“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

Paulo Díez, el ‘Napito’ de Ricardo Anaya

Antecedentes de abogado debieron encender los focos amarillos en el Frente por México a la hora de incorporarlo como candidato a diputado por la quinta circunscripción plurinominal

Por Juan Bustillos

De unos meses a la fecha, desde que se anunció la venta de la empresa OHL México a un fondo de inversión australiano denominado IFM Investors, el abogado Paulo Díez ha relanzado, por cuanto medio se lo permite y en las redes sociales, la campaña de desprestigio que mantiene, desde hace cuatro años, contra la empresa española, sin importarle que su conducta como enemigo de la inversión extranjera en el país vaya a afectar, en el corto plazo, la campaña presidencial de Ricardo Anaya.

Anaya, de por sí, no es bien visto por los inversionistas y empresarios luego de conocerse que incursionó en el mundo de los negocios conformando empresas “pantalla” y una estrategia financiera similar a la que utilizan quienes se dedican al lavado de dinero.

Ahora, cuando en campaña busca, con desesperación, diferenciarse de Andrés Manuel López Obrador mostrándose como un político dispuesto a apoyar a la iniciativa privada surge un personaje a su alrededor que le desvirtúa sus propósitos.

Vamos por partes: López Obrador dice que no conoce a Napoleón Gómez Urrutia, pero lo hace senador y le otorga fuero para que el canadiense, que dirige desde Vancouver el sindicato minero, evite comparecer ante tribunales por el caso de las acusaciones, en su contra, por el desvío de 55 millones de dólares de un Fondo de los trabajadores.

¿Es criticable la conducta de Andrés Manuel? Por supuesto, pero no es el único. Ricardo Anaya, el hombre de las bodegas de Querétaro, tiene a su propio Napoleón.

Se trata del mencionado Paulo Díez, cuyos antecedentes como un abogado dedicado, sola y exclusivamente, a mantener una campaña de desprestigio contra una empresa extranjera debieron encender los focos amarillos en el Frente por México a la hora de incorporarlo como candidato a diputado por la quinta circunscripción plurinominal.

Sobre Paulo Jenaro “Napito” Díez Gargari pesan acusaciones civiles y penales que tienen que ver con delitos que van desde el daño moral hasta el espionaje y la extorsión en contra de directivos de OHL, a quienes su jefe y socio, Pedro Topete, llegó a exigirles el pago de una cuantiosa suma de dinero a cambio de frenar los ataques.

Es el mismo caso del Napoleón original: Personajes que lo que buscan es alcanzar el fuero y lograr la impunidad en un país donde los vivales como éstos no son investigados, sino premiados con una curul.

Ricardo Anaya debe estar consciente del daño terrible que le va a ocasionar a su campaña en materia de imagen, ante los inversionistas, tener entre sus candidatos a una persona que ha lanzado toda clase de acusaciones contra la empresa OHL, sin que ninguna sola haya sido probada en tribunales. Paulo Díez sabe que hace más daño una guerrilla mediática que aportar pruebas que a la fecha no existen.

El representante legal de la empresa Infraiber mantiene, como candidato del Partido Acción Nacional, su posición de calumniar de forma permanente a OHL y, ahora, a la empresa que está adquiriendo las acciones de OHL México, el fondo australiano IFM Investors. Es decir, presenta información falsa sobre una empresa que cotiza en el mercado de valores, comete un delito bursátil penado en las leyes mexicanas, pero se escuda en la candidatura que le otorgó Ricardo Anaya.

Paulo Díez se autonombró defensor de los accionistas minoritarios de OHL México, pero éstos han llegado a la conclusión de que, con su campaña contra OHL, el candidato panista, lejos de beneficiarlos, los ha afectado económicamente, pues esos ataques han sido la principal razón del desplome del valor de las acciones que detentan en la compañía. Justo lo que no les conviene cuando IFM Investors está a punto de comprarle los títulos, pero no son los únicos a los que afectan las actividades de “Napito” Díez; el propio Ricardo Anaya va a resentir, en el sector empresarial, el daño de tener un aliado como ese porque personajes como Paulo Díez son, simplemente, impresentables.