“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

¿Por qué temer a priistas hoy morenistas?

Lo escrito a partir de datos duros está en las hemerotecas y nada hay que borrar

Por Juan Bustillos

Me sorprende que hubiese quienes se incomodaran por declarar mi larga amistad con Napoleón Gómez Urrutia; no me extrañó que no lo hicieran por las redes sociales porque se supone que estas son dominio de militantes de Morena, el partido que ya es dueño del poder político en México y por el que el líder minero será senador de la República.

Sorprenderá a los reclamantes que repita, hoy aquí, que también me une una larga amistad con Elba Esther Gordillo, la lideresa magisterial que recién recuperó la libertad por decisión del Poder Judicial de la Federación y que de inmediato arremetió contra la Reforma Educativa, como era de esperarse.

Pero no sólo hay sorprendidos. ¿No te preocupan las consecuencias de que algunos ex priistas sobre los que has escrito durante años rodeen a Andrés Manuel López Obrador?, me preguntó un amigo de visita en la capital, cuya mortificación es genuina.

Elba y Napoleón no son los únicos amigos y no amigos (¿por qué necesariamente enemigos?) que hice en 44 años de ejercicio periodístico, 40 de ellos reporteando política.

Tengo, al menos creo yo, sino amistad, al menos relación profesional, si bien a distancia, con algunos de los más connotados morenistas del momento: Manuel Bartlett, Alfonso Durazo, Esteban Moctezuma, Ricardo Monreal y Marcelo Ebrard, por lo menos.

Es inevitable; por motivos profesionales y generacionales me ocupé de ellos, sus jefes y amigos, por lo menos, en algunos casos, desde 1982, y como todo en la vida, en especial en política, la relación se estrecha, se enfría, queda en suspenso y hasta la lastiman reales o supuestos agravios.

Los conozco y me conocen a fondo. Nada que ocultar, ni ellos ni yo.

Traté al Bartlett de su mejor época, en Gobernación; a Durazo, al lado de Luis Donaldo Colosio; a Moctezuma como subsecretario de Educación y secretario de Gobernación; a Marcelo con Manuel Camacho y a Monreal abandonando al PRI, obligado por Ernesto Zedillo.

Es probable que quede algo de la vieja amistad con algunos de ellos; si fuera así, lo proclamaría al igual que lo he hecho con la de Elba y Napoleón, pero los nuevos tiempos son, para algunos, de cobro de facturas.

Está bien que así sea.

Y vaya que hay facturas.

Algo une a este grupo variopinto de ex priistas que rodea, en la cúpula, al presidente electo. En algún momento de su carrera política perdieron la candidatura presidencial priista por sí o al lado de sus jefes.

En otra circunstancia, es decir, de no haber existido Carlos Salinas, Manuel no habría tenido competencia priista en la sucesión de Miguel de la Madrid; Marcelo vio esfumarse la candidatura de Manuel Camacho ante Colosio y luego lo acompañó cuando abandonó el PRI; Alfonso sufrió el asesinato de Luis Donaldo; Esteban apostó todo contra Roberto Madrazo y jugó hasta perder con Francisco Labastida.

En esas, sus luchas personales, los vi de muy cerca y escribí sobre todos, como lo hice con Andrés Manuel desde su primer intento por ser presidente.

Lo escrito desde entonces, a partir de datos duros, está en las hemerotecas y nada hay que borrar.

¿Por qué razón habría de preocuparme hoy que alcanzaron el poder y se disponen a luchar juntos, o entre sí, como en los viejos tiempos, por el 2024?

En tanto sea posible, aquí seguiré escribiendo sobre ellos.