“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

¿Qué es esa cosita que concedimos a Trump a cambio de aranceles?

Imperativo que el Presidente Andrés Manuel López Obrador y Marcelo Ebrard digan a los mexicanos qué as guarda el inquilino de la Casa Blanca bajo la manga

Por Juan Bustillos

Donald Trump es un provocador irredento y un aguafiestas insoportable, como ya lo habrán comprobado el Presidente López Obrador y su secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, con la insinuación de que en las negociaciones sobre los aranceles le concedimos más de lo que en Tijuana fue informado al pueblo de México.
Creo que Andrés Manuel y Marcelo Ebrard aman a nuestro país y que, como decía Enrique Peña Nieto, no despiertan pensando cómo fregar a México.
Dicho esto, no dudo que hicieron lo mejor que pudieron en las negociaciones con Trump sobre los aranceles que, de no existir arreglo, entrarían este lunes en vigor, metiéndonos en una crisis económica de severas consecuencias, como reconocieron el mandatario y su colaborador.
El sábado hubo fiesta en Tijuana. Andrés Manuel y Marcelo no ocultaron su felicidad; las mejores fotografías los muestra riendo como los viejos camaradas que son desde que el tabasqueño ayudaba a Manuel Camacho a impresionar a Carlos Salinas con sus dotes negociadoras, siempre con Ebrard coordinando la logística.
A López Obrador lo conozco nada, si bien lo he seguido en discursos, declaraciones periodísticas y encabezando movimientos sociales y políticos, a lo largo de casi toda su carrera, desde que sucumbía, una y otra vez, ante Roberto Madrazo; a Marcelo a partir de que Elba Esther Gordillo me lo presentó como “la última reserva de la Revolución” y nos topamos en la sucesión presidencial de 1994.
Ambos saben que los respeto y que fui de los primeros en hablar de unidad en torno al Presidente ante la agresión artera de Trump.
Creo que Andrés Manuel tiene derecho a gozar el momento histórico que vive, e incluso a preparar las condiciones que le permitan, si no mantenerse él en el poder (algo que ha rechazado públicamente, aunque siempre le quedará el recurso de justificarse diciendo que el pueblo fue a la puerta de su casa a implorarle sacrificarse un tiempo más), convertirse, por un largo tiempo, en una especie de jefe máximo de la Cuarta Transformación, como Plutarco Elías Calles lo fue en su momento de la Revolución, si bien éste usó recursos violentos.
De igual manera, Marcelo está gozando, más que el triunfo incuestionable en las negociaciones, el haber mostrado que en ese grupo Montessori que nos gobierna, es de los pocos con visión de Estado, a grado que ya se soltó una cargada a su favor para el futuro.
Por cierto, el sábado, en Tijuana, el padre Alejandro Solalinde, por decisión propia o complaciendo peticiones, intentó equilibrar el marcador “ventaneando” a Claudia Sheinbaum con su profecía de que el próximo mandatario será mujer.
Pero no hay fiesta que dure.
Donald Trump amaneció el domingo, de nueva cuenta, en su papel de villano y reveló que pronto nos platicará sobre “algunas cosas que no se mencionaron en el comunicado de prensa de ayer (el de las negociaciones de los aranceles), una en particular. Eso se anunciará en el momento adecuado”.
Dicho de otro modo, ni López Obrador ni Ebrard dijeron en Tijuana el total de las negociaciones con Trump y su equipo.
Es obligado preguntar qué son esas “algunas cosas”, en especial “una en particular”, que el Presidente norteamericano revelará en “el momento adecuado”.
Es imperativo que esta mañana, en la conferencia de prensa mañanera, si no lo ha hecho ya en alguno de sus eventos por el norte del país, el Presidente y Ebrard digan a los mexicanos qué as guarda Trump bajo la manga.
Es decir, ¿qué más le concedimos a cambio de no aplicarnos los aranceles crecientes del 5 al 25 por ciento?
Andrés Manuel y Marcelo saben que esta insinuación del mandatario norteamericano tiene la aviesa intención de quedar bien con su electorado y colocarlos a ellos en duda ante los mexicanos que refrendaron la unidad en torno a su Presidente, al menos en el discurso.
Saben también lo contraproducente de no salir al paso, de inmediato, a las suspicacias porque si Trump no miente, en lo personal preferiría que mi Presidente le agite el puño en la frontera, con las consecuencias que se nos pudieran venir encima, que mirarlo extendiéndole la mano franca en señal de amistad que es correspondida de manera bajuna, sembrando la sospecha.