“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

AMLO bajo chantaje de los Clouthier y la mafia del poder

Por determinarse si el próximo presidente de México cede bajo presión o si es capaz de resistir todo tipo de fuerzas

 

Por Juan Bustillos

Andrés Manuel López Obrador ya debe haber advertido que está siendo sometido a prueba tanto por la familia Clouthier como por la iniciativa privada, ésta última uno de los tantos brazos de lo que él llama la mafia del poder.

Se trata de saber si el próximo presidente de México cede bajo presión o si es capaz de resistir todo tipo de fuerzas, la de la mafia del poder o la sentimental.

La disyuntiva para salir del embrollo puede ser: Disculparse con Manuel Bartlett, a quien nominó para director de la CFE, y pedirle aguantarlo para otra oportunidad; resignarse a que Tatiana Clouthier no acepte la Subsecretaría de Gobernación, que ya tiene en la bolsa, o pedir a la descendencia de “El Maquío” que le dé un poco de margen de maniobra a manera de que en un año y meses cambie de director de la CFE.

Imposible saber si el candidato ganador de la Presidencia calculó la reacción de algunos sectores interesados sobre el nombramiento de Bartlett (políticos, periodísticos y de la iniciativa privada), pero es indudable que no platicó con la hija del “Maquío” sobre sus intenciones de colocarlo al frente de la CFE.

Algunas de las propuestas de nombramientos anunciadas por Andrés Manuel han sido recibidas sin entusiasmo, y hasta con escepticismo, pero ninguna iguala, en decibeles, a la de Bartlett.

Es natural; el ex secretario de Gobernación de Miguel de la Madrid estuvo, en su calidad de presidente de la Comisión Federal Electoral, en el centro de la elección de 1988, que perdió Cuauhtémoc Cárdenas, pero también Manuel Clouthier y Rosario Ibarra.

Manuel ha soportado, históricamente, la frase acuñada por Diego Fernández de Cevallos sobre la caída del sistema, convertida en clásica para hablar de un fraude cuya existencia nunca fue probada.

Una y otra vez se ha defendido de la acusación; lo hizo apenas con Joaquín López-Dóriga, pero 20 años después de la elección, en 2008, habló, con amplitud, sobre el tema con Martha Anaya, que recogió sus palabras en sendo libro, “1988: El año que calló el sistema”.

Su alegato es más que conocido: Como compitió con Carlos Salinas por la candidatura presidencial, De la Madrid lo mantuvo al margen del proceso electoral, y, en todo caso, aunque presidía la Comisión Federal Electoral, todo el manejo estuvo en la Cámara de Diputados, convertida en Colegio calificador de la elección, es decir, en manos de Guillermo Jiménez Morales, pero en especial de Manuel Camacho.

Como sea, lo cierto es que fue premiado, por Salinas, con la Secretaría de Educación Pública y la gubernatura de Puebla.

Pero en el escándalo sobre su promoción para director de la CFE es irrelevante si hubo fraude electoral o no en 1988; lo interesante está en saber hasta dónde López Obrador puede soportar el chantaje sentimental de Tatiana y Manuel Clouthier, y el de la iniciativa privada mexicana.

¿Puede el próximo presidente darse el lujo de romper la luna de miel que ya traía con los empresarios y ceder ante el escándalo mediático a que lo ha sometido la descendencia de Clouthier?

Como todo, la algarabía amainará conforme pasa el tiempo y no hará mella en el ánimo de Bartlett, acostumbrado a estar en medio de tormentas mayores, más aún ahora que le brotan apoyos impensados, como el de Ernesto Cordero, que ayer refirió que su colega senador de la República está sobrado de méritos para dirigir la CFE.

Como sea, lo interesante es ver cómo reacciona Andrés Manuel en estas circunstancias, cuya formación política inició en tiempos en que los priistas decían que los presidentes no actúan bajo presión.

Quizás sirva de señal la nueva posición de Manuel sobre la Reforma Energética. Como se recordará, en la tribuna del Senado se opuso y hasta se amparó en su contra, pero ayer dijo que está funcionando y que “se respetará la participación de los empresarios privados”.