“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

Meade debe analizar su equipo

Milagro que no esté tan lejos de los punteros como parece y que ellos mismos lo vean competitivo por más que los estrategas de Morena y del PAN, así como cualquier antipriísta, estén obligados a mantener la especie de que no despega

Por Juan Bustillos

enero 30, 2018

Sólo un necio (o un militante) se atrevería a negar que José Antonio Meade se encuentra abajo de Andrés Manuel López Obrador y Ricardo Anaya en las encuestas que miden conocimiento y preferencias electorales.

No podría ser de otra manera si se toma en cuenta que López Obrador está en su tercera campaña presidencial (tiene18 años de pedir el voto) y que tanto él como Anaya aprovecharon lagunas en la ley y la complacencia de Lorenzo Córdova, del INE, para anticipar sus campañas con millones de spots que debieron utilizarse para promover a sus partidos.

Meade arrancó tarde y apenas un poco arriba del pronóstico de Enrique Peña de que con el uno por ciento en las encuestas se puede competir por la Presidencia, pero además con la popularidad del mandatario en caída, cargando con el desprestigio de la corruptelas de ex gobernadores priístas, el daño ocasionado al PRI por los pleitos de las figuras más conspicuas del gabinete presidencial, el enojo real o supuesto de otros aspirantes a la candidatura, el disgusto de la militancia porque no lo consideran suyo, el atrevimiento de Luis Videgaray de adelantar el destape y un equipo sin oficio, salvo contadas excepciones, en la lucha por el poder en el campo de batalla.

En estas condiciones es un milagro que no esté tan lejos de los punteros como parece y que ellos mismos lo vean competitivo por más que los estrategas de Morena y del PAN, así como cualquier antipriísta, estén obligados a mantener la especie de que Meade no despega.

El precandidato priísta sabe que su misión no se reduce a participar de manera testimonial en una batalla en la que el PRI se juega el poder y el Presidente y muchos de sus colaboradores, incluido el secretario de Relaciones Exteriores, la tranquilidad de saber que cuentan, al menos, con un amigo en Los Pinos porque es un hecho que con Ricardo y Andrés Manuel todo podrán esperar, menos vivir sin sobresaltos.

Se trata de ganar-ganar, no de la manera que sea, pero en esta guerra no hay lugar para quienes, en su afán de justificar su derrota, acudan a cualquier expediente, como Roberto Madrazo, que habló de traición, menos de sus propias culpas.

El triunfo de Vicente Fox se justificó, como se empieza hacer ahora, en el hartazgo nacional del priísmo priísta, pero jamás se reconoció que el guanajuatense fue un gran candidato, tanto que robó la candidatura al PAN y que Francisco Labastida no fue competitivo ni cuando el panista lo insultó en el debate poniendo en entredicho su hombría. Para colmo de males, a algún genio se le ocurrió difundir spots con Juan Gabriel entonando aquella tonadilla pegajosa de que “ni Temo ni Chente….”.

Como es de costumbre, López Obrador lleva una gran ventaja tanto a José Antonio como a Ricardo, pero también la tuvo contra Felipe Calderón y perdió con el auxilio de la “mafia del poder” o sin él, pero perdió. Peña Nieto parecía inalcanzable y el día de las elecciones sólo pudo mantener el 7 por ciento del 30 con que empezó.

No hay razón para que Meade no ingrese al rango de competencia antes del inicio formal de las campañas.

¿Cómo? Ni idea; sólo él sabrá qué hacer. Por lo pronto, sus encuentros con Manlio Fabio Beltrones y Miguel Osorio Chong son buena señal, pero no suficiente.

Quizás el mal esté en su equipo, pero eso sólo lo puede saber él