“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

El “Gran Beto” Castillejos

Amo y señor, nadie escapó de su influencia

Por Juan Bustillos

Cuando hablamos del colaborador que hacía gala de su irresistible influencia en el sexenio pasado, y que asfixió al Presidente Enrique Peña Nieto, a grado de aislarlo de amigos y colaboradores, por regla general pensamos en Luis Videgaray y olvidamos a su consejero jurídico, Humberto Castillejos, el mismo que, encabezando la “primocracia”, tejió una red, aún existente, de jueces, magistrados y ministros, así como de agentes del Ministerio Público de la Federación, un procurador, subprocuradores y hasta un encargado de la procuraduría, que le permitió ser amo y señor de todo lo que tuviera que ver con el mundo judicial.
Influyente también fue el ex secretario de Gobernación, Miguel Osorio Chong, pero nada que ver con Videgaray y Castillejos, aunque, hay que decirlo, el segundo debe al primero, en mucho, su fortaleza ante el Presidente Peña Nieto.
Ya estaba en el equipo mexiquense que tomó por asalto la Ciudad de México en el 2012, pero no fue tan importante hasta que entendió que la llave del poder la tenía Videgaray, y a su jefatura se rindió.
Por mucho tiempo, el ex mandatario sólo vio y escuchó con los ojos y oídos de esta pareja; aún hoy, aunque se retiró a tiempo, para que no lo arrastrara la decadencia del sexenio, Castillejos mantiene la confianza de su ex jefe en su criterio legal.
El “Gran Beto”, como le decían todos los que vivían a su sombra, en especial Raúl Cervantes, Alfredo Castillo, Alberto Bazbaz y Tomás Zerón, era amo y señor; nadie escapó de su influencia. Por él, Alberto Elías Beltrán concluyó el sexenio como encargado del despacho de procurador general de la República.
Su grupo maquinó las investigaciones sobre el candidato presidencial panista Ricardo Anaya, y de no haberse impuesto la opinión del ex procurador Jesús Murillo Karam (que no perteneció a su establo), la PGR no habría cerrado el caso en el último momento del sexenio.
Gracias a esta decisión, de último minuto (¿para qué dejar abierto el caso si no había solidez en los señalamientos?), el ex Presidente Peña Nieto se libró de tener un enemigo feroz para el resto de su vida.
Pero a Castillejos, a sus primos y beneficiarios, acostumbrados a medrar con la influencia, deberá los días amargos por venir.
No es novedad; lo escuchó y no lo creyó, pero los últimos acontecimientos seguramente lo convencieron de no volver a confiar más en quienes abusaron de su generosidad.