“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

Javier Corral para presidente

El gobernador de Chihuahua está ganado la guerra, por lo menos la mediática, al gobierno, al precandidato del PRI a la Presidencia, José Antonio Meade, y al del PAN, Ricardo Anaya… Parece increíble, pero Corral los tiene acorralados. Al menos esa es la impresión

Por Juan Bustillos

Indiscutible, Javier Corral está ganado la guerra, por lo menos la mediática, al gobierno, al precandidato del PRI a la Presidencia, José Antonio Meade, y al del PAN, Ricardo Anaya.

El gobernador chihuahuense ha fincado en la mente de la opinión pública que su antecesor, César Duarte, es tan corrupto como su tocayo veracruzano de apellido, Javier; que usó dinero para triangularlo al PRI; que la Secretaría de Hacienda le regatea recursos con la intención de parar su lucha anticorrupción, y con su caravana para tomar la Ciudad de México como Andrés Manuel López Obrador cuando lo hacía a sueldo de Manuel Camacho, se ha convertido en el líder político que no era semanas atrás.

Hasta hoy que el procurador interino Alberto Elías Beltrán, que durante su gestión como subprocurador de Asuntos Internacionales y de Derecho poco o nada hizo para traer a Duarte de su escondrijo en Estados Unidos, sus objetivos sólo eran Televisa y Felipe Calderón; a este último llamó cobarde, en respuesta al mismo calificativo que el entonces Presidente le endosó en una reunión a la que él no asistió. Hoy su mirada está mucho más allá que conseguir justicia para su entidad.

A nadie se le ha ocurrido medir el impacto de su activismo en la opinión pública, pero su beligerancia, con o sin fundamento o con apenas el mínimo de elementos para movilizarse, lo mantiene a diario en los mejores espacios de la prensa escrita y la electrónica y en las redes sociales, porque su discurso y activismo supera en mucho a los precandidatos presidenciales, incluido el de su partido, el PAN.

Ya le hicieron la pregunta obligada, si le gustaría ser candidato, y respondió como Perogrullo sobre tiempos y esas cosas, pero si nos remitimos a los debates de cuando enfrentaba a Ricardo Anaya por el liderazgo nacional del PAN, su opinión sobre él no difiere de la que tiene por César Duarte. Es decir, no le haría el feo si le propusieran desplazarlo, dado que su campaña no avanza por más que las encuestas digan otra cosa.

La campaña del 2018 le está sirviendo de plataforma de lanzamiento para el 2024 (feliz él que puede planear tan a largo plazo), pero por ahora tiene asegurada la Secretaría de Gobernación en caso de que Anaya se imponga a José Antonio Meade y a López Obrador.

Mientras tanto ¿qué hacen quienes deberían nulificar su activismo y el impacto de su discurso?

El secretario de Gobernación, Alfonso Navarrete, ha logrado suavizar su discurso sobre el gobierno federal y lo ha colocado en contexto advirtiéndole que no hay cambalache de votos por justicia, pero el de Hacienda, José Antonio González Anaya, no consigue resolver el tema del supuesto regateo de recursos a Chihuahua. De hecho, la cantidad exigida en principio se ha incrementado en 200 millones de pesos.

La única estrategia que medio funciona es la denuncia del ex secretario general adjunto del CEN del PRI, Alejandro Gutiérrez, en el sentido de que podría morir esté en donde esté, en un penal de Chihuahua o de Ciudad Juárez, o en cualquier otro, pero Corral insiste en que no lo cambiará de prisión.

Parece una acusación sacada de la manga de último momento porque si a alguien interesa la seguridad del ex secretario general adjunto del PRI es precisamente a Corral. Nada podría hacer más daño a su causa si Gutiérrez sufriera un “accidente”.

Pero fuera de esto, nada lo detiene, incluso ha puesto bajo sospecha de colaboracionismo a los gobernadores panistas de Puebla, Antonio Gali, Veracruz, Miguel Ángel Yunes, y de Querétaro, Francisco Domínguez, por no recibir el mismo trato de la Federación que Chihuahua.

Desechando su negativa a contender desde hoy por la Presidencia, pues no hay tiempo para que la alianza PAN-PRD-MC cambiara de candidato, es indudable que Corral está arrasando a Anaya y, si éste gana, eventualmente lo tendrá como un tumor en las nalgas o necesariamente tendrá que deshacer de él como lo hizo con Gustavo Madero. La convivencia sería insufrible para el queretano.

Negar que pretenda desplazar a Anaya, quizá sólo sea una estrategia personal desmentida por los hechos, pero sin duda es una venganza justificada del segundo de a bordo en Chihuahua, Gustavo Madero, a quien Anaya se cansó de traicionar para ocupar su lugar y utilizar su oficina de trampolín para obtener la candidatura.

Recuerdo haber tomado la fotografía de Madero y Corral en el lugar menos pensado, un expendio de té en Polanco, planeando, imagino, la toma de Chihuahua para contar con el mejor de los reductos ante el agandallamiento de Anaya que aprovechó la ingenuidad del entonces jefe nacional del panismo.

Si no fue en ese encuentro, en otros similares nació la alianza que ahora los mantiene unidos en campaña aprovechando lo poco o mucho que tengan en contra del gobierno federal y del PRI, pero también la débil respuesta que han obtenido ante la obviedad de su estrategia.

Parece increíble, pero Corral los tiene acorralados. Al menos esa es la impresión.