“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

¿Juegan trastada a Monreal?

Hoy está en la posición inmejorable de alcanzar el futuro, pero también vulnerable porque le toca validar en la Cámara Alta lo que podrían llamarse las transformaciones estructurales de Andrés Manuel López Obrador

Por Juan Bustillos

Tengo gran respeto por Ricardo Monreal; he seguido sus pasos casi desde que inició su carrera política, hasta verlo convertido en lo que es hoy, uno de los pocos que obtuvo lo que tiene, la coordinación de los senadores de Morena no por gracia de Andrés Manuel López Obrador, sino porque al jefe máximo de la cuarta restauración no le quedó de otra que reconocer su valía una vez que decidió no otorgarle la candidatura a jefe de Gobierno de la Ciudad de México.

Quizás el momento crucial de su carrera fue cuando abandonó el PRI a causa del lodo vertido contra su familia; enfrentando la adversidad fue como consiguió lo que quería, la gubernatura de Zacatecas. Hoy está en la posición inmejorable de alcanzar el futuro, pero también vulnerable porque le toca validar en la Cámara Alta lo que podrían llamarse las transformaciones estructurales de López Obrador.

Vulnerable también porque algunos de los movimientos que está obligado a realizar por lealtad y disciplina partidista responden a las obligaciones contraídas en negociaciones en niveles superiores a su jerarquía. Las consecuencias políticas y mediáticas recaen en él y otros pocos, estén o no de acuerdo en lo que les entregan para aprobar.

Se trata de temas que, de haber ocurrido en otros gobiernos, Morena, sus líderes y militantes habrían condenado en automático.

No vayamos muy lejos por ejemplos: En el pasado reciente, de Andrés Manuel para abajo, el nuevo grupo en el Poder Legislativo, y que dominará la administración federal en diciembre, se rasgó las vestiduras por la alianza del PRD y del PAN con el PRI para crear el Pacto por México y aprobar todas las reformas del Presidente Enrique Peña Nieto.

Quienes suscribieron el Pacto y los diputados y senadores que aprobaron las reformas estructurales fueron y son sepultados en epítetos.

Aquella mafia del poder cedió su lugar a otra que el martes se exhibió en el Senado gracias a los pactos fraguados, en lo oscurito, con el senagobernador chiapaneco Manuel Velasco.

No hay forma de justificar que los senadores, que por la mañana decidieron no autorizar su regreso a Chiapas a concluir su periodo de gobernador, votaran al contrario por la tarde, una vez que, casualmente, el Partido Verde, con el pretexto de la lucha contra el cáncer en niños, cedió 5 diputados para que Morena tenga mayoría en la Cámara Baja.

Nadie se asusta de las negociaciones políticas, pero si existía compromiso con Velasco por sus servicios prestados antes de las elecciones, y durante la transición, y si el Partido Verde iba a prestarse para que Morena tenga mayoría en la Cámara de Diputados, por qué nadie se preocupó de informar a los senadores morenos que Manuelito requería boleto en primera clase para ir y regresar de Chiapas.

Me resisto a creer que hubo rebelión o chamaqueada en la primera votación en el Senado. Ocurrió, en cambio, falta de coordinación del aparato político de Morena con sus operadores en el Congreso, y por eso la obligada sospecha de que la segunda votación tuvo que ver con la cesión de los 5 diputados verdes para que los asuntos de Andrés Manuel pasen sin problema por la Cámara de Diputados.

Mejor reconocer esto que insistir en el derecho de Velasco a jugar con sus paisanos, el Senado y la gubernatura.

A menos que alguien jugara una mala pasada a Monreal para ponerlo a prueba o exhibirlo, precisamente, cuando implantó la austeridad en el Senado.