“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

No doblan a Meade contra Peña

El candidato del PRI ya dejó claro que no conoce actos de corrupción del Presidente. No logran que lo traicione a cambio de buscar subir en las encuestas

Por Juan Bustillos

José Antonio Meade. Responde, no se dobla y no se distancia del Presidente de la República

Casi a diario, José Antonio Meade es invitado a traicionar al Presidente Peña Nieto.

La posible estrategia salvadora de su campaña, recurrentemente planteada al candidato del PRI a la Presidencia tanto en algunos sectores de su equipo como en los medios de comunicación, es poner distancia con el mandatario.

La conclusión de estrategas geniales y analistas experimentados es que el vergonzoso parricidio, es decir, pasar sobre la reputación del mandatario, redundaría en votos para su causa, suficientes para asegurarle, al menos por ahora, el segundo lugar en la contienda por la Presidencia y colocarlo en posición de acercarse al puntero.

A contrario sensu, no asestar una puñalada en la espalda al Presidente o no llevarlo a la piedra de los sacrificios señalándolo como corrupto le impedirá crecer… y ganar.

En otras palabras, para significar algo en las elecciones del 2018 y volar tan alto como quiera, Meade estaría obligado a arrojar el lastre por la borda.

¿SE EQUIVOCÓ PEÑA NIETO?

No falta mucho para saber si Enrique Peña Nieto se equivocó al confiar a Meade la misión de mantener el poder para el PRI y darle continuidad a su legado en materia de reformas fundamentales, como la educativa, energética y en telecomunicaciones.

En 7 domingos será la cita en las urnas, pero el simpatizante vestido de priista asegura que aún y cuando las encuestas lo colocan en el sótano de la contienda, apenas arriba de los candidatos independientes, puede dar la vuelta a la inevitabilidad pregonada por los encuestadores.

Ejemplos le sobran para argumentar sobre la poca fiabilidad de las encuestas. Ninguna acertó en lo que pasó en 2016, cuando el PRI no pudo ganar en siete entidades federativas, y en Costa Rica, en segunda vuelta, el candidato que inició con 20 puntos abajo del puntero le dio la vuelta y ganó con 20 puntos de diferencia.

Es decir, no todo está escrito y, luego, entonces, no necesita recurrir a medidas extremas e indignas, como traicionar al Presidente, para avanzar y, eventualmente, ganar.

Pero al margen de lo que ocurra el primer domingo de julio, está claro que Peña Nieto no se equivocó al valorar en Meade la virtud por la que tiene mayor aprecio, la lealtad, pero tampoco en otra muy especial, de la que en esta contienda presidencial sólo el candidato priista y Margarita Zavala son poseedores: Contextura moral.

En Televisa y Milenio le dieron oportunidad de deslindarse del Presidente. Casi a coro le pidieron declararlo corrupto ante millones de mexicanos que siguieron las dos entrevistas con algunos de los columnistas políticos más agresivos del periodismo nacional.

¿PEÑA ES HONESTO?

Sin preámbulos, a quemarropa, preguntaron si, a su juicio, Enrique Peña Nieto es honesto.

La pregunta habría desestabilizado a cualquiera.

Con ganas de dramatizar diría que en los estudios de televisión en donde se hizo el planteamiento, en la zona de confort de algunos miembros de la cúpula gubernamental, en los cuartos de guerra de los estrategas de todos los aspirantes a la Presidencia y en millones de hogares, los televidentes contuvieron la respiración en espera de la respuesta que catapultara al candidato priista y acabara con lo que resta de popularidad al Presidente.

No fue para tanto; si pretendían amilanarlo, Meade no pareció darse por enterado; ni siquiera se permitió un segundo para respirar, armarse de valor o pensar la respuesta. En ambas entrevistas contestó, simplemente, que trabajó como secretario de Hacienda de Peña Nieto, pero también con Felipe Calderón, y que en ambos casos le tocó ver a dos presidentes que con toda honestidad desempeñaban sus funciones.

Los periodistas se quedaron sin noticia, los periódicos sin titulares y los sinodales en los estudios de televisión sin capacidad de repregunta; los estrategas de los cuartos de guerra de los candidatos no obtuvieron la materia preciosa para la guerra sucia y los televidentes escuchamos las largas, detalladas y convincentes explicaciones del candidato priista.

Quizás sin proponérselo, Meade abonó la honestidad de Peña Nieto con información hasta hoy desestimada: A la Procuraduría General de la República y la Secretaría de Hacienda se debe la persecución contra los gobernadores priistas corruptos.

