“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

AMLO y la tentación del poder absoluto

Más allá de su discurso y de su vocación democrática está la realidad

Por Juan Bustillos

No tendrá que esperar mucho quien quiera comprobar si el presidente Andrés Manuel López Obrador vence o se deja vencer por la tentación absolutista.

Arranca su Presidencia electa con una promesa de difícil cumplimiento: El respeto a la división de poderes, a la que, más allá de su buena voluntad, está obligado por mandato de ley, artículo 49 de la Constitución. El supremo poder es el de la Federación y está dividido en 3, que no pueden depositarse en un individuo.

Difícil cumplimiento porque Morena tiene la mayoría simple en las dos cámaras del Congreso de la Unión y, con sus aliados más recientes, tendrá los votos necesarios para reformar la Constitución, esto sin contar que controlará los congresos locales suficientes para completar el circuito reformatorio sin obstáculos.

Por otra parte, la ex ministra Olga Sánchez Cordero, que será secretaria de Gobernación, posee una influencia irresistible en la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Para no ser injusto me abstendré de decir que los poderes Legislativo y Judicial estarán sometidos al Ejecutivo, pero López Obrador tendrá lo más cercano al poder absoluto… si es su deseo.

He leído a analistas celebrando que el próximo presidente posea tal poder que le garantice sacar adelante su proyecto de nación sin tener que recurrir a pactos como el que, empujado por Enrique Peña Nieto, el PRI construyó con el PAN y el PRD a partir de negociaciones en las que tuvo que ceder más de lo permisible.

Una de las consecuencias de esa negociación exitosa para lograr reformas que hoy están en vilo, como la educativa y la energética, fue la escandalosa derrota de los 3 partidos en julio pasado.

Más allá del discurso y de la vocación democrática de López Obrador está la realidad. A nadie conviene regresar a tiempos de poder absoluto en manos de un solo individuo.

Pero volvamos, una vez más, a la realidad: No hay duda que el Poder Legislativo será obsequioso con sus iniciativas. Todas pasarán con algunos votos en contra o la abstención, sin consecuencias, de priistas, panistas y perredistas, pero es inimaginable que los legisladores morenos y sus aliados actúen en contrario a como venga la orden de “arriba” aun cuando en privado o en conciencia se opongan.

Aunque la lideresa de Morena, Yeidckol Polevnsky, habla, al estilo zedillista, de “sana distancia” entre Morena y el gobierno (siendo presidente con licencia del partido “nunca se metió para darnos línea… creo que ahora menos”) no está en el ADN de los morenos, como no lo está en el de los priistas, oponerse en público a los deseos del jefe.

Dijo Andrés Manuel en el Trife que “en el nuevo gobierno, el Presidente de la República no tendrá palomas mensajeras ni halcones amenazantes. Ninguna autoridad encargada de impartir justicia será objeto de presiones ni de peticiones ilegítimas cuando esté trabajando en el análisis, elaboración o ejecución de sus dictámenes, y habrá absoluto respeto por sus veredictos”.

No le harán falta palomas mensajeras ni halcones amenazantes, pues sus legisladores y aliados saben que sus deseos deben ser acatados y serán incapaces de actuar en contrario.

Tampoco los necesitará en la Corte.

No hay razón para sorprenderse o escandalizarse; así ocurre en las democracias, aunque también es cierto que de vez en vez alguno se arma de valor y va al mingitorio empujado por la próstata, como Luis Felipe Bravo Mena, para no tener que votar en contra o a favor, o, simplemente, se enferma y no asiste a sesiones.

Pero más allá de toda especulación, bien recibida la promesa de que no actuará como monarca dotado de poder absoluto, hay que decirlo, por decisión popular.