“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

¿Cómo reaccionará Anaya ante la derrota?

Probable que en su estrategia para llegar a la Presidencia no contara con escenario que poco a poco se estrecha en torno suyo

Por Juan Bustillos

Un misterio ronda la sucesión presidencial. La reacción de Ricardo Anaya ante la derrota, si ocurre.

No es misterio cómo lo hará Andrés Manuel López Obrador. Ha dicho que si pierde por una acción fraudulenta, que para él es la única manera como podría ser derrotado, se irá a la finca, en Palenque, que sus padres le heredaron, “La Chingada”, y que nada hará para evitar que el Tigre (lo que esto sea) se desquite por él.

Como dice Roberto Cruz, el Tigre ya anunció  que pondrá su primera garra (la CNTE) en la Ciudad de México, precisamente, el primer domingo de julio, es decir, en plena elección. Así que las movilizaciones y los plantones ya están garantizados.

Con los priistas no hay misterio. Para resumir recuerdo una frase de don Pancho Galindo Ochoa cuando perdió Francisco Labastida ante Vicente Fox: “Son bien portados”.

Lo demostraron 6 años después. Manlio Fabio Beltrones y Emilio Gamboa ayudaron al panista Felipe Calderón a tomar posesión burlando los esfuerzos del PRD (aliado hoy del PAN) para evitarlo, incluyendo el uso de bombas lacrimógenas en la Cámara de Diputados que, por fortuna, decomisaron Carlos Navarrete y Javier Garza González.

Se da por descontado que si pierde José Antonio Meade no encabezaría ningún movimiento de resistencia u oposición porque no está hecho para estas andanzas, pero porque, en los últimos días, sus encuestas, por lo menos las que distribuye su equipo, lo alejan de Anaya y lo cercan a López Obrador. Ayer ya estaba a 9 puntos del puntero.

Derrotado, quizás se refugiará en la academia, pero como no es hombre de fortuna económica, tal vez aceptaría encabezar algún organismo oficial o la oferta de un empresario deseoso de vestirse con su prestigio.

Pero ¿y Anaya?

A quienes creen conocer su personalidad  preocupa su intolerancia al fracaso, amén de que, ya sin el blindaje de la candidatura, estaría expuesto a alguna persecución jurídica si, como aseguran en medios oficiales, hay un caso sólido en su contra.

Quienes están atentos a él lo observan nervioso y enojado, sumamente encabronado desde el último debate, y no se atreven a pronosticar una posible reacción.

De hecho, les preocupa aún más que López Obrador, y no necesariamente porque pretendiera encabezar un movimiento de resistencia o tenga a su Tigre encerrado en la jaula.

En  tanto, el candidato panista juega con sus números. Calcula que, aún derrotado, su poder será del tamaño que lo tuvieron los priistas cuando fueron oposición. Sus cuentas le dicen que dominará las dos cámaras del Congreso y tendrá una gran cantidad de gobernadores, amén del control del PAN.

Sus observadores piensan lo contrario; en efecto, las fracciones del Frente en el Congreso serán poderosas en cuanto permanezcan unidas, pero la deserción de los gobernadores panistas va en aumento; la mayoría ha anunciado su intención de refundar al partido en protesta a las prácticas que llevaron a Anaya a la candidatura.

Y falta aún el “Factor Calderón”, nada desdeñable, en especial por la sed de venganza del ex presidente.

La conclusión es que, durante un corto tiempo, Ricardo logró engañar a muchos (Gustavo Madero, Enrique Peña Nieto, Luis Videgaray, etcétera) porque nunca llegaron a conocerlo, a grado que hoy no saben cuál será su reacción si pierde la elección.

Por lo pronto, el defensor de Francisco López López, el chofer que se prestó para la compra-venta de la nave industrial queretana utilizada para vincular al candidato, al menos mediáticamente, en lavado de dinero, se presentó ayer en la Cámara de Senadores a entregar información sobre la operación.

Toda esa documentación, ahora en manos del presidente de la Cámara Alta, Ernesto Cordero (que por su cuenta presentó una denuncia contra Anaya con base en revelaciones de Juan Barreiro, hermano de Manuel, el otro protagonista de la trama), ya está en poder de la SEIDO.

Es probable que en la estrategia de Anaya para llegar a la Presidencia no contara con este escenario que poco a poco se estrecha en torno suyo.

Y por esto la preocupación de quienes creen conocer su perfil psicológico.