“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

González Fernández, a limpiar la cara al PRI

No faltará quien le exija resultados desde hoy, y muchos, amén de que los investigados se sentirán ofendidos y le echarán el carro encima

Por Juan Bustillos

marzo 9, 2018

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De milagro, a José Antonio González Fernández no le tocó cargar con la derrota histórica de Francisco Labastida porque en noviembre de 1999 lo relevó Dulce María Sauri Riancho en la presidencia del PRI, pero antes de irse tuvo oportunidad de entregar a don Fernando Gutiérrez Barrios el trabajo de arbitrar las “únicas” elecciones primarias de un candidato presidencial de su partido.

José Antonio Meade lo sacó de su despacho de abogado para confiarle la Comisión Nacional de Ética Partidaria, cuya misión será vigilar la conducta de los militantes priístas, incluyendo a quienes se desempeñan en la administración pública y al propio Meade, si llega a ser Presidente.

Imagino que también al Presidente Peña Nieto y a sus colaboradores que sean priístas.

Por ahora, al margen de su vigilancia está Meade, y muy probablemente lo seguirá estando, a menos que se afilie al partido, pues las facultades de González Fernández se constriñen a los militantes y el candidato sólo es simpatizante; de nada deberán preocuparse Rosario Robles y muchos servidores públicos que tampoco son priístas.

Su misión será entregar a la Comisión de Justicia Partidaria lo que encuentre.

Será una tarea titánica porque, aún en las condiciones que se encuentra, el PRI tiene la mayor cantidad de militantes, muchos de los cuales están en las administraciones públicas federal, estatales y municipales, y en los congresos locales y federales.

También impopular porque la opinión pública ha sido convencida de que la militancia priísta nada en un mar de corrupción del que pocos salen sin mancharse.

En otras palabras, no faltará quien le exija resultados desde hoy, y muchos, amén de que los investigados se sentirán ofendidos y le echarán el carro encima.

Para su fortuna, sus funciones empiezan de cero, razón por la que, como explicó, no se ocupará de ex gobernadores como Rodrigo Medina o César Duarte, es decir, no correrá el riesgo de convertirse en estatua de sal, como Edith, la mujer de Lot, pues no tendrá que mirar hacia atrás.

Habrá pocos que entiendan el por qué de estas salvedades, pero supongo que sus facultades no son retroactivas, aunque la Comisión fue creada por la asamblea nacional priísta desde agosto de 2017.

Por ahora, tampoco investigará a quienes integran las listas de candidatos a todos los puestos de elección popular en disputa, si bien actuará de oficio si hay denuncias.

Está por demás decir que a González Fernández le sobrará trabajo y que deberá echar mano de su capacidad, probada cuando estuvo en el gobierno y el PRI, pero también en la Procuraduría de Justicia del Distrito Federal.

Si se recuerda, fue quien desentrañó el misterio del esqueleto del consuegro de la vidente Francisca Zúñiga con el que Antonio Lozano Gracia y Pablo Chapa Bezanilla intentaron inculpar a Raúl Salinas del asesinato de Manuel Muños Rocha, supuesto coautor intelectual de la ejecución de José Francisco Ruiz Massieu.

Aquella investigación forense exitosa causó el rompimiento del PAN con el gobierno de Ernesto Zedillo por la salida de Lozano Gracia de la PGR.

Está por demás decir que Meade hizo una magnífica adquisición; ahora sólo falta que le den libertad para actuar y no sucumba ante los intereses creados en el PRI y en los gobiernos federal y estatales, algunos superiores, sin duda, a su influencia y el deseo de Meade de limpiar la cara al partido en el poder.