“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

¿Quién podrá aglutinar a los priistas?

Solo queda la frase acuñada por René al despedirse: como no pudimos cambiar, nos cambiaron. Es buena para discurso, pero tiene una falla: los nuevos personajes del primer nivel son priistas, en su mayoría, incluido quien los encabeza

Por Juan Bustillos

René Juárez Cisneros se marchó a encabezar la bancada del PRI en la Cámara de Diputados más débil de su historia y deja a un partido al que muchos consideran en vías de extinción.

Llegó a liderarlo cuando no podía hacer nada para rescatarlo, si acaso alcanzó a evitar que el martillo golpeara los clavos para sellar la tapa del ataúd.

Miro la fotografía que lo muestra con sus antecesores cuando los convocó para decirles que él también se convertiría en ex y me pregunto si ese grupo representa lo que le queda a un partido que, después de casi un siglo de existencia (en marzo próximo cumplirá 90 años), parece caminar paulatina e irremediablemente al final de su historia después que un meteorito llamado Morena marcó en la vida nacional, no la extinción, sino la sustitución de unos dinosaurios por otros.

Con la excepción de Manlio Fabio Beltrones, en esa mesa no había nadie que dijera algo a los priistas sobrevivientes del cataclismo del primer domingo de julio; ni siquiera Claudia Ruiz Massieu de quien se esperaba más en honor a su padre, José Francisco.

Le queda lo que dura un suspiro para intentar algo… si la dejan.

Pero más allá del cumplimiento formal de los tiempos para el verdadero cambio en el mando mediante una Asamblea, ¿hay alguien a quien realmente interese lo que pase con el partido?

A simple vista parece que no.  Me queda la impresión de que el caso PRI se está planteando como un asunto burocrático más, como muchos otros temas que exigían y no recibieron una respuesta política.

Educados en la disciplina a rajatabla (la misma que permitió modificar sin objeciones los documentos básicos para dar paso a las reformas estructurales, y los estatutos para crear la disparatada equidad de género y edad, así como destruir la militancia como requisito para obtener candidaturas), los sobrevivientes quizá estén a la espera del final del sexenio para, ya sin jefe en Los Pinos, empezar a pensar en el futuro.

Analistas y estrategas aconsejan al priismo mantener la unidad, no anticipar una guerra fratricida por los escombros que quedan y propiciar un proceso honesto de reflexión que los lleve a la conclusión de que el PRI como tal ya se acabó y que sólo le queda reinventarse en un entorno hostil.

Mantener la unidad, sí, pero en torno a qué ideología o a qué persona.

Acabar con el caudillismo fue el pretexto de Plutarco Elías Calles para fundarlo, pero la paradoja fue que dio paso a la efímera jefatura máxima.

Ahora el caudillo está enfrente, tomará el poder en 4 meses e inaugurará la jefatura máxima sin discusión, pues posee todo lo dilapidado por el PRI: el Congreso federal, los Congresos locales, las Fuerzas Armadas, la capital de la República y algunas gubernaturas, entre ellas la emblemática del Estado de México, y además colocará en todas las entidades federativas a sus representantes personales con poder por encima de los mandatarios locales.

¿Cuál sería el nuevo ideario priista? Cualquier discurso sonará a mentada de madre. Ni modo que sin morderse la lengua los nuevos paladines hablen de justicia social, de lucha contra la corrupción, etcétera.

Veo la fotografía de la mesa de René con los ex, repaso la lista de gobernadores y legisladores priistas en activo y los que inaugurarán en septiembre y, por donde se le vea, no hay mucho.

Y quien o quienes queden no deben ser mencionados porque los usufructuarios de su cercanía con la fuente del poder en el sexenio aún tienen la fuerza e influencia suficientes para acabar de triturarlos.

Por eso cuando analistas y estrategas hablan de no anticipar una guerra fratricida, se trata sólo de un buen deseo; no habrá quién la pueda evitar. Apenas pierdan jefatura vendrá el ajuste de cuentas. Es irremediable.

No pasó del todo cuando Roberto Madrazo quedó al frente porque tenía contrapesos en las entidades federativas y en el Congreso, pero hoy nada queda. Necesariamente surgirá un líder que convocará a la refundación y sería ingenuo pedirle tener piedad.

Nada fácil será reinventarse en un entorno ciertamente hostil, sobre todo porque Andrés Manuel López Obrador está rodeado de ex priistas unidos por un agravio común: perdieron la candidatura presidencial.

Alfonso Durazo la perdió viendo caer a Luis Donaldo de la peor de las maneras posibles, ejecutado a sangre fría. Marcelo Ebrard acompañó a Manuel Camacho cuando Carlos Salinas escogió a Colosio y después, al ser empujado por Ernesto Zedillo a la renuncia a su militancia priista. Esteban Moctezuma sucumbió primero ante el estilo de Zedillo de mantenerlo al margen, no obstante su condición de secretario de Gobernación, y luego con Madrazo que para él era la encarnación del maligno; Manuel Bartlett perdió la candidatura con Carlos Salinas.

Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo no están en el entorno íntimo de AMLO, pero iniciaron la debacle priista con la fundación del Frente Cardenista que luego se convirtió en PRD y más tarde en Morena.

Hay alguien más que también perdió la candidatura presidencial, pero a diferencia de los demás no se marchó. También estuvo en la mesa de René.

Apenas perdió las gubernaturas en junio de 2016, Manlio Fabio Beltrones anunció su retiro de la presidencia del PRI atrayendo el recuento de daños a su persona para no causarlo por encima de él. Fue así como perdió toda posibilidad de luchar una segunda ocasión por la candidatura presidencial.

Pero cualquiera sabía que aquellas derrotas no eran achacables a la dirigencia del PRI, sino a la lucha intestina en el gabinete presidencial, entre Luis Videgaray y Miguel Osorio Chong, y a la falta de vigilancia e inacción de ambos sobre gobernadores que por corrupción evidente merecían ser desalojados de sus oficinas y entregados a la justicia.

Nadie entendió tampoco por qué se mantuvo en su puesto a Ángel Aguirre si la desaparición de los 43 de Ayotzinapa tuvo que ver más con la autoridad guerrerense que con la federal que se indigestó con el tema.

Y desde luego, tampoco se entendió la permanencia de Osorio en la todavía super-Secretaría de Gobernación, no obstante que el crecimiento de los índices de inseguridad se lo estaban tragando. Parecía que la intención era permitir que fuese devorado para anularlo también.

Reflexión y reinvención en un contexto hostil se antojan quimeras, si el PRI no parece tener con quién y persiste en perder el tiempo esperando a que concluya noviembre para ser libre.

Sólo queda la frase acuñada por René al despedirse: como no pudimos cambiar, nos cambiaron.

Es buena para discurso, pero tiene una falla: los nuevos personajes del primer nivel son priistas, en su mayoría, incluido quien los encabeza.