“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

Juan Ángel Rivera, orgullo de Teziutlán

Reconfortante que hombre más rico de México distinga a quienes han dedicado su vida a llevar los beneficios de la ciencia a la población

Por Juan Bustillos

En tiempos en que la austeridad republicana castiga a la investigación científica mexicana resulta reconfortante que el hombre más rico de México distinga a quienes han dedicado su vida a llevar los beneficios de la ciencia a la población, como es el caso del director del Instituto Nacional de Salud Pública, el Doctor Juan Ángel Rivera Dommarco, a quien la Fundación Carlos Slim galardonó por su Trayectoria en Investigación.
Se trata de un teziuteco distinguido, como el Presidente Manuel Ávila Camacho, la primera mujer miembro de número de la Academia Mexicana de la Lengua, María del Carmen Millán, el fundador de la CTM y del PPS, Vicente Lombardo Toledano, el inmenso requinto de “Los Panchos”, Alfredo Bojalil “El Güero” Gil, y, para no meterme en terrenos del fiel cronista del Totocanapan, el Doctor Víctor Bacre, muchos otros de los que sólo añadiré a Antonio Espino, el inolvidable “Clavillazo”.
Tengo la fortuna de contar con la amistad de este gran mexicano, orgullo de Teziutlán. Les cuento:
Imposible olvidar la mañana en que el entonces secretario de Salud, José Narro, me confío en su oficina que un doctor en Nutrición llamado Juan Rivera Dommarco podría ser director del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP).
“Es una lumbrera”, me dijo, pero me advirtió que no era el único candidato a dirigir el Instituto; desde luego, él tenía su propio candidato.
El Secretario me explicó que Rivera Dommarco encabezó, entre muchos otros, los estudios que permitieron al Congreso de la Unión iniciar la ofensiva contra las bebidas azucaradas y, en consecuencia, la lucha contra la obesidad, que, por desgracia, digo yo, sólo quedó en discurso. Después de la explicación, Narro cambió el adjetivo de lumbrera a eminencia.
Le pregunté si ese doctor Rivera Dommarco podría ser el mismo que conocí, de niño, al lado de sus hermanos, Pamen, Luis y Gerardo, en Teziutlán, Puebla.
Quienes se dejan engañar por la adustez de su rostro ignoran que Pepe (“Cuatrero” para quienes como él estudiaron en la Prepa 4; yo sólo pasé por Tacubaya) posee un gran sentido del humor.
Hay muchos Juanes, me dijo (lo sabré yo, que en torno a mí hay 5), pero sería un milagro que, además, sea Rivera Dommarco.
Después de despedirme de Narro me comuniqué con otro Juan Rivera, una de las mejores personas que la vida ha colocado en mi camino (nos conocimos en el palco de la directiva del Puebla de La Franja), y le pregunté si Rivera Dommarco era el hermano de Gerardo y de “El Coyote” (por aquello de la canción que tanto le gusta a mi compadre Luis), al que yo llamaba Juanito en mis tiempos de secundaria, kínder los de él.
A su estilo, mi compa Juan Manuel me informó que Juan Ángel es el único inteligente de los Rivera, lo cual, desde luego, no es del todo cierto, no al menos del todo. Y orgulloso me recetó de memoria casi toda la impresionante historia académica y profesional de aquel Juanito a quien conocí en casa de la familia inolvidable que fundaron doña Grazietta y don Luis.
-¿Cómo lo trato?, pregunté a Juan Manuel; ¿le digo doctor Rivera o Juanito?
-Dile “Tocayo”, sugirió mi Compa muerto de risa, como siempre es posible verlo o escucharlo, aun en medio de las tormentas que amenazan arrasar con todo.
Me dio su número telefónico y días después, los tocayos estábamos comiendo y platicando de los Rivera, de Teziutlán, de los viejos amigos, inolvidables todos, y de su búsqueda de la dirección del Instituto, que merecidamente logró.
Hoy, el doctor Rivera Dommarco recibió el Premio Carlos Slim en Salud 2019 en reconocimiento al impacto de su trabajo en beneficio de la salud pública de México.
Al ser informado que recibiría el galardón, Juan Ángel recordó que:
“Desde muy pequeño me parecía inaceptable que hubiera tanta inequidad en Teziutlán, el poblado en el que nací, una pequeña y hermosa ciudad de la sierra Norte de Puebla con un número considerable de población indígena en sus alrededores. Cuando ingresé a la preparatoria tuve la oportunidad de visitar comunidades indígenas para trabajar con la gente, por ejemplo, en la introducción de agua potable en sus poblados.
“Estas experiencias, aunadas a la lectura sobre temas de inequidad social, me influyeron tanto que supe, desde entonces, que debía dedicarme a alguna profesión que contribuyera a lograr mayor equidad.
“Me empezaron a interesar la medicina y la nutrición. Finalmente decidí estudiar Nutrición (aunque a medio camino cursé dos años de Medicina, al tiempo que continuaba con la licenciatura en Nutrición) y me encantó la posibilidad de ver cómo, por medio de la medicina y la nutrición, se podían mejorar las condiciones de vida de la gente. Después tuve la gran fortuna de hacer mi internado con el Dr. Joaquín Cravioto, extraordinario médico, investigador, catedrático y académico mexicano que me recomendó cursar una maestría en Epidemiología. Así fue como inicié mi maestría en Nutrición en la Universidad de Cornell, que enfatizaba mucho la epidemiología y la salud pública en sus programas, y posteriormente, en esa misma institución, obtuve el grado de doctor en Nutrición Internacional con áreas de concentración en Epidemiología y Economía”.
Y así empezó la historia de esta eminencia, una de las varias que enorgullecen a los teziutecos, en especial a su familia y a los egresados de la Escuela Secundaria Federal Antonio Audirac.