“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

“Estuviste mejor que yo”

*Anaya felicita a Meade

*¿Cómo interpretar las palabras del candidato panista al priista? ¿Cómo simple cortesía? ¿Sorna? ¿Reconocimiento de que fue vencido?

*Ya los expertos nos dirán qué fue lo que realmente dijo Anaya a Meade; por lo pronto el candidato del PRI se fue a dormir con la impresión de que fue el ganador del debate

*Ambos exhiben a López Obrador, quien fue el gran perdedor del segundo debate presidencial

Por Juan Bustillos

Al concluir el debate de los candidatos presidenciales en Tijuana, Ricardo Anaya dio la mano a José Antonio Meade y le dijo: “Te felicito, estuviste mejor que yo”.

¿Cómo interpretar las palabras del candidato panista al priista? ¿Cómo simple cortesía? ¿Sorna? ¿Reconocimiento de que fue vencido?

Lo cierto es que, al concluir el evento, Anaya se negó a dar entrevistas.

Ya los expertos nos dirán qué fue lo que realmente dijo Anaya a Meade, por lo pronto el candidato del PRI se fue a dormir con la impresión de que fue el ganador del debate.

Pero mientras el misterio se devela, Andrés Manuel López Obrador debe tomar en serio su participación en el tercer debate, al que no está obligado a asistir, porque podría ocurrir que Meade y Anaya terminen por exhibirlo ante el electorado como experto en explotar un menú de frases que a estas alturas se han desgastado.

Pero el segundo y tercer lugar de la contienda, según las encuestas, deben saber que simultáneo al debate en Tijuana, se realizó en la Ciudad de México lo que podríamos llamar “pulsómetro” y que el resultado es el mismo del anterior: los “amlovers” reaccionan emocionalmente antes de que su ídolo conteste el cuestionamiento o la agresión.

Ni siquiera esperan a que le sean formulados, simplemente les emociona saber que es su turno al micrófono.

Contra eso no se puede. Lo aman como es y no hay manera de que el sentimiento cambie porque colocado contra la pared no acierte a contestar cuando Meade lo revela como un gran empresario político que disfruta, con su familia, de los 3 mil millones de pesos que Morena, su partido, recibe del erario nacional.

Tampoco cuando Anaya le explica que no debe presumir los 37 mil millones de dólares de inversión extranjera en la Ciudad de México cuando fue jefe de Gobierno, porque en esa cantidad que lo llena de orgullo está incluido el valor de la venta a extranjeros de bancos emblemáticos mexicanos, como Banamex y Bancomer.

Quizá en donde fallaron Meade y Anaya fue en percatarse del mayor error de López Obrador en el debate, el anuncio de Alicia Bárcenas como embajadora de México en la ONU. Pero como este asunto tiene que ver con vidas privadas aquí lo dejamos.

La pregunta obligada en cuestión de debates es quién ganó; en realidad, el perdedor fue el candidato de Morena porque no sale de lo mismo, en todo momento se refugia en la mafia del poder, el combate a la corrupción y el amor y paz. Sin embargo, nadie puede cuantificar qué tanto puede dañarlo esta derrota en las preferencias electorales.

La experiencia demuestra que ya no hay mucho que le haga daño. Lo que le digan se le resbala, incluso verdades como la de Jaime ‘El Bronco’ Rodríguez, en el sentido de que se equivoca al afirmar que en la sierra de Guerrero se debe sembrar maíz en lugar de amapola porque aquella tierra no tiene esa vocación.

 

HISTRIONISMO DE ANAYA

Para variar, se impuso el estilo histriónico de Ricardo Anaya que, intentando aprovechar la oportunidad para afianzarse en el segundo lugar, superó en actuación a ‘El Bronco’ y al propio López Obrador.

Su estilo de competidor de concurso provinciano de oratoria es más que conocido y sólo puede impresionar a quien lo escucha por primera ocasión, pero en esta oportunidad el histrionismo no le funcionó cuando López Obrador le mostró la portada de la revista Proceso que “casualmente” ayer le dedicó un largo reportaje sobre los ingresos familiares.

Tampoco cuando, para empatar el marcador por su decisión de que sus hijos estudiaran en Atlanta, reclamó a Meade que hubiese estudiado en Estados Unidos y a López Obrador que uno de sus hijos lo hiciera en España.

No obstante, el candidato del PAN puede presumir que fue el más contundente golpeador de los cuatro debatientes.

El candidato del PRI sigue siendo el de las propuestas racionales y, sin duda, el que mejor conoce los temas.

Pero para ganar los debates le falta el histrionismo de sus competidores.

Como él dice, en la soledad de la casilla el ciudadano elegirá a un presidente y no a un comediante, a un orador de plazuela o a un cómico de carpa, pero en política se requiere algo más que tener la razón.

A Meade no se le da la actuación y quizá ese sea su mayor pecado en los debates, sin embargo, hay una gran distancia entre el que debatió en Tijuana y el que aceptó la candidatura del PRI e incluso el que se enfrentó a los periodistas de Tercer Grado y de Milenio.

Ahora se atrevió hasta llamar “cínico” a Ricardo Anaya cuando éste calificó de “vergonzoso” que el candidato del PRI dijera que con Barack Obama hubo más deportación de migrantes que con Donald Trump.

Meade se le fue al cuello: “se necesita ser muy cínico” para ser presidente de la Cámara de Diputados, estar encargado de las interparlamentarias y no haber hecho algo por los migrantes.

Hasta hace unas semanas ni quién se imaginara a Meade expresándose de esa manera, aunque de vez en cuando lo hagan decir “chingón”.

Su problema es no romper el cordón umbilical que lo ata al Presidente Peña Nieto o a Luis Videgaray. Cuando hasta el Mandatario ha reconocido que el gobierno cometió error al invitar a Donald Trump a Los Pinos, él lo sigue negando.

José Antonio debe entender que no es cuestión de lealtades, sino de realidad. Si la mayoría de los mexicanos consideran que aquella invitación fue un error mayúsculo y el anfitrión lo ha aceptado, no hay por qué defender lo indefendible.

La percepción del equipo del candidato priista es que ganó el debate; así es desde el lado de las propuestas y del conocimiento de los temas, pero, insisto, López Obrador, Anaya y “El Bronco” son expertos en manejarse en el escenario.

Sólo queda una oportunidad, en junio, de enfrentar de nueva cuenta a sus competidores; en esa ocasión tal vez ya no esté López Obrador porque, sintiéndose ganador, es probable que decida no asistir, pues tiene más que perder que ganar.

En ese tercer y último debate, el enfrentamiento será con Anaya, quien sin duda llevará más cartulinas y costales para impresionar a los millones de mexicanos que estaremos ante los aparatos de televisión y las computadoras.

‘El Bronco’ sólo le pondrá sal y pimienta al evento; es probable que hasta lleve un machete para explicar cómo mochará manos.

Meade se resiste a echar mano de cuestiones melodramáticas, pero tendrá que hacerlo para que lo mejor que tiene, las propuestas y su honestidad a prueba de todo, impacten a quienes iremos a las urnas