“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

Peña Nieto hizo el retrato hablado de su sucesor

José Antonio Meade necesita, con urgencia, presentarse ante los electores como el personaje que delineó el titular del Ejecutivo

El Presidente Peña Nieto no pronunció el nombre de su candidato presidencial porque Lorenzo Córdova (dispuesto a lo que sea por emular a José Woldenberg y no defraudar a su padre, el finado Arnaldo Córdova, que siempre apoyó a Andrés Manuel López Obrador) le sacaría “tarjeta amarilla”, pero al enumerar las cualidades de quien debería ser su sucesor se refirió a “honradez, experiencia, honorabilidad y confianza, y garantía”; evidentemente, se refería al candidato del PRI.

Todas las cualidades enlistadas por Peña Nieto tienen un hombre único en la contienda presidencial: José Antonio Meade.

Sin duda se refirió a él; de otra manera, Meade no sería el candidato del PRI, es decir, el del Presidente, más allá de madruguetes tipo Luis Videgaray.

Tiene razón Peña Nieto, pero ¿cómo hacer para que Meade sea Presidente si las encuestas públicas dicen que el candidato priísta viaja en tercer lugar, en contra de las que el PRI guarda con celo, y sólo usa para toma de decisiones, que hablan de que el segundo lugar ya es suyo, pues la campaña sobre supuestas corruptelas de Ricardo Anaya ya empezó a producir dividendos?

Ayer, con la orden del INE a la PGR de dejar de molestar con boletines y difusión de videos a Anaya, el gobierno y el PRI sufrieron un serio revés en su lucha contra el candidato del Frente integrado por tres partidos políticos: PAN, PRD y MC.

Muy probablemente los estrategas gubernamentales y priístas no contaban con este giro inesperado del INE protegiendo la honra de Anaya, que, bien aconsejado por Diego Fernández de Cevallos, acudió a la SIEDO a entregar un escrito dirigido al procurador

Alberto Elías Beltrán; los operadores gubernamentales y de Meade cayeron en la trampa y difundieron un video no ilegal, pero que tuvo el efecto de victimizar al candidato panista, experto en estos menesteres.

Para decirlo de otra manera, Anaya no tuvo que esforzarse, pues sus enemigos se le pusieron de a pechito y hoy viaja por el mundo exhibiéndose como lo que no es, un perseguido político, porque si hemos de creer a la PGR se le investiga por supuestos delitos concretos.

Como sea, conforme a los documentos más secretos del PRI, Meade ha logrado superar en las encuestas a Anaya, lo que resulta un tanto difícil de creer, si bien se mantiene todavía alejado de Andrés Manuel López Obrador, pero no por mucho, como semanas atrás.

Como no soy encuestador, ni IMPACTO financia encuestas, debo creer a quienes dicen que Meade camina en tercer lugar, pero de igual manera a las pagadas del PRI, que dicen que ya está en segundo (mismas que añaden que el desprestigio que persigue al candidato del PAN ha ayudado también al de Morena).

Peña Nieto tiene razón. De todos los aspirantes, incluidos los independientes (Margarita Zavala, Armando Rios Piter y Jaime Rodríguez), Meade es quien conjuga “honradez, experiencia, honorabilidad y confianza, y garantía”.

La pregunta, sin embargo, sigue siendo ¿cómo hacerlo ganar? No tengo duda, no obstante que nada me une a él, estoy convencido que sería el mejor Presidente.

Sin embargo, es consenso que le han fabricado un personaje (los malquerientes de Alejandra Sota lo adjudican a ella) que no corresponde al verdadero Meade, es decir, el José Antonio auténtico no es el que dice que “México es chingón”, que él es el “mero mero matraquero”, que Anaya es un “niño copión” y, entre mucho más, que “debate a todo dar”, etcétera.

Entonces, ¿quién es el candidato del PRI?

El retrato hablado que ayer hizo Peña Nieto no corresponde al que hacen pronunciar frases que empiezan a volverse cliché, muy al estilo de las de López Obrador.

Falta poco para el inicio formal de la batalla y Meade necesita, con urgencia, presentarse ante los electores como el personaje que retrató Peña Nieto, como el que es, el que obligó al PRI a postular a un simpatizante sin mancha y sin sospecha.

Si persiste en mantenerse en la anécdota periodística, sus contrincantes le ganarán la partida porque a ellos, el lugar común se les da con naturalidad, pero un chistoso o bravucón, un lépero de barrio o un amenazador con soltar al “tigre”, no es lo que necesita el país.