“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

Los Pinos, la gran coladera

Sorprende, por desdén sexenal a ‘periodismo ficción’, que el Presidente Enrique Peña Nieto aclarase que al concluir el sexenio no se irá al extranjero apenas termine su mandato; ya lo había dicho antes

Por Juan Bustillos

Solo puedo hablar de mi caso personal.

A lo largo de mi carrera como columnista político he sido favorecido por fuentes de Los Pinos con información “privilegiada”, como le llamaban los clásicos de cuando era joven.

En alguna ocasión, un presidente me señaló ante cierto editor que le preguntó cuál era el periodista mejor informado, lo cual no era cierto. Intrigado, preguntó a un amigo mutuo por qué la opinión del mandatario; la respuesta fue que lo veía, por lo menos, una vez al mes, lo cual tampoco era rigurosamente verdad porque aquel inquilino de Los Pinos se daba tiempo para hablar con mucha gente y, además, tenía varios conductos confiables que alimentaban a sus columnistas amigos.

Eran otros tiempos, al menos los míos.

En una sucesión priista no pude equivocarme porque la información la recibía sin intermediarios. En otra, a 2 meses del destape, un presidente me preguntó quién me dictaba las columnas para criticar a uno de los contendientes.

Más aún, después me adelantaron por teléfono la fecha; el nombre ya lo sabía; lo había deducido de aquella plática.

En estos tiempos que están por terminar no es muy diferente; el presidente también filtra a través de quien confía, si bien a cuentagotas; la cuestión es que el beneficiario o los beneficiarios suelen dejar cierta huella a propósito, por razones obvias, para significarse.

Pero al margen de lo que interesa difundir al más importante inquilino de Los Pinos, durante casi todo el sexenio, la residencia oficial fue una gigantesca coladera por cuyos agujeros escurrieron ríos de supuesta información confidencial que se desdeñó y dejó correr. Así fueron construyéndose leyendas urbanas ciertamente inverosímiles y algunas que resultaron ciertas a medias porque estaban basadas en pequeñas dosis de datos verdaderos.

La información que suelen contener las columnas políticas no son producto de investigación, sino de filtraciones ganadas a base de confianza y dependiendo, en mucho, del medio en que se publica.

El filtrador siempre tiene algún interés, ganar la confianza del periodista favorecido para, con el tiempo, utilizarlo en tareas mayores: Impulsar las propias ambiciones o deshacerse de algún compañero de trabajo o del rival en turno, por ejemplo. O presionar al jefe.

En el sexenio que está por terminar, las filtraciones atribuidas a fuentes “cercanas” a Los Pinos generalmente tuvieron como objeto de atención al Presidente Peña Nieto y a su entorno, incluida su familia.

Contra lo que se supone, identificar las huellas de los filtradores es fácil. A la víctima, digamos al mandatario, le basta sembrar en el funcionario bajo sospecha un poco de información basura y esperar su publicación. Una vez que descubre la proclividad de su gente de confianza, suya es la responsabilidad de permitir seguir haciéndolo. En algunos casos lo utiliza a su favor.

A lo largo del sexenio, algunos de los inquilinos de Los Pinos llamaron “periodismo ficción” a las historias periodísticas que tenían de protagonista al Presidente y dejaron correr las leyendas urbanas suponiendo que no lo dañarían. Se equivocaron porque las pequeñas dosis de medias verdades publicadas se convierten en absolutas con una facilidad asombrosa, sobre todo en tiempos de redes sociales.

Por ese desdén sexenal al “periodismo ficción” sorprende que, ayer, el Presidente Peña Nieto aclarase que al concluir el sexenio no se irá al extranjero apenas termine su mandato. Ya lo había dicho antes.

Hizo bien en salir al paso de la información filtrada por alguien interesado porque ya circulaba como verdad absoluta.

Habrá quien diga que no era necesario, pero se equivocará. De no hacerlo, los especuladores habrían concluido que caminará rumbo al exilio o que teme recibir el trato que sufrió alguno de sus antecesores.

Creo que no todos los rumores deben ser desmentidos, para no caer en el juego de los especuladores, pero en algunos casos es necesario hacerles frente. No hay razón para que, por amenaza o decisión propia, Peña Nieto se exilie; tampoco para temer agresiones verbales de sus gobernados.

¿Críticas? Sí, pero de estas nadie se salva, ni quien será sucesor. Y eso que aún no toma posesión.