“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

Marcelo en la mira de sus pares

Sea o no su intención, ocupa un primerísimo lugar en línea de arrancadero

Por Juan Bustillos

Recuerdo que Elba Esther Gordillo me presentó a Marcelo Ebrard en un restaurante de la Zona Rosa. “Este muchacho es la última reserva de la Revolución”, me dijo. Eran los tiempos en que ambos sostenían las aspiraciones presidenciales de Manuel Camacho.

La Revolución a que se refería la profesora Gordillo dejó de existir por decreto y hace tiempo que todos dejamos de ser muchachos, pero Marcelo es, ahora, una de las reservas de la Revolución que encabeza Andrés Manuel López Obrador.

A diferencia de otros que con él integrarán el gabinete del próximo presidente, Ebrard domina la agenda sin problemas; como Midas, todo lo que toca es exitoso. Su jefe lo felicitó por la firma del acuerdo comercial con Estados Unidos (aunque no saliera en la foto del Despacho Oval de Trump) y en 2 jornadas reunió al presidente electo con embajadores de países americanos y asiáticos.

Cuando fue mencionado como futuro secretario de Relaciones Exteriores pensé que López Obrador lo alejaba de la política interior, en la que es experto, precisamente, porque sabe de sus aspiraciones (fue el brazo derecho de Manuel Camacho en la lucha contra Luis Donaldo Colosio y compitió a Andrés Manuel, en 2012, por la candidatura presidencial del PRD), y consideró que sería mejor tenerlo viajando por el mundo que metido en la grilla local.

En realidad, Marcelo es de los pocos que sólo requiere que le abran la puerta; no necesitan de una plataforma de 10 metros para lanzarse al vacío con éxito. Dominaría la agenda desde cualquier lugar, por modesto que fuera.

Es probable que resienta un poco algunas ausencias notorias de jefes de Estado en la toma de posesión porque, en el inicio de diciembre próximo, muchos mandatarios estarán ocupados en foros internacionales agendados con la debida anticipación. Sus contrincantes, que ya los tiene, aunque aún no se manifiesten, acudirán a sus columnistas para crear la percepción de que falló en la creación de un marco del tamaño de la histórica ceremonia.

Él sabe mucho de esto. Si ocurre, será sólo una anécdota más que, sin embargo, le ayudará a identificar, con mayor claridad, a quienes lo ven como obstáculo para el futuro.

Parece excesivo hablar del tema desde hoy, cuando el nuevo grupo gobernante ni siquiera toma posesión formalmente, pero más allá del discurso de la patria es primero, de sacar de la pobreza a la mayoría de la población, de erradicar a la corrupción, de iniciar la cuarta transformación de la República, de imponer la austeridad en todo el territorio burocrático, etcétera, lo que existe en el trasfondo es el futuro, que, dicho sin rodeos, se reduce a la sucesión de López Obrador.

Sea o no la intención de Marcelo, ocupa un primerísimo lugar en la línea de arrancadero; por eso es importante registrar que mientras otros de sus pares dan traspiés por aquí y por allá, él avanza con pie firme, por lo menos al día de hoy.