“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

La “triada” de López Obrador

Desde ahora, el virtual Presidente Electo debe cuidarse de los oportunistas que de último momento se subieron a su carro

Por Juan Bustillos

Sin importar que aún le falten cuatro meses y medio para colocar sobre su pecho la banda presidencial, Andrés Manuel López Obrador haría mal en no poner sus barbas a remojar.

Sería lamentable desperdiciar la experiencia de quien será su antecesor y no pensar, desde hoy, lo que podría acontecerle en 2024 si su proyecto no tiene el éxito esperado.

Como es de rutina, ya empezaron las acusaciones, nada veladas, de que la derrota del PRI y de su candidato, José Antonio Meade, se debe, en exclusiva, a Enrique Peña Nieto y a una maquiavélica conspiración orquestada desde Los Pinos ¡para entregar el poder!

En el colmo del ridículo hay quien lo responsabiliza, por ejemplo, de la campaña mediática para que las encuestadoras colocaran inalcanzable, de forma permanente, a López Obrador mientras José Antonio Meade permanecía en un lejano tercer lugar, como si los sondeos de opinión del periódico Reforma, por ejemplo, por no hablar de Roy Campos y otros, pudiesen ser manipulados desde Los Pinos.

Sólo falta que se empiece a decir que escogió al peor candidato a su disposición, Meade, para facilitar, de antemano, el triunfo a López Obrador, pero que, además, operó una gigantesca maquinaria que atascó las urnas con votos a favor del candidato de Morena.

Esto le ocurre a Peña Nieto, hoy, cuando apenas han pasado dos semanas de la mayor de las debacles electorales priistas, aunque cualquiera sabe que todo empezó en el principio (como es probable que le esté ocurriendo a Andrés Manuel), en los tiempos en que se antojaba de sueño que llegaría a recuperar la Presidencia perdida por Francisco Labastida ante Vicente Fox.

Entonces habría cometido el error fundamental, el originario, a partir del cual ocurren los demás: Rodearse y confiar sólo en aquellos a quienes conocía.

LOS ‘INDISPENSABLES’

Dos círculos lo aprisionaron desde el primer día.

El conformado por Luis Videgaray, Miguel Osorio Chong y Aurelio Nuño, que luego aquí llamaríamos “Triada”.

Y otro menos visible al inicio, pero cuyo poder sigue siendo irresistible hasta hoy, encabezado por el inefable Humberto Castillejos y sus incondicionales Alfredo Castillo y Alberto Bazbaz.

Como suele ocurrir, y Andrés Manuel lo sabe, algunos de los personajes de los equipos más cercanos suelen menospreciar de manera temprana a su jefe; cuando mucho le conceden ser carismático, popular y poseedor de los recursos que le permitieron encabezarlos a ellos, que, careciendo de esos atributos, son expertos en una o varias materias.

Le pasó a Peña Nieto y él tiene a los propios, muchos; la mayoría de los más importantes son de reciente incorporación a su cruzada, tanto que han desplazado de las posiciones más relevantes a los históricos y algunos ya hasta son mencionados como prospectos para el 2024.

Algunos de los colaboradores de los candidatos que consiguen hazañas como las de Peña Nieto y López Obrador no esperan a estar instalados en el gobierno para significarse incluso sobre su jefe, sino que en plena campaña se esmeran en que los medios de comunicación y el resto del país los identifiquen como necesarios, indispensables, como los que verdaderamente saben gobernar.

Sobran episodios de la campaña de Peña Nieto que dejan en cueros a quienes no lo cuidaron lo suficiente, pues estaban ocupados en lo suyo, en crecer para merecer, desde entonces, el 2018. Por ejemplo, ya en el gobierno, Luis Videgaray permitió que el mundo creyera que él, y no su jefe, fue el inspirador y creador de las reformas estructurales que trascenderán el sexenio.

IDENTIFICAR ‘COFRADÍAS’

Con López Obrador puede pasar algo más grave.

Nadie de su equipo se esmeró en destruir la imagen de que el entonces candidato de Morena sólo es bueno para contestar con ocurrencias, echar mano de la consabida “mafia del poder”, de la lucha contra la corrupción o de cualquier otro lugar común para salir de problemas en entrevistas o debates.

Hoy mismo es evidente que mientras él va en un sentido respecto a lo prometido en campaña, algunos de quienes ya han sido develados como miembros de lo que será su gabinete matizan el discurso que ganó los votos o, francamente, caminan en contra.

La “Triada” de Peña Nieto tiene el dudoso mérito de haberlo aislado, durante largo tiempo, de sus amigos y hasta de sus más cercanos colaboradores, algunos de los cuales llegaban a ver a su jefe en los eventos públicos, pero acordaban los asuntos a su cargo con alguno de los tres conspicuos.

Los miembros de esa cofradía jugaron unidos en algunos casos, en especial para aislar a su jefe y sacudirse a quienes pudieran hacerles sombra, pero permanecieron enfrentados desde la campaña de 2012; al final, como siempre ocurre, la lucha intestina causó daños irreparables, pero, aunque uno se impuso a los otros, son responsables de la debacle en mayor o menor proporción, si bien no han tenido el valor de asumirla públicamente. Ni lo harán.

López Obrador conoce a quienes lo han rodeado de siempre y a los oportunistas de último momento que se subieron a su carro cuando estaba a leguas de distancia de sus competidores y no había duda de su triunfo; entre ellos está su “Triada”.

Su mérito consistirá en identificarlos y evitar que para anularlo en los hechos lo convenzan de agotar el sexenio haciendo lo que más le gusta, andar en campaña y recorriendo el país, una y otra vez, hasta el agotamiento, mientras ellos gobiernan y planean el 2024.