“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

Un mes del meteorito que evolucionó a dinosaurios

Si hemos de creer a la ciencia, los dinosaurios del Jurásico no desaparecieron, simplemente nos siguen acompañando, pero como aves o, en algunos casos, como cocodrilos

Por Juan Bustillos

Mañana se cumplirá un mes de que al estrellarse con nuestro país un meteorito electoral tuvo la virtud de reinventar la historia inaugurando una nueva era de dinosaurios priistas.

No parece que hubiesen pasado 30 años de cuando ejemplares como Porfirio Muñoz Ledo, Manuel Bartlett y el propio Andrés Manuel López Obrador, para no mencionar a Cuauhtémoc Cárdenas y Ricardo Monreal, ya eran noticia.

En 1988, Cárdenas y su ideólogo, Muñoz Ledo, reclamaban a Bartlett haberlos hecho víctimas de fraude electoral; Monreal era el más entusiasta de los diputados priistas que animaba en la gayola de la Cámara Baja a los acarreados para gritar vivas en la proclamación de Carlos Salinas como presidente de la República.

Andrés Manuel dejó al PRI y se unió al Frente Democrático de Cuauhtémoc y Porfirio.

En aquel año, Cárdenas quiso ser presidente y Muñoz Ledo tenía la seguridad de que lo sucedería. El maestro Mario de la Cueva se lo había profetizado y Luis Echeverría le dio oxígeno más que suficiente. Les ganó Salinas, quien antes había derrotado a Bartlett en la selección interna del PRI.

Cuauhtémoc y Porfirio desertaron; Manuel fue secretario de Educación y luego gobernador de Puebla.

Marcelo Ebrard y Alfonso Durazo todavía no eran noticia por su condición de bebesaurios, pero lo serían 6 años después, en 1994, al lado de quienes disputaron la candidatura presidencial del PRI: uno con Manuel Camacho y el otro con Luis Donaldo Colosio. Al final ambos perdieron: Manuel no fue candidato; Luis Donaldo cayó asesinado en Lomas Taurinas.

Cárdenas y Porfirio perdieron una vez más la Presidencia con Ernesto Zedillo que entró de emergente.

En 1988, Andrés Manuel perdió la gubernatura de Tabasco con Salvador Neme; perdería nuevamente en 1994 con Roberto Madrazo.

El resto de la historia es más que conocido y resulta ocioso abundar.

Lo noticioso es que, a un mes de las elecciones del primer domingo de julio, aquella camada frustrada por una u otra razón, tomó por asalto el poder de manera arrolladora y democrática.

Andrés Manuel despacha casi como presidente; Porfirio ya se maneja como si dirigiera la Cámara de Diputados sin que sus compañeros legisladores voten aún; Marcelo será secretario de Relaciones Exteriores; Alfonso, de Seguridad Pública; Monreal liderará el Senado y Manuel será director de la CFE.

Entre tanto, quienes eran noticia en 1988 y los fueron en 1994 y en el resto de sexenios, han dejado de serlo; se alejaron de los reflectores o los retiraron.

Si hemos de creer a la ciencia, los dinosaurios del Jurásico no desaparecieron, simplemente nos siguen acompañando, pero como aves o, en algunos casos, como cocodrilos.

Si esto es cierto, los priistas que aún quedan por ahí tienen la posibilidad de evolucionar, aunque, también dice la ciencia, las especies de aves se están extinguiendo a velocidad mayor que otras.

Un mes después la pregunta sigue siendo válida: ¿tienen esperanza los priistas?

Por lo pronto, los que consiguieron acomodarse y los que no quisieron aprovecharse de la circunstancia para estar vigentes, parecen pasmados, paralizados, o simplemente se fueron de vacaciones de verano en espera ¿de qué?

Como si su mundo no hubiese estallado en pedazos, como si el meteorito realmente hubiese llegado del espacio y no fuese su propia creación.

Vaya, hasta quienes hablan de refundación guardan silencio mientras dinosaurios y bebesaurios sobrevivientes de 1988 ya reinan felices en este su nuevo mundo.