“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

Elías Beltrán, el ejecutor de consignas

Nunca supo lo que significaba ser procurador, por más que solo fuera encargado

Por Juan Bustillos

Por falta de carácter, porque le cayó del cielo el inmerecido regalo de encargarse de la Procuraduría General de la República al final del sexenio anterior, porque nunca pudo superar la jefatura del ex consejero jurídico del Presidente Enrique Peña Nieto, Humberto Castillejos, por venganza de Santiago Nieto o por lo que sea, Alberto Elías Beltrán, mejor conocido, en el ámbito penal federal, como “El Pollo”, está bajo investigación de su sucesor, el Fiscal General de la República, Alejandro Gertz Manero, y por el titular de la Unidad de Inteligencia Financiera.

El pecado capital de “El Pollo” fue no percatarse de su propia importancia cuando el Presidente Peña Nieto le encargó la PGR gracias a que un miembro más de la “primocracia”, cuyo jefe era Castillejos, Raúl Cervantes, renunció a seguir procurando justicia desilusionado porque no lo pudieron imponer como el primer Fiscal General de la República y confiaba aún que estaba en tiempo de ser ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

No hay duda; a Elías Beltrán le quedó grande la responsabilidad. Primero fue incapaz de desmentir a Cervantes, que se marchó asegurando haber dejado bombas a punto de estallar cuando no eran ni siquiera chinampinas; después se concretó a cumplir las consignas que Castillejos le pasaba a través del director del Cisen, Alberto Bazbaz, que, a su vez, se ostentaba como transmisor de las órdenes del Presidente.
Nunca supo lo que significaba ser procurador, por más que sólo fuera encargado.

Sus momentos magnos, por los que será recordado, ocurrieron cuando un agente del Ministerio Público se negó a firmar la prescripción del caso de Emilio Lozoya en la FEPADE, cuya existencia hasta Santiago Nieto había reconocido en su libro, y al no tener reparo en cumplir la instrucción, faltando dos días para concluir el sexenio, de liberar de todo cargo al ex candidato del PAN, Ricardo Anaya, pese a que antes se había afanado en cumplir la consigna de perseguirlo, a fin de minar sus posibilidades electorales.

Más aún, como lo suyo era cumplir sólo las consignas, se olvidó de la esposa y del suegro del ex candidato panista a la Presidencia.
Si las informaciones son veraces, Santiago Nieto lo colocó, ahora, del otro lado de la mesa y, según el periódico Reforma, lo investiga, al igual que a su esposa, por lavado de dinero.

Todo indica que se trata sólo de una venganza porque no es posible imaginar que alguien que ocupó la PGR, al menos como encargado, pero que fue subprocurador Jurídico y de Derechos Humanos, así como director General Adjunto en la Unidad de Proyectos Estratégicos Sistémicos y director General Adjunto de Asuntos Normativos e Internacionales y de Procesos Legales en la Unidad de Inteligencia Financiera, pudiera involucrarse e involucrar a su esposa en delitos de la naturaleza de los que persigue su enemigo Santiago Nieto.

Por lo demás, no es fácil entender que si cometió lavado de dinero en 2016, por qué no limpió su propio pasado o por qué mantuvo engañados a Castillejos, a Bazbaz y a Peña Nieto.

 Por lo pronto niega haber cometido lavado de dinero, y es mejor que así sea porque la persecución a que lo someterá Nieto será de pronóstico reservado, amén de que el Fiscal Gertz Manero quizás le cobre todo lo que narró a los reporteros en su relato de cómo le entregó la PGR.

El 20 de octubre de 2017 estaba en una oficina de Los Pinos cuando Elías Beltrán comunicó que había destituido al Fiscal Especializado para la Atención de Delitos Electorales. Estaba feliz por las felicitaciones del cumplimiento de la consigna, por lo demás legal, pues, en efecto, Santiago Nieto había violado el Código de Conducta de la PGR al revelar información que estaba bajo su responsabilidad.

Ignoraba que estaba marcando su destino, como hizo con el de otros, cuando cumplió las demás consignas de Castillejos y Bazbaz.