“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

Scherer y Durazo, atentos a la mafia del poder jurídico

Ellos deben saber que la mancuerna Muñoz-Nieto representa el mantenimiento de la red de influencias que fue tejida por Castillejos en el Poder Judicial de la Federación, en todas las áreas de procuración de justicia y en algunos despachos bien identificados de abogados

Por Juan Bustillos

Julio Scherer y Alfonso Durazo deben estar atentos a los esfuerzos conjuntos del subprocurador especializado en Investigación de Delitos Federales, Felipe Muñoz, y del ex subprocurador para la Atención de Delitos Electorales, Santiago Nieto, para hacerse del control de la Fiscalía General de la República en el siguiente sexenio.

Es cierto que ambos personajes prestaron o están prestando inestimables servicios a la causa de Andrés Manuel López Obrador, pero el próximo consejero jurídico de la Presidencia de la República y quien fungirá como secretario de Seguridad Pública deben saber que la mano que mece la cuna es la de Humberto Castillejos, el mismo que, a tiempo, para no cargar con los problemas del actual gobierno, el 9 de junio de 2017 dejó formalmente de ser consejero jurídico del Ejecutivo Federal.

Nieto se ofreció en plena campaña electoral para entregar a López Obrador información que tuvo en sus manos cuando estuvo en la FEPADE. Fue denunciado puntualmente y el subprocurador Muñoz ni se enteró.

Nieto presume ser el asesor principalísimo del Presidente electo en materia de procuración de justicia, lo cual permite suponer que posee posibilidades de suceder a Alberto Elías Beltrán.

Apenas el martes estuvo con AMLO y al despedirse recitó de memoria los discursos del Presidente electo, ya habla inclusive de la Cuarta Transformación. Afirmó que “Hemos estado conversando cuáles son los elementos que podría tener la Ley Orgánica de la Fiscalía General de la República”.

En realidad, quien tiene posibilidades es el subprocurador Muñoz, quien en su haber cuenta con un padrino irresistible, Castillejos.

Fue Humberto quien lo recomendó con el gobernador de Colima, Ignacio Peralta, para encabezar la Procuraduría de aquella entidad. Duró apenas 8 meses porque, conforme a la versión oficial, fue invitado a trabajar en otra dependencia. Castillejos lo llevó a la SEIDO con Raúl Cervantes, un miembro más del clan del ex consejero jurídico presidencial.

En los últimos meses y como responsable de la persecución de delitos federales, manejó a su antojo casos fundamentales en espera de ver hacia dónde soplaban los vientos electorales.

Scherer y Durazo deben saber que la mancuerna Muñoz-Nieto representa el mantenimiento de la red de influencias que fue tejida por Castillejos en el Poder Judicial de la Federación, en todas las áreas de procuración de justicia y en algunos despachos bien identificados de abogados.

Hablamos de una especie de mafia del poder, pero en materia jurídica que, de permanecer, echaría al vacío el discurso de Andrés Manuel sobre corrupción e impunidad.