“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

Momento histórico de Fernando Manzanilla

No la tendrá fácil, pero está en donde quería y en el momento oportuno

Por Juan Bustillos

Es probable que al incorporarse, de la mano de Rafael Moreno Valle, al gobierno de Melquiades Morales en Puebla, Fernando Manzanilla no imaginara que impondría una marca difícil de igual: Ser secretario general de Gobierno en la administración estatal de tres mandatarios de otros tantos partidos políticos.

Hoy lo es de Guillermo Pacheco Pulido, del PRI, como lo fue de Moreno Valle, del PAN, y lo será de Miguel Barbosa, de Morena.

Esta circunstancia lo convierte en el ejemplar más completo de la clase política poblana y, consecuentemente, lo coloca como la mejor diana para practicar tiro al blanco.

Se veía venir que Barbosa decidiera descargar en él la tarea de gobernar, pero en política no todo es previsible, en especial en Puebla, cuando la entidad atraviesa por una situación singular.

Manzanilla acompañó e impulsó la carrera de Rafael, su amigo de toda la vida, incluso cuando la fortuna política les fue adversa y tuvieron que emigrar del PRI. Se mantuvo como segundo de a bordo hasta que la vida lo obligó a seguir un derrotero diferente.

No fue casual que se incorporara a la izquierda porque su origen histórico familiar está en ese segmento de la geometría política; hoy, por propio derecho, es la figura más relevante de la política poblana, sólo después del gobernador Pacheco Pulido y del gobernador electo, Barbosa.

Le espera una tarea difícil porque la vida pública de la entidad cambió diametralmente a raíz de la muerte de la gobernadora Erika Alonso y del ex gobernador Moreno Valle, que se había convertido en el líder de facto del panismo; en las elecciones el PAN no pudo recuperar la gubernatura y el PRI fue incapaz de mantenerla a pesar de que la ocupa provisionalmente.

Para decirlo de otra manera, la gobernabilidad no será fácil por la polarización de las fuerzas, como lo mostró la baja votación y la concentración de los sufragios en las zonas urbanas y rurales de la entidad.

Pero Barbosa lo contrató para eso, para poner en práctica lo que aprendió de sus tiempos en el PRI, luego en el PAN y ahora con la figura más señera de la política poblana, Guillermo Pacheco Pulido.

Escuela política le sobra a Manzanilla como para augurarle un buen trabajo al gobernador Barbosa.

Quizás su primer trabajo –y seguramente ya está enfrascado en él— sea buscar lo que parece imposible, la reconciliación, hasta donde se pueda, de las fuerzas políticas.

El PRI anda como lo que es, huérfano, y el PAN sin líder, por la ausencia de Rafael, pero, además, sobran quienes creen que les quedaron a deber la gubernatura porque la mandataria fallecida en la caída del helicóptero militaba en su partido.

No la tendrá fácil, pero Manzanilla está en donde quería y en el momento oportuno. Tiene ahora una de esas oportunidades históricas que nadie tiene derecho a desaprovechar.