“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

Meade pasea por las nubes con diputados

¿Qué fue lo que distendió comparecencia si el paquete económico entregado el jueves 8 es poco defendible en la circunstancia que vive el país?

Y de pronto, hasta los diputados parecen civilizados.

Ya pasaban las 18 horas de ayer cuando José Antonio Meade intentaba abandonar el Palacio Legislativo de San Lázaro entre aplausos de  diputados; no de todos, pero fue evidente que el secretario de Hacienda concertó con legisladores de todos los partidos, azules, amarillos, rojos, verdes y, quizás, hasta morenos, para que su comparecencia fuera lo más cercano a un paseo por las nubes.

Si Luis Videgaray hubiese sido el compareciente, la olla express habría estallado y otra sería la noticia.

No se trata de hacer leña del árbol caído, que no sé qué tanto lo esté el ex secretario de Hacienda, pero con el paquete económico que defendió Meade ayer en la Cámara Baja,  Videgaray habría sido víctima de un sainete de pronóstico reservado: Mantas, tomas de la tribuna, recesos prolongados, etcétera; quizás la sesión seguiría  a estas horas.

Lo ocurrido ayer en la Cámara de Diputados sorprendió hasta a los más experimentados políticos y periodistas. ¿Qué fue lo que distendió el evento si el paquete económico entregado el jueves 8 a los diputados es poco defendible en la circunstancia que vive el país?

Meade se dio hasta el lujo de bromear con el enojo de Miguel Mancera por la pérdida del fondo  de capitalidad, una especie de compensación por lo que sufre la autoridad local con marchas y plantones con origen en otras entidades; al jefe de Gobierno de la Ciudad de México podrá no gustarle su sonrisa, pero explicó que a su mamá le parece bonita.

Más allá de la sonrisa de Meade, y de los gustos de su mamá y de Mancera, lo cierto es que pasó la prueba de los diputados; ni siquiera sufrió al defender la honradez y capacidad de  su querido amigo y antecesor, Luis Videgaray.

Da la impresión de que el estilo del nuevo secretario de Hacienda desarma a quienes lo enfrentan, incapaces de descifrar la sonrisa giocondiana con que sortea problemas como la devaluación galopante, la expectativa de bajo crecimiento económico, la huida de capitales, la paralización de inversiones  extranjeras mientras se define el futuro electoral de Estados Unidos, el preocupante porcentaje de deuda en que está apalancado el PIB, etcétera.

Ignoro si la sonrisa, el magnetismo que parece ejercer sobre sus auditorios y su capacidad de negociación para que encuentros como el de ayer no terminen en carnicería, le dé para más, por ejemplo, dotar de candidato presidencial al PRI.

Pero, por lo pronto, pese a que ha comparecido en ambas cámaras en sus cuatro advocaciones anteriores de secretario, Meade se reveló como la estrella que no lo fue ni cuando estuvo en Hacienda con Calderón.

Es probable que no haya nada nuevo en el estilo de Meade, y que lo ocurrido ayer resalte  por contraste con Videgaray, pero, lo dicho, hasta los diputados más radicales que gustan del espectáculo parecieron civilizados.