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“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

La Guardia y la soberanía del Congreso

Es un hecho que si Ricardo Monreal no convence a los senadores de la segunda y tercera fuerzas electorales no podrá dar gusto a Andrés Manuuel López Obrador y, entonces, minuta se convertirá en ley

Por Juan Bustillