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“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

Zaldívar, entre prisas de AMLO y urgencias de Castillejos

La prisa no suele ser el método más aconsejable para gobernar, pero López Obrador ha impuesto un ritmo frenético a su gobierno que lo ha metido en serios problemas

Por Juan Bustillos

No perder tiempo, tal vez porque 6 años le son pocos, ha sido la consigna de Andrés Manuel López Obrador a partir del primer domingo de julio en que ganó de manera abrumadora y nada sorpresiva la Presidencia de la República.

Recordemos que en las primeras 48 horas, a partir del cierre de las casillas, tomó el mando del país, al menos de manera extraoficial. El primer acto de su gobierno extraoficial fue sepultar la Reforma Educativa.

La prisa no suele ser el método más aconsejable para gobernar, pero López Obrador ha impuesto un ritmo frenético a su gobierno que lo ha metido en serios problemas; para no ser exhaustivos, el del NAIM que, conforme a la versión oficial, es inexistente, pero gravita amenazadoramente sobre las finanzas nacionales. Sin embargo, más grave, el más reciente.

“No perder tiempo” en materia de seguridad dado que la criminalidad no cede ni actúa conforme al discurso oficial como indican los contadores de crímenes, es buen argumento para convocar a quien se quiera sumar profesionalmente a la nueva estrategia para pacificar al país, pero alguien debería atreverse a explicar al Presidente López Obrador que no sirve para justificar que se brincara sin mayor trámite al Congreso con la Guardia Nacional.

No se puede convocar a alguien para integrarse a un organismo inexistente y, hasta donde sabemos, la Guardia Nacional es apenas un proyecto que, dada la mayoría de legisladores morenos, su creación será aprobada sin muchas dificultades, aunque supervive la posibilidad de que el tema se atore por las reacciones generadas en contra por la excesivamente peligrosa militarización que implica para el país la disposición de una fuerza armada más, integrada por policías, marinos y soldados, pero en mucho por jóvenes, a los que el Presidente les abre una gran oportunidad comandada sólo por él.

Tal vez las vacaciones lo traen distraído, pero apena el silencio de Ricardo Monreal. Tan proclive a ser el primero en todo, mantiene la boca cerrada, quizá por la falta de explicación para el supuesto de Andrés Manuel de que por trámite le será aprobada la Guardia Nacional.

Extraña que no abra la boca para pedir que al menos no lo avergüence, que le den su lugar, que las formas son fondo. Que primero son él y el Congreso y después la convocatoria.

En esta subordinación de facto del Poder Legislativo al Ejecutivo, otorgada porque el electorado así lo quiso, reside la importancia de la elección de Arturo Zaldívar como presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Se presume mantendrá la independencia del Poder Judicial de la Federación, muy a pesar de la simpatía del Presidente López Obrador.

No es secreto que Andrés Manuel se siente mejor con Zaldívar en la Corte que con Alfredo Gutiérrez Ortiz Mena, Jorge Pardo Rebolledo y Alberto Pérez Dayán, pero, tranquilos, serenos, porque el Presidente ya prometió ser respetuoso de la autonomía del Poder Judicial.

Sólo esperemos que, por las prisas un día de estos no se lo brinque, como lo hace con el Congreso, con la justificación de que no hay tiempo que perder.

Ya se sabe que la justicia no es tan rápida como todos quisiéramos y esto podría desesperar a López Obrador, con la consecuente respuesta de Zaldívar que no suele ser como Monreal, quien ya está en plena construcción, y hace bien, de  su plataforma futurista.

Pero las prisas del Presidente de la República no son el único riesgo que deberá afrontar Zaldívar; el miércoles mismo el gran derrotado en su elección, el ex consejero jurídico de la Presidencia, Humberto Castillejos, propalaba que fue electo gracias a que él cabildeo a su favor, pues de otra manera no se entendería que al menos le consiguiera 3 votos de los 7 que obtuvo: los de los ministros que son sus incondicionales, Eduardo Medina Mora, que está en la Corte gracias a Enrique Peña Nieto; el de Javier Laynez Potisek, impulsado por Luis Videgaray, y el de la ministra Norma Lucía Piña Hernández, que a él debe el favor de estar en donde está.

Así que el nuevo ministro presidente debe tener cuidado con las prisas de su colega el Presidente de la República y las urgencias de su apoyo de último momento, Castillejos, que no puede darse el lujo de perder el control que mantiene al día de hoy sobre una estructura de jueces, magistrados y ministros.

Por cierto, Castillejos se preocuparía por las carcajadas que provocó en los miembros del gobierno que saben la verdad.

Y para finalizar, la Secretaría de Gobernación ha dejado de ser interlocutora con el Presidente. Olga Sánchez Cordero, que operó contra Zaldívar, también perdió.

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