“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

AMLO no debe ceder ante ONGs en la Fiscalía autónoma

La PGR debe seguir siendo una dependencia del Ejecutivo, no para salvaguardar la tranquilidad de los burócratas (que, para ellos, si delinquieron, hay quien los persiga) sino para que el Estado pueda garantizar la procuración de justicia

Por Juan Bustillos –

No soy sospechoso de ser fan de Andrés Manuel López Obrador; no soy chairo, pero tampoco su enemigo, si bien he sido su crítico durante al menos los 18 años en que buscó la Presidencia, pero también cuando fue acusado por el Poder Judicial de la Federación de violar amparos de la justicia federal en favor de los propietarios del olvidado predio “El Encino”, en su época de jefe de Gobierno de la Ciudad de México.

Con ese pasado me atrevo a sugerirle hoy aquí no caer en la trampa de los organismos sociales y de los “revolucionarios” que buscan con ahínco que la Procuraduría General de la República deje de ser una dependencia del Poder Ejecutivo federal.

Espero que nadie se atreva a decir que de último momento me he convertido en un “amlover”.

No soy el único que piensa en ese sentido.

Unos días antes del destape de José Antonio Meade, el Presidente Enrique Peña Nieto platicó en uno de los patios del Palacio Nacional con algunos periodistas (este escribidor incluido) y externó su opinión muy personal sobre el tema.

Coincidía con la resistencia de AMLO, ya externada, de que la PGR no se convierta en Fiscalía autónoma.

No faltará quien me diga que la opinión contraria de Peña Nieto era para amarrarse el dedo, es decir, para no ser perseguido por un fiscal autónomo.

Absurdo.

Para perseguir burócratas que se pasaron de lanza, conforme a la expresión acuñada por el candidato presidencial triunfador, estará la figura del Fiscal Anticorrupción o del actual subprocurador especializado en la Investigación de Delitos Federales. No se necesita más.

Pero entre este funcionario y el fiscal General de la República existe un abismo.

Los norteamericanos, por ejemplo, pueden concesionar el Pentágono, pero nunca despojarán al Ejecutivo de su facultad de cobrar impuestos y procurar la justicia.

En el último caso podemos decir que una cosa es perseguir a los funcionarios ratas o, dependiendo del tamaño, canguros, que luchar contra el crimen organizado, subversivos, etcétera.

Se escuchan a toda madre los discursos de última moda de los beneficiarios de las ONGs y a quienes apenas están en el primer semestre de plastilina de Derecho disertar sobre las bondades de la PGR autónoma, pero es evidente que no tienen idea del caos que imperaría en caso de que López Obrador cediera a la presión de quienes quieren arrebatar al Ejecutivo Federal el control de la procuración de justicia.

No es casual que duerman el sueño de los justos los proyectos de dotar de autonomía a una Fiscalía General de la República como el impulsado de José Antonio Meade de despojar de la protección constitucional al presidente de la República.

En el menor de los peligros para el Estado Mexicano, ambos dejarían al mandatario a merced de quien quisiera deshacerse de él.

Para fortuna de Andrés Manuel cuenta con el control del Congreso, por ahora, pero cometería un error histórico si por estar a la altura de las modas “revolucionarias” de algunos impolutos, incluidos ciertos personajes que se le echaron sobre la espalda para regresar al poder, acepte despojarse de los instrumentos que le quedan para ejercer a cabalidad el poder.

La PGR debe seguir siendo una dependencia del Ejecutivo, no para salvaguardar la tranquilidad de los burócratas (que, para ellos, si delinquieron, hay quien los persiga), sino para que el Estado pueda garantizar la procuración de justicia.

Por fortuna, la autonomía de la Fiscalía no forma parte de las promesas de campaña.