“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

El retorno de Napoleón

A considerar que acaba su vida de perseguido político, como lo catalogó Canadá, y que está listo para aportar, en la Cámara Alta, sus conocimientos en economía

 

Por Juan Bustillos

Ignoro por qué algunas cosas ocurren en 27 de agosto. Nacieron Manuel Acuña y Amado Nervo; murió el Tratado de Libre Comercio de América del Norte y México llegó a un nuevo acuerdo con Estados Unidos; Enrique Peña Nieto puso en la carrera presidencial a Aurelio Nuño y a José Antonio Meade, pero ninguno cuajó; Benito Juárez es rescatado y, si no regresa a Los Pinos, por lo menos estará en el billete de 500 pesos, y retorna Napoleón Gómez Urrutia al país para registrarse como senador de la República. Algo debe tener la fecha.

Me dirán que no es políticamente correcto manifestar que me une una larga amistad con Napoleón; es probable que no lo sea, pero ¿de cuándo acá he actuado con corrección, al menos en política?

El líder minero no buscó la candidatura a senador para regresar a México bajo la protección del fuero constitucional; si de eso se hubiera tratado no se habría presentado ayer a registrarse como senador, dado que no gozará de protección sino hasta protestar como padre de la patria. Es decir, si la PGR guarda algo en su contra, aún tiene toda esta semana para proceder.

Su caso no es comparable al de Julio César Godoy, que fue electo diputado federal teniendo una orden de aprehensión en su contra.

Es famosa la historia de cómo José Guadalupe Acosta Naranjo lo escondió en su camioneta para burlar la vigilancia de la policía y que pudiera ingresar a la Cámara de Diputados; durante cierto tiempo fue cobijado en la oficina del coordinador de los legisladores perredistas, Alejandro Encinas, y de pronto irrumpió en el salón de sesiones para estar en condiciones de protestar como diputado. Acto seguido mentó la madre a todo el mundo y, después, desapareció, hasta hoy.

Napoleón regresó sin inmunidad de tipo alguno, ni siquiera con amparo constitucional, porque, entiendo, es inocente de todo lo que le fue imputado en la era panista, razón por la cual se refugió en Canadá.

Conocí primero a su padre, Napoleón Gómez Sada, en el Senado de la República, y entablé amistad con el hijo cuando dirigía la Casa de Moneda. No lo veo desde que nos encontramos a almorzar y cenar, en familia, en la Isla Victoria, cerca de Vancouver, su residencia; un par de ocasiones lo entreviste vía telefónica para IMPACTO, para aclarar informaciones sobre la existencia de las fichas de Interpol en su contra, y no he tenido más contacto.

Celebro su regreso a México.

Nunca entendí por qué este gobierno mantuvo con él la actitud de las 2 administraciones panistas (quizás por la irresistible influencia de Germán Larrea), pero está a la vista que se equivocó, al menos desde el punto de vista jurídico.

Lo indiscutible es que nada hay que evite su regreso del exilio y su reincorporación a la vida política vía Morena y Andrés Manuel López Obrador.

Es curioso, pero en Canadá estuvo a punto de ser candidato a senador; sólo la fatalidad se lo impidió, pero, ironías de la vida, gracias a eso pudo regresar a México por la puerta grande.

Su retorno está envuelto en la polémica y a nadie debe extrañar; él mismo atiza el fuego cuando asegura que viene a combatir la corrupción, una de las acusaciones en su contra que no le pudieron probar en 3 sexenios, a partir de la tragedia en la mina 8 de Pasta de Conchos, en la que murieron 65 miembros del sindicato minero.

A partir de que obtuvo el liderazgo minero, heredado de su padre, la polémica lo acompañó a pesar de una trayectoria exitosa, de 12 años, dirigiendo la Casa de Moneda.

Polémica fue su candidatura a senador y lo será su estadía en el Senado de la República, pero lo importante es que acaba su vida de perseguido político, como lo catalogó Canadá, y está listo para aportar en la Cámara Alta sus conocimientos en economía.