“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

AMLO no puede jugar con su seguridad

Ni siquiera él, cuya popularidad es incuestionable, puede suponer la inexistencia de desquiciados o de grupos que no han digerido, ni digerirán, su triunfo arrollador

Por Juan Bustillos

Andrés Manuel López Obrador insiste en deshacerse del Estado Mayor Presidencial, como lo prometió en campaña y reiteró después de arrasar con sus competidores. Hará bien en cumplir con una de sus muchas promesas, pero, con o sin ese cuerpo militar de elite, está obligado a garantizar su seguridad de la manera que mejor discierna porque de ella dependerá la estabilidad del país a lo largo de los 6 años de su mandato.

El presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos se llama, por ahora, Enrique Peña Nieto, y a partir del primer día de diciembre se llamará Andrés Manuel López Obrador, pero hoy, como mañana, la seguridad del mandatario es vital para la estabilidad y la gobernabilidad de un país que no merece estar en convulsión, como lo demostró el domingo pasado.

Si se trata de cumplir promesas está bien que ordene la incorporación de los oficiales y tropa del EMP y de Guardias Presidenciales al Ejército y que el próximo secretario de la Defensa Nacional los envíe a Sinaloa, Guerrero, Tamaulipas o a donde hagan falta, pero Andrés Manuel no puede darse el lujo de estar desprotegido.

Y no por razones de comodidad (digamos que le permitan desplazarse por la Ciudad de México sin los contratiempos del tráfico intenso, por ejemplo) o de austeridad, sino por seguridad.

Un presidente no puede andar por el país confiando en el supuesto de que el pueblo garantizará su seguridad o que una fuerza mayor, sea divina o no, lo mantendrá blindado.

Debe entender que su seguridad es la única garantía de que el país no entre en convulsiones políticas que nos lleven a tiempos superados. Digámoslo con claridad: Que no estando él por la irresponsabilidad de no mantenerse seguro entremos a una lucha por el poder que podría concluir en lo que nadie desea.

Si no quiere ser rehén del EMP puede suplirlo con las “Gacelas”, la Policía Bancaria, Federal o Auxiliar, etcétera, pero su obligación, mínima, con el país es que, cada mañana, los mexicanos despertemos sabiendo que en Palacio Nacional, en Los Pinos o en donde el presidente de la República decida residir, inició su jornada sin sorpresas.

Ni siquiera él, cuya popularidad es incuestionable, puede suponer la inexistencia de desquiciados o de grupos que no han digerido, ni digerirán, su triunfo arrollador. Está obligado a cuidarse porque, nunca será suficiente insistir en ello, de su seguridad dependerá la estabilidad política y social del país.

Sin duda, alguno de sus asesores encontrará la manera de hacer válida la promesa de campaña sin menoscabo de su seguridad. Él mismo ya comprobó, en la madrugada del 2 de julio, lo que puede ser una multitud descontrolada.