“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

 

Justo enojo del Ejército

Cienfuegos revela que en ocasiones los soldados la piensan en los operativos porque temen ser procesados. Es en este contexto que se deben entender sus declaraciones de ayer. ¿Hay molestia? Creo que mucho más que eso, y también que el enojo es justo

 

No es novedad que las Fuerzas Armadas se quejen públicamente de falta de apoyo y comprensión en su participación en tareas que no son suyas, pero que realizan por mandato de su comandante supremo, el Presidente de la República. Concretamente, cuidar la seguridad interior; es decir, la lucha contra el crimen organizada.

Lo novedoso es que un secretario de la Defensa lo haga, como ayer lo hizo el general Salvador Cienfuegos al advertir que si la idea es que los soldados regresen a los cuarteles, él será el primero “en alzar la mano para regresar a nuestras tareas constitucionales”.

Novedoso también que fuera tan claridoso que sus palabras puedan ser interpretadas como un reclamo a los legisladores que no terminan de crear el marco que regule la actuación castrense en la lucha contra los criminales y a los grupos civiles que vigilan el respeto a los derechos humanos, pero sobre todo a la Secretaría de Gobernación, la cual, explicó, es la encargada de la seguridad interior.

“Nadie tiene prisa, ni Gobernación, de aprobar un marco jurídico”, dijo.

La dura fraseología del secretario Cienfuegos servirá en los últimos días del año para todo, en especial para construir supuestas conspiraciones en el interior del gobierno del Presidente Peña Nieto con vistas a la sucesión presidencial, precisamente por la separación que hace entre seguridad exterior e interior y las responsabilidades de cada quien en ambas materias.

Al margen de las especulaciones que se desatarán por lo inusual de las declaraciones tratándose de un secretario de la Defensa,  y de lo que interpretemos aquí en posteriores entregas, suponemos que el general Cienfuegos no dijo lo que dijo sin consultar, por lo menos, con su comandante supremo, el Presidente de la República.

Si no fue así, entonces no hay mucho que interpretar y de qué preocuparse porque en el sistema constitucional mexicano, el verdadero jefe de las Fuerzas Armadas es el Mandatario que, para efectos castrenses, tiene 5 estrellas, es decir, una más que la del general secretario.

Para decirlo de otra manera, supongo que la intención de Cienfuegos no fue minar el terreno que pisa el jefe del Gabinete de Seguridad Nacional, Miguel Osorio Chong, por más que sus palabras sirvan para especular en ese sentido.

Tampoco imagino que el Presidente Peña Nieto lo hubiese autorizado a lanzarse contra los legisladores, ellos sí los verdaderos responsables, en todo caso, de la inexistencia del marco que regule la acción de las Fuerzas Armadas en contra de los criminales. ¿Cómo interpretar la petición de que “el Senado dé con precisión la instrucción de qué quieren que hagan las Fuerzas Armadas”?

En los primeros días del gobierno del sexenio pasado, IMPACTO publicó por entregas un documento elaborado por el Ejército para conocimiento del entonces Presidente electo Felipe Calderón; habría sido elaborado por encargo del general Guillermo Galván, quien a la postre sería secretario de la Defensa.

Se trataba de más de 100 cuartillas conteniendo una interminable queja militar. A causa de las condiciones en que los gobiernos anteriores mantenían a las Fuerzas Armadas, México podría perder la guerra contra cualquier potencia extranjera con economía menor a la nuestra. Vaya, no seríamos capaces ni siquiera de repeler un ataque aéreo. Más aún, los soldados sólo estaban entrenados para los desfiles y otras ceremonias cívicas.

En encuestas, supuestamente realizadas hacia el interior del Ejército, los soldados rechazaban tareas como la reforestación y el combate al crimen organizado.

En estas condiciones de desventaja, sin equipo y sin adiestramiento, que han variado muy poco, o casi nada en los últimos 10 años, Calderón envió al Ejército a la guerra contra los narcotraficantes;  la tarea continuó en el actual sexenio.

Pero en éste como en el anterior no existe un marco legal que regule su participación en esa guerra, y el Congreso ha pecado de omisión. Digamos que la Defensa Nacional, la Fuerza Aérea y la Armada protagonizan esta guerra de manera ilegal, por más que se concreten a cumplir órdenes.

Por eso Cienfuegos revela que en ocasiones los soldados la piensan en los operativos porque temen ser procesados.

Es en este contexto que se deben entender sus declaraciones de ayer.

¿Hay molestia? Creo que mucho más que eso, y también que el enojo es justo.