“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

Conexión sueca-azteca y 415 millones de dólares

Ya sabrá el fiscal Alejandro Gertz Manero hasta dónde llega con caso cuyas espinas sangrarán muchas manos

Por Juan Bustillos

El sábado 22 de junio dije aquí que el Fiscal General de la República, Alejandro Gertz Manero, se cubriría de gloria a condición de descubrir “la conexión sueca-azteca” en el caso de la compra de Fertinal por parte de Pemex cuando Emilio Lozoya dirigía la empresa productiva del Estado en el sexenio pasado.
Debo decirlo; no me da por las conspiraciones; en realidad me divierten las columnas políticas que no suelen ir al grano en ciertos asuntos, en especial los más peliagudos. Sin embargo, debo reconocer que en ocasiones es necesario acudir a cierto lenguaje, encriptado, digámoslo pomposamente, para airear temas que por estar en manos de la autoridad judicial no resulta fácil abordar.
A veces ocurre que el reportero va por delante de la autoridad investigadora y, por lo mismo, el uso de los datos debe ser lo más cauteloso posible, a fin de no entorpecer las investigaciones ministeriales, pero en este caso, el Fiscal General de la República parece saber lo mismo que adelantamos aquí a cuentagotas.
Aquí un mínimo anticipo de lo de lo que puede encontrar en el camino y tuve que guardar el 22 de junio; ya habrá oportunidad de adelantar más.
El día que hablé aquí de la “Conexión sueca-azteca” no faltó quien me preguntara de cuál había fumado porque esa columna con la que supuestamente entraba en periodo vacacional parecía haber sido escrita sin pies ni cabeza, como de costumbre.
Pero aquí, en la oficina de Gertz Manero y en alguna otra muy cercana al Presidente López Obrador sabemos de lo que se trata y de lo explosivo del asunto, a grado que ha movilizado a la red jurídica que Humberto Castillejos tejió cuando fue consejero jurídico presidencial.
El Fiscal General sabe que el caso Fertinal no termina en Pemex; quizás ahí empezó cuando alguien, que pudo ser el presidente del Consejo de Administración de Pemex, Pedro Joaquín Coldwell, o el jefe de él y de todos, incluido el entonces director de Pemex, Emilio Lozoya, es decir, quien fungía como secretario de Hacienda de Enrique Peña Nieto, Luis Videgaray, decidió ayudar al señor Massimo Covarrubias a saldar una deuda, unos 415 millones de dólares, con uno de los personajes más influyentes en la Cuarta Transformación, don Ricardo Salinas Pliego, propietario de casi todo lo que se apellida Azteca.
No se trata de echar a perder las investigaciones del Fiscal General, pero si Gertz Manero sigue la línea de investigación a partir de que Evencore, de Pedro Aspe, que funcionó de broker, pidió, sin suerte, mil millones de dólares por Fertinal, quizás llegue hasta Martín Werner, que se conformaba con 900 mil, pero tampoco encontró eco, hasta que Videgaray (cuya relación profesional con el ex secretario de Hacienda en tiempos de Carlos Salinas es de sobra conocida, pues de su brazo llegó al Estado de México a ordenar la deuda del gobierno de Arturo Montiel y se quedó hasta convertirse en la eminencia gris de Peña Nieto) ordenó a Lozoya comprarla en una operación en la que intervinieron Nacional Financiera, el Banco de Comercio Exterior y Banco Azteca.
Si Gertz Manero sigue las pistas llegará hasta algún pueblecillo en Suecia en donde fueron creadas tres empresas de papel; en dos de ellas compareció, como apoderado, uno de los abogados del propietario de Azteca.
Ya sabrá el Fiscal hasta dónde llega con este caso, cuyas espinas sangrarán muchas manos, pero si aporto estos datos es porque la agencia Bloomberg anunció que cuando Pemex compró Fertinal, la petrolera asumió más de 400 millones de dólares de deuda de la empresa (en realidad 415), que de inmediato pagó a su acreedor, Banco Azteca, que, además, prestó para la operación.
Y luego vino lo de Suecia.
Hasta allá tendrá que viajar el Fiscal a buscar qué y de quién son West Side Capital Markets, LLP, NPK Holding Ab y Base Rock BVBA.
Y si, gracias a la venta de Fertinal empujada desde lo alto del poder, el señor Covarrubias pagó los 415 millones de dólares que debía a Banco Azteca, que, a su vez, prestó para que le compraran.