comer a los pececillos y viendo televisión durante horas o durmiendo ante el monitor que sólo descansaba cuando cerraba la oficina.

Pero los recuerdos no son causa de pesimismo o fatalismo, sino de tristeza por su ausencia.

Quien no pise sobre el suelo real que “Puga” abandonó correrá el riesgo de marearse y perder el rumbo. Pareciera que en este contexto, la única consigna válida es “sálvese quien pueda” y que algunos ya andan en eso desde endenantes.

Y no se trata de que el porvenir tenga que ver únicamente con quien vaya a ganar o perder las elecciones el primer día de julio y de cómo reaccione quien, creyendo tener asegurado el triunfo, no lo consiga.

La elección es fundamental en este país, pero al final sólo es un elemento más del cocktail pesimista (por fortuna no hay sexenio que dure más de seis años y las protestas por fraudes electorales ciertos o mentirosos terminan por morir de inanición o, peor aún, con violencia, pero terminan), sino con el resto de ingredientes que, si alguien pretende iniciar la segunda semana del año con amargura, puede encontrar en la montaña de textos periodísticos que dejó de leer mientras duraban las vacaciones y las fiestas.

Lo aconsejable no es acudir a la información para contagiarse de pesimismo, sino sacudir las páginas de los diarios para desechar lo escrito como propaganda de campaña presidencial, y rescatar los elementos preocupantes que no admiten discusión; están a la vista de cualquiera. Sólo así podrá adoptar la actitud adecuada para enfrentar los malos tiempos.

¡QUE VENGA EL MIURA!

Todos dependemos de todos, pero en psicología barata o rima bellísima, cada cual es arquitecto de su propio destino, y en función de eso habrá que rascar presente y futuro con las propias uñas. No es tarea fácil, nunca lo ha sido, pero es verdad de vida.

Haciendo de lado el pesimismo personal causado por hechos de vaticinio imposible, ocurridos en los últimos días de 2017 y primeros de 2018, queda la verdad de Perogrullo: lo que no hagas por ti nadie vendrá a hacerlo.

Nos disponemos a hacerlo.

El próximo miércoles se cumplirán 13 años de que IMPACTO, La Revista, parió a IMPACTO, El Diario. El contexto no era tan diferente, si bien los precios del crudo andaban por las nubes y Javier Hinojosa tenía a Cantarell produciendo a marchas forzadas.

Iniciamos en un clima hostil, similar al que viviremos en meses gane quien gane el poder; la diferencia es que lo haremos casi sin amigos, aún ganando el PRI.

Contra lo que alguien pudiera suponer, ese es el clima en que mejor nos sabemos mover; el amistoso suele ser limitante, no del todo, pero limitante al fin.

Un queridísimo y valeroso amigo con problemas de vida y libertad que pueden cimbrar al sistema político mexicano me envió de inicio de año una fotografía que muestra a un matador de rodillas con el capote extendido sobre la arena frente la puerta de toriles esperando al Miura a porta gayola.

“Que venga ese 2018…”, dice la fotografía. Leo la foto e imagino a mi amigo dirigiendo con una mano el trapo sobre su hombro intentando engañar al toro. Si la suerte sale bien y el animal no sale deslumbrado del encierro, se tragará el engaño y el matador se llevará una ovación; no obstante, la suerte es peligrosa, igual que, sobra decirlo, todo en la vida.

La imagen ilustra el ánimo con que debemos recibir este año que se antoja difícil. Todo parece conspirar en contra, pero de nada vale echarse en un rincón a lamerse las heridas. El futuro se veía venir, estaba tan cerca que podía hasta palparse. No hay engaño.

Parece diferente a otros años, pero no es así; si acaso tiene sus matices que lo hacen un tanto especial.

De rodillas frente a la puerta de toriles esperamos la embestida; que venga el Miura, ya el tiempo dirá si somos capaces de afarolar el trapo a larga cambiada para iniciar la faena.

Por lo pronto nos disponemos a celebrar en familia los primeros 13 años de IMPACTO, El Diario, al igual que en 2006 conmemoramos el primer aniversario en un clima político ominoso. Todo presagiaba lo que vino, confrontación, rupturas, intentos de desestabilización y de evitar la toma de posesión del Presidente electo, pero el país y con él nuestro periódico se impusieron a las adversidades, y henos aquí listos para iniciar un año más al lado de IMPACTO, la Revista, que se acerca a la edad perfecta, 69 años.

Por optimismo y trabajo no quedará, el resto de factores no están bajo nuestro control, pero año tras año ha ocurrido así y aquí seguimos.