“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

García Harfuch y honrarás a tu padre y abuelo

Inentendible que la Cuarta Transformación se dé el lujo de dejar ir a los pocos que realmente toman en serio su trabajo

Por Juan Bustillos

Cuando el miércoles 29 de mayo platicaba con uno de los verdaderamente cercanos al Presidente López Obrador sobre la dimisión de Omar García Harfuch a la dirección de la Agencia de Investigación Criminal, de la que ningún periodista estaba enterado, recordé a su abuelo, el general Marcelino García Barragán.

Ya en retiro, en Autlán, en el meritito Jalisco, cuando su visitante creía que estaba a punto de escuchar la verdad sobre un episodio histórico, de los considerados como secreto de Estado, el gran militar agarraba con cierta energía el pelo de la nunca de su interlocutor y preguntaba:

-¿Mijo, sabe guardar un secreto?

Con disimulada emoción, creyendo estar a punto de recibir una confidencia de un hombre de la estatura histórica del secretario de la Defensa Nacional de Gustavo Díaz Ordaz, el visitante de don Marcelino contestaba que seguro que sí, que cómo no, mi General.

Sin soltar el pelo, la mano apretaba un poco más hasta hacerse casi insoportable, lo que en origen parecía una caricia amistosa, pero entonces se escuchaba el vozarrón del mando militar más digno y respetado que nuestra generación haya escuchado:

-“¡Yo también, cabrón!”.

Y por eso fue que la renuncia de García Harfuch a la AIC permaneció en secreto hasta este lunes. Yo también, cabrón, sé guardar un secreto revelado en la cúpula de la Cuarta Transformación, ahí en donde sólo los nuevos iniciados creen tener cabida.

También recordé a su padre, el hombre que mantuvo la seguridad nacional del país por décadas y que no fue Presidente de México sólo porque José López Portillo creyó encontrarle el defecto de no saber de economía.

Si tiene fundamento la dicotomía de la historia, según Andrés Manuel López Obrador, en esa decisión dataría el inicio del neoliberalismo. El candidato debió ser don Javier.

Pero el tema es otro.

Quizás el ahora director de la Comisión Federal de Electricidad, Manuel Bartlett, recuerde cuando, en representación del candidato presidencial del PRI, se presentó en la oficina del líder nacional a informarle que Miguel de la Madrid le pedía dos o tres posiciones en el Comité Nacional del partido en el poder.

Don Javier García Paniagua dejó sin capacidad de respuesta a Bartlett con una frase que sólo los hombres como él se atreverían a pronunciar en momentos en que el poder cambiaba de manos:

-“¡Todas son suyas, incluida la mía!”.

Y, dicho y hecho, don Javier se marchó del PRI a despachar en la Secretaría del Trabajo. En realidad lo hacía, casi de madrugada, desde el vapor de la Santa María, que a esas horas sólo abrían para él.

No hay remedio; así se estilan las cosas en la familia García.

Sin el apoyo de nadie, sin mencionar de quién era nieto e hijo, y en contra de la voluntad familiar, García Harfuch ingresó a la Policía Federal y, paso a paso, fue escalando posiciones hasta que Raúl Cervantes le confío, en noviembre de 2016, la dirección de la Agencia de Investigación Criminal, pero el último día de mayo pasado, fiel a la naturaleza familiar, se marchó en silencio con una marca de resultados difícil de igualar en detenciones de capos del narcotráfico, defraudadores, secuestradores, violadores, corruptos de los tiempos más recientes, etcétera.

El problema ahora es para la Fiscalía General de la República, que difícilmente encontrará quién haga el trabajo que él hacía, y de la manera como lo hacía, muy en especial en un contexto en el que el gobierno de Donald Trump exige resultados aquí y ahora en dos materias, la inmigración centroamericana, pero también en el combate al narcotráfico, que tiene su negocio último en Estado Unidos.

Con tantos frentes abiertos no se entiende que la Cuarta Transformación se dé el lujo de dejar ir a los pocos que realmente toman en serio su trabajo, poniendo por delante el amor al país, que le viene de la sangre que le corre por las venas, la de dos de los más grandes mexicanos de nuestra historia reciente, a los que honró en cada uno de sus actos, incluso al marcharse en silencio de la AIC, como en su momento lo hicieron su abuelo y su padre.