No fue la pérdida del poder del PRI en sus entidades lo que dio pie a la persecución en su contra; están en la cárcel o huyendo por delitos federales cuya investigación inició la PGR con información de Hacienda.

MEADE METIÓ A GOBERNADORES A LA CÁRCEL

“Yo fui responsable de que estuvieran en la cárcel; yo fui el que hice la investigación. Si estuvieran en la cárcel por un delito local tendrían razón ustedes, pero están en la cárcel por delito federal, donde, en la investigación, coadyuvó la Secretaría de Hacienda sin ninguna ambigüedad…”.

En Milenio se expresó con mayor puntualidad: “Y sí, hay malos políticos, corruptos, y hay que expulsarlos de la política, y nos indigna a quienes llevamos una vida entregada a hacer las cosas bien el venir a un foro como estos y que se nos quiera calificar por Borge o por Duarte…”.

La conclusión no expresada en las entrevistas de Televisa y Milenio es que si Peña Nieto fuera corrupto no habría permitido que se les persiguiera y encarcelara.

De igual manera Meade contestó cuando le preguntaron sobre la llamada “estafa maestra” que, conforme a versiones que se han convertido en verdad pública, involucran a la ahora titular de la Sedatu, Rosario Robles, y a algunos de sus ex colaboradores.

Meade, que sustituyó a Robles en la Secretaría de Desarrollo Social, dijo haber entregado toda la información que encontró a la Auditoría Superior de la Federación, que depende del Congreso, y no del Poder Ejecutivo, y que esa instancia ha actuado conforme a lo que la ley manda.

Una y otra vez le preguntaron nombres y por qué las consecuencias no han llegado a funcionarios de alto nivel. La respuesta fue irrebatible: Se denuncian hechos; no funcionarios. Y como el entrevistador se desesperaba porque no escuchaba nombres, el candidato acudió a su humor negro: “…aguanta los bisteces tantito; tranquilo hermanito, tranquilo…”.

Y la conclusión fue que la ASF es quien tiene que hacer su papel.

El candidato fue más lejos: Recordó el episodio aquel en el que un colaborador de Duarte, el veracruzano, fue sorprendido, en un vuelo privado, con 25 millones de pesos en efectivo; explicó que, en ese entonces, todas las entidades federativas acostumbraban no bancarizar (es decir, usaban efectivo) el pago a profesores, pero “cambiamos” la ley y ahora se les paga de otro modo.

El tema no encontró mayor eco.

Para decir verdad, algunos sinodales de Meade en Televisa y Milenio se comportaron más como Eloy Cavazos en sus despedidas de los ruedos, toreando al público, que buscando respuestas. Una y otra vez fueron desarmados por el candidato, que los sepultó con avalanchas de información.

CONTEXTURA MORAL

El candidato no tuvo empacho en reconocer que el gobierno peñista ha fallado, como los anteriores, en materia de seguridad. El nuevo diseño de la Secretaría de Gobernación no dio los resultados planeados. Tiene su propia propuesta.

Todo este recuento periodístico viene a cuento porque es indudable que Meade debe prepararse para el segundo debate con sus contrincantes; quizás ellos sí irán dispuestos a acorralarlo bajo el supuesto de que si consiguen que traicione a Peña perderá el apoyo del Presidente; saben que las encuestas no reflejan aun lo que el poder puede hacer por su candidato en los pocos días que faltan para la elección.

Ambos están dispuestos a ir contra el Presidente con todo. Andrés Manuel habla de perdón y promete no desencadenar una cacería de brujas, pero cualquiera sabe que se trata sólo de un discurso; por el contrario, el panista Ricardo Anaya ha dicho que lo llevará a prisión … si le prueba corrupción.

No obstante, les bastaría una palabra, sólo una, del candidato del PRI para justificar posteriores persecuciones y relanzar sus propias campañas.

Meade ya dejó claro que no conoce actos de corrupción de Peña Nieto; sus respuestas no tienen que ver sólo con su concepto de lealtad, sino con la convicción moral que le impide mentir en la vida pública y la cotidiana.

En su caso, mentir equivaldría a traicionarse a sí mismo; es indudable que preferiría declinar la candidatura que encubrir a corruptos, aún si se tratara del Presidente. Si fuera lo contrario, sus propuestas serían vacuas.

Decididamente, Peña Nieto no se equivocó con Meade.

Tal vez con el equipo con que lo rodeó.