“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

 

Si Yunes cimbra a México puede ir a prisión

¿Qué más sensacional podrá decir de lo que ha dicho del gobernador huido de Veracruz, Javier Duarte?

¡Vaya noche! Imposible dormir pensando en lo  que Miguel Ángel Yunes dirá o exhibirá hoy para cimbrar a México, como  prometió cuando  venció a Javier Duarte, el más odiado de sus enemigos.

No creo que haya a quien Yunes odie más que a Duarte, ni siquiera a Fidel Herrera Beltrán o a Dante Delgado; incluso, supongo que obsequiará al Presidente Peña Nieto su cabeza en charola de plata en el cuarto aniversario del inicio del sexenio.

Perdí registro de cuándo conocí a Yunes; no recuerdo si fue en Teziutlán, Puebla, con sus primos Beto, Alfredo y Sarísima, cuando todos éramos unos muchachos y el mayor de ellos, cuyo nombre olvidó la flaca memoria, me vendió mis primeros pantalones de mezclilla que contrabandeaba de Brownsville o McAllen, o cuando perdió la diputación federal porque le ordenaron dejar de presentar recursos para invalidar la elección en tiempos de la candidatura de Carlos Salinas.

Lo cierto es que hemos sido amigos a distancia durante décadas, en especial cuando fue asilado en el mezzanine del edificio histórico del PRI, en la oficina de Patricio Chirinos, al lado de donde estaban todos los exiliados, como el ex secretario particular de Carlos Salinas, Bruno Kindle, y Miguel Aguirre, hijo del ex gobernador de Chihuahua, Manuel Bernardo Aguirre.

En aquellos tiempos era como hermano de Manlio Fabio Beltrones, pero su olfato político lo separó del sonorense y lo condujo al establo de Elba Esther Gordillo, sin embargo, todo esto es historia que poco o nada de valor tiene porque, del brazo de la profesora, un día apareció como funcionario clave en Seguridad Pública con Vicente Fox y más tarde en el ISSSTE con Felipe Calderón.

Es decir, abandonó al PRI derrotado para alistarse en el PAN triunfador.

Pero lo importante es su promesa de que hoy habrá un terremoto más letal que el de 1985, pues lo que dirá al tomar posesión como gobernador de Veracruz, ante el representante de Peña Nieto, Aurelio Nuño, sacudirá al país.

Todos estamos atentos a sus revelaciones porque el morbo nos corroe, pero en términos reales ¿qué más sensacional podrá decir de lo que ha dicho del gobernador huido de Veracruz, Javier Duarte?

No hay duda: Miguel Ángel se llevará los mejores tiempos y espacios de la radio, televisión y prensa escrita si hace oídos sordos a quienes le han aconsejado medirse en la enumeración de los delitos que pudo o no cometer Javier Duarte, el ex gobernador que a estas alturas ni siquiera necesita estar ante un juez para que hasta quienes no lo conocen lo declaren culpable de lo que se les ocurra.

En términos reales no tiene chiste acusar de lo que sea a Duarte si hasta el PRI lo echó a la calle y lo ha convertido en el símbolo de la corrupción contra la que lucha el líder nacional, Enrique Ochoa Reza.

Lo importante es que Yunes debe consultar con urgencia, esta mañana, a un abogado penalista porque corre el riesgo de ir a la cárcel si abre la boca de más, como esperan sus electores y la prensa, que necesita sus pruebas para cebarse en el Presidente Peña Nieto y el PRI.

Sin pruebas no puede acusar a Duarte de corrupción porque el blanco preferido de sus cañonazos, el ex gobernador, podría acusarlo, penalmente, de daño moral.

Peor aún, si para acusar a Duarte de todo tipo de delitos exhibe el cúmulo de pruebas que dice tener guardadas en una caja fuerte, corre el riesgo de ser acusado de encubridor y, además, de nulificar las pruebas.

La ley obliga a quien tiene pruebas de un ilícito a denunciarlo, so pena de incurrir en defraudación procesal.

Miguel Ángel puede, esta mañana, acusar sin pruebas, y con pura retórica, a Duarte y ser acusado de daño moral, pero si las exhibe y ratifica ante el Ministerio Público las que dice guardar desde 5 meses atrás, será culpable de encubrimiento y la autoridad podrá llamarlo a  declarar por no denunciar a  tiempo; de hecho, cometerá delito grave y no conseguirá fianza.

Hoy podrá cimbrar a México, pero no debe olvidar que, antes de huir, Duarte le dejó un regalo inestimable: No tiene fuero y en cualquiera de los 2 escenarios previsibles, menos el de mantener la boca cerrada, puede terminar preso.