“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

En las puertas… del infierno

Si lo revelado por Juan Barreiro en el audio-video es cierto, la PGR debe hacer su trabajo sin temor a ser acusada de actuar de manera facciosa en el proceso electoral

Por Juan Bustillos

Resulta ocioso preguntarse o indagar el origen o la intención del audio-video que muestra a un Juan Barreiro urgido de una cachetada, la que se usa para callar a quien con una zanahoria agitada frente a sus ojos es convencido de hablar.

Y es que, impelido por su apetito de hacer negocio, no alcanzó a percatarse de que las preguntas de los “empresarios” con quienes platica los pormenores de la forma como Ricardo Anaya y su hermano Manuel habrían conseguido dinero “para la campaña” forman parte de un guión elaborado para que revele la trama corrupta queretana, de cuya existencia parece ya no haber duda, pues los lavadores de dinero están confesos, el chofer de Manuel Barreiro entregó la bodega eje del lavado de dinero, Juan Barreiro habla de cómo se opera el lavatorio y sólo falta que uno de los dos hermanos comparezca ante el Ministerio Púbico.

Desde luego, la difusión del documento audiovisual tiene la intención no de aniquilar al candidato del PAN, PRD y MC, sino de, camino al tercer debate, bajarlo del segundo lugar en la carrera presidencial, en donde lo mantienen las encuestas, a pesar de que las elaboradas para su consumo interno lo tienen empatado con José Antonio Meade y a sólo 10 puntos de quien encabeza la carrera.

El “golpe bajo” asestado en su contra, como los recibidos por Meade y Andrés Manuel López Obrador, no son noticia en una campaña presidencial, sino lugar común; en consecuencia, resulta ridículo que haya quienes se escandalizan o rasgan las vestiduras cuando si tuvieran materiales como el de Juan Barreiro que probaran o insinuaran corrupción de parte de Meade o de López Obrador los difundirían con entusiasmo y satisfacción.

Sí lo es, en cambio, que uno de los Barreiro, Manuel o Juan, ya se quebró y está listo para negociar lo que sabe a cambio de beneficios penales en el problema en que está metido.

Si esto es cierto, el procurador Alberto Elías Beltrán debe hacer su trabajo sin temor a la consabida acusación de actuar de manera facciosa entrometiéndose en el proceso electoral.

De hecho, con lo que hay en el audio-video en circulación ya debía haber citado a los aludidos por el hablantín queretano, incluido a él.

EL PROCURADOR DEBE ACTUAR DE OFICIO

La pregunta obligada a partir de la tarde-noche del jueves es si el segundo de los Barreiro dice la verdad sobre las presuntas acciones del candidato Ricardo Anaya, en presunta complicidad con su hermano Manuel, para obtener dinero (80 millones de pesos) para la campaña presidencial (“se acercó por dinero en cuanto a unas bodegas… se hizo algo para hacerle llegar dinero… nosotros lo vamos a poner; te hace un crédito; tú me lo vas a ir pagando… se va a incrementar el valor que tú tienes y, a la hora que lo vendas, te vas a ganar 80 millones …) y, en todo caso, si quienes estuvieran dispuestos a invertir en su aventura electoral, aún a última hora (porque, como muy orondo dice don Juan, “nunca es tarde”), tendrían las puertas abiertas del cielo para hacer lo que les viniera en gana a partir del primer día de diciembre próximo, conforme a sus palabras.

Es obligada porque de no mentir el segundo de los 3 hermanos Barreiro, el candidato de Por México al Frente ya no estaría haciendo campaña ni alistándose para ir con todo sobre Meade en el debate del martes próximo y contra el presidente Enrique Peña Nieto a partir del primer día diciembre, sino declarando ante el Ministerio Público de la Federación por lavado de dinero, al menos, y no afirmando que todo es falso y que el culpable de sus males mediáticos es el Presidente.

A pregunta de “María”, la presunta inversionista, sobre si el dinero, los 80 millones, fueron “¿para la campaña?, Juan Barreiro contestó: “Pues para la campaña, exactamente, para la campaña”.

Conforme a consultas de IMPACTO, el Ministerio Público de la Federación está obligado a actuar de oficio, y no necesariamente por denuncia, ante un asunto que todos los mexicanos conocemos, excepto el procurador, si nos atenemos a la parálisis que sufre o a su lentitud para reaccionar.

¿Y qué decir de Lorenzo Córdova y el INE?

Pero más allá de las preguntas obligadas sobre el contenido del video en el que el Barreiro de en medio embarra a Anaya en lavado de dinero y lo ofrece como mercancía fácil a supuestos interesados en invertir en su campaña para beneficiarse en el siguiente sexenio, el debate entre los estrategas electorales es otro.

La información obtenida a partir de la lengua fácil del Barreiro (a condición de que sus dichos sean verdad, y no ficción) debió ser utilizada, en las penumbras, por operadores políticos para convencer al candidato del PAN, PRD y MC de declinar, en un momento clave, a favor de Meade, y no reventarla en medios convencionales y redes sociales, como ocurrió, confiando en que el candidato del PRI y su equipo sean capaces de utilizarlo a su favor y no terminar victimizando a Anaya, y favoreciendo a Andrés Manuel López Obrador, como sucedió cuando el periódico El Universal destapó, en sucesivos reportajes, la supuesta vinculación de lavado de dinero entre el panista y el mayor de los hermanos Barreiro.

Privó la primera estrategia y, hoy, los videos con las imputaciones de Juan Barreiro y el de Ricardo Anaya culpando al Presidente Peña Nieto son tema obligado de medios de comunicación, redes sociales y sobremesas.

El candidato de Por México al Frente reaccionó, en consecuencia, al video publicado en IMPACTO (y desdeñado, inopinadamente, por otros medios impresos favorecidos por el régimen, incluso en sus portales de Internet). Culpó al Presidente Peña Nieto de todo, de la elaboración y difusión del material audiovisual; amenazó, una vez más, con encarcelarlo si, cuando él sea presidente y lo investigue, le encuentra delito, y, temiendo no sé qué, lo responsabilizó de su seguridad personal y la de su familia.

En consonancia con él reaccionaron algunas otras figuras señeras del PAN que lo apoyan, como Diego Fernández de Cevallos y hasta Vicente Fox, que ya no milita en el panismo y que un día apoya la candidatura de Meade y otro la de Anaya; también Miguel Mancera y otras figuras conspicuas del Frente.

LAS PUERTAS DEL CIELO ¿O QUÉ OTRAS?

Pero más allá de la muy entendible reacción de Ricardo, de sus sospechas y amenazas, lo importante es saber si el segundo de los Barreiro dijo la verdad o mintió a los “inversionistas” que con la zanahoria de un gran negocio le aflojaron la lengua siguiendo un guión elaborado para involucrar al candidato presidencial en lo que podría ameritar persecución penal.

Si el procurador Elías Beltrán permanece paralizado, como hasta hoy, Anaya tendrá oportunidad de aprovechar el golpe para victimizarse, como lo ha hecho, o protegerse con la candidatura, como dice Meade que lo hace.

El Ministerio Público de la Federación conoce, supongo, sus obligaciones. Autenticar la grabación es una; buscar a Juan Barreiro es otra. Las demás son consecuencias de éstas. Mientras ni siquiera acuse recibo de lo que está en los medios, las redes sociales y en boca de los políticos, dará razón a la acusación de Anaya de que el origen del video y su difusión está en el gobierno del Presidente Peña Nieto y que forma parte de una estrategia urdida dentro de un supuesto pacto con López Obrador para obtener impunidad.

Pero que Meade y su equipo sepan o no aprovechar la oportunidad; que Peña Nieto espere a ser acusado por Anaya cuando deje el poder porque, al no incurrir en traición a la patria,  no puede ser enjuiciado, mientras ostente la banda presidencial, de elaborar o difundir videos, y que el tiempo pruebe si hay pacto de impunidad entre Morena y el PRI, lo único que importa saber es si Juan Barreiro miente, si él o su hermano es quien ya se quebró y está dispuesto a pactar, y si el procurador Elías Beltrán está dispuesto a hacer su trabajo.

Lo demás son juegos de artificio propios de toda campaña presidencial, en la que, con el ventilador prendido, el lodo salpica incluso a los que creen haber corrido a tiempo.

Mientras tanto, quedan las prevenciones de Juan Barreiro, que, está por demás decirlo, no siguió:

“Lo que me preocupaba un poco es, quiero pensar que es para ambos lados, era saber en dónde estaba parado, sobre todo porque hay temas que sí se deben manejar con mucha delicadeza, tanto para ustedes como para mí…”.

O como al contestar a “María”, que pregunta si le parece que “vale la pena invertir plata en la persona ésta o es muy tarde”: “Nunca es tarde para hacer las cosas”.

Y, luego, el joven Barreiro, al hablar de cómo lavar el dinero, confiesa que él “tiene cómo hacerlo, o sea, yo te digo, bueno, sabes que puedes depositarme toda la cantidad; yo lo meto a una casa … que se dedica específicamente  a eso, pero por lo que no quisiera hacerlo, y por lo que tengo que tener muchísimo cuidado ahorita, es porque nos tienen ahorita a nosotros, que no movamos cantidades para no ayudar (lo interrumpe María: ‘ustedes, tu familia… ¿porque saben que son amigos?’); sí, mi familia… la cuestión es que están revisando todo, lo que se hizo con … a través de mi hermano no estaba a nombre de mi hermano, no estaba, y, bueno, hasta que llegaron, o sea, fue pum, pum, pum, pum, hasta que llegaron con mi hermano…”.

“¿Y encontraron?”, pregunta María. “Sí, claro (contesta Juan Barreiro); dieron con él”.

El corolario es fascinante; todo está muy revisado, pero “…si queda… este candidato se nos abren las puertas del cielo, pero para lo que queramos… y, entonces, con eso nos vamos al cielo”.

Por ahora, y al margen del resultado electoral del primer domingo de julio, quién sabe qué puertas se abrirán para quién sabe quiénes.