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“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

La ejemplar lección de La Huacana

¿Será que, en el futuro, soldados y policías portarán flores, bolsas con palomitas, despensas, juguetes y ejemplares de la Biblia para enfrentar a los criminales?

Por Juan Bustillos

Con el lisonjero argumento de que el Ejército Mexicano demostró en La Huacana michoacana que sabe respetar los derechos humanos se intenta tapar el hecho de fondo: El crimen organizado está más envalentonado que nunca y tiene la seguridad de que puede actuar con impunidad porque la Guardia Nacional y las fuerzas armadas, la que sea, tienen instrucciones de no ir más allá del amor y paz oficial.
Van a cumplirse seis meses del final de la guerra contra el crimen organizado, al menos en los términos que la declararon los gobiernos anteriores a la Cuarta Transformación, y el crimen organizado la interpretó de la única manera que podría entender: Hay carta libre.
Sería saludable que el entorno del Presidente López Obrador atendiera el sentir castrense ante lo ocurrido, en La Huacana, a soldados que sufrieron la afrenta de ser desarmados y arrinconados, y fueron obligados a cumplir las órdenes de quienes los mantuvieron secuestrados hasta que sus superiores devolvieron las armas incautadas, entre ellas un fusil Barrett, capaz de derribar helicópteros de la Fuerza Aérea, como ya ocurrió, al menos en una ocasión, en Jalisco.
Una cosa es el discurso en la plaza pública, o el monólogo en el púlpito mañanero, y otra lo que ocurre en buena parte del territorio nacional a causa de que las fuerzas federales y, en consecuencia, las estatales y municipales no pueden dejar de atender la consigna del final de la guerra.
En las fuerzas federales cunde el desánimo. No imaginan cuál habría sido la reacción de su comandante supremo si alguno de los soldados acorralados y vejados en La Huacana hubiese reaccionado como lo que son en un escenario ominoso, como el mostrado en los videos difundidos por los medios tradicionales y las redes sociales.
Un disparo, por nervios o en defensa propia, habría sido suficiente para provocar una catástrofe en la que los militares habrían sido los culpables y no sus agresores, que usaron de escudo a niños, ancianos y mujeres.
El Presidente López Obrador felicitó a los soldados por su reacción: “Fue muy responsable su actitud, muy digna, muy valiente, porque lo que es una cobardía es abusar de nuestros semejantes; todo mi apoyo y respaldo a los soldados, los marinos; los soldados son pueblo uniformado… van a mantener siempre una actitud prudente porque están conscientes de que se deben de respetar los derechos humanos y que a nadie se le debe privar de la vida”.
Es un discurso que en apariencia no tiene réplica, sólo en el discurso, porque en la vida real, y ojalá y no ocurra, llegará un momento en que algún militar o policía no sea tan “responsable… digno… y valiente”, como los que aceptaron ser desarmados y vejados, antes que reaccionar como la fuerza a la que se le ha encargado velar por la seguridad de mexicanos que no son criminales ni se dejan utilizar por estos.
López Obrador supone que lo ocurrido en La Huacana no restará autoridad a las fuerzas armadas, pero quizás sería saludable que platicase un poco con el general secretario Cresencio Sandoval para enterarse que la clase militar no comparte su optimismo.
En esto debe reflexionar el comandante de la Guardia Nacional, general Luis Rodríguez Bucio, que, aún en proceso de retiro, asumió ya el mando de la Policía Federal.
¿Qué harán sus hombres (policías federales, militares y marinos) si llegan a protagonizar episodios como el de La Huacana? ¿También se dejarán desarmar y secuestrar?
Y ¿sus superiores atenderán la demanda de los secuestradores de regresarles armamento, como fusiles Barrett, para liberarlos?
No imagino al general Bucio ordenando disparar sobre la multitud, pero tampoco felicitando a sus hombres por dejarse humillar, como ocurrió en La Huacana.
¿Será que, en el futuro, soldados y policías portarán flores, bolsas con palomitas, despensas, juguetes y ejemplares de la Biblia para enfrentar a los criminales?

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