“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

De pena ajena el espía que seguía a Anaya

Como sea, escandaloso y toda la cosa, no es para sorprenderse que un ciudadano de su importancia sea objeto de seguimiento por el Cisen

Por Juan Bustillos

La sopa está servida para los expertos en conspiraciones; hoy habrá jaleo en las columnas políticas.

Podríamos eternizarnos en el debate sobre si el Estado tiene o no obligación de estar atento a sus ciudadanos importantes, como desde hace tiempo lo es Ricardo Anaya, pero sería perder el tiempo de manera lastimosa. Quien pretenda entrar a esta discusión, nada filosófica, mejor haría en leer, o releer, la biografía de “El Genio tenebroso”, Fouché, de Stefan Zwaig.

Desde luego que todo Estado tiene obligación de estar atento a los movimientos de sus ciudadanos eminentes, entendiéndose esto por destacados, nada más. Por esta razón, nuestros prohombres han abandonado a Telcel aprovechando la promesa de WhatsApp de que nadie los escuchará de extremo a extremo si usan su sistema telefónico o el destructor de mensajes de texto de Telegram.

El candidato presidencial de la alianza PAN-PRD-MC tuvo la viveza de advertir que lo seguía, o lo espiaba, uno de los más torpes agentes del Cisen que Alberto Bazbaz o algún subordinado suyo escogió para estar atento a sus movimientos; tan torpe e ingenuo, por no decir otra cosa, que al ser descubierto no tuvo empacho en decir, entre risas nerviosas, su nombre, en dónde trabaja y qué misión le asignaron; sólo le faltó sacar su credencial para identificarse.

El suceso, denunciado por Anaya en su tuit, ocurrió en días anteriores, pero si hemos de creerle (y no hay razón para no hacerlo, a menos que mienta al decir que ayer lo siguieron otros que, a diferencia del primero, no se identificaron) fue usado con inteligencia por el candidato de la alianza panista, perredista y de Movimiento Ciudadano para hacer campaña en fechas en las que la ley se lo prohíbe.

Por lo menos extraño, sino sospechoso, es que Anaya difundiera el suceso anterior y no el que dice le ocurrió ayer; quizás porque en el más reciente no reaccionó con la prestancia del primero y quienes dice que lo espiaban tripulando un “Tiida” no fueron tan colaboracionistas como el de la camioneta para darle sus nombres; tampoco él o sus acompañantes tuvieron la precaución de grabar el encuentro, a menos que mañana difunda el segundo capítulo de esta serie, digna de Netflix.

Como sea, escandaloso y toda la cosa, no es para sorprenderse que un ciudadano de la importancia de Anaya sea objeto de seguimiento por el Cisen, y no necesariamente para espiarlo, sino para que, por aquello de las dudas, no amanezcamos con una amarga sorpresa que conmueva al país.

Lo curioso es que el candidato del PAN, PRD y MC se rasgue las vestiduras porque entiende de estos asuntos mejor que nadie; si mucho me apuran, más que Andrés Manuel López Obrador, que se queja de lo mismo sólo porque Raymundo Riva Palacio publicó sobre sus hijos lo que es de dominio popular, y, sin duda, más que José Antonio Meade, al que horroriza el juego sucio.

Anaya fue secretario particular del ex gobernador de Querétaro Francisco Garrido y con seguridad debió ordenar o, por lo menos, estuvo al tanto de seguimientos similares, por ejemplo, de lo que ocurría en el fraccionamiento “El Campanario”, en la capital de aquella entidad.

Inexplicable sí que Bazbaz, que se supone experto en este tipo de asuntos, escogiera a alguien tan torpe o ingenuo como el espía sin espuelas al que con gallardía enfrentó Anaya.

Da pena ajena mirarlo reaccionar en el video, bien logrado por el candidato y su equipo. Si todos los espías oficiales son tan eficientes como él, entendemos por qué el gobierno es, por lo general, el último en enterarse de lo que ocurre en el país.

Por lo demás, cualquiera que se dedica a la cosa pública sabe de la necesidad de acostumbrarse a vivir bajo vigilancia no sólo del gobierno, sino de cualquiera que tenga unos pesos para adquirir el equipo necesario, disponible en cualquier lado, para estar informados; si no lo consigue terminará por enloquecer.

No peco de cinismo, pero en este juego todos espían y, en alguna medida, todos nos beneficiamos. Basta con estar pendientes de las redes sociales; sobran videos y audios telefónicos para convertirlos en noticia.

Recordemos la charla telefónica de Josefina Vázquez Mota, con Agustín Torres, refiriéndose a Alejandra Sota (hoy al servicio de Meade), que, según la candidata presidencial panista en 2012,  la mantenía bajo espionaje en complicidad con el entonces secretario de Seguridad Pública, Genaro García Luna.

Por cierto, quizás sea mera coincidencia que Anaya usara casi las mismas palabras en la queja de Josefina.

“En lugar de perseguir delincuentes, espían opositores”, dijo Anaya.

“Un saludo cariñoso para Genaro García Luna, que nos graba en lugar de grabar a ‘El Chapo’. Y un saludo muy amoroso a Alejandra Sota, que filtra nuestras llamadas telefónicas. Pinche Sota”, se quejó Josefina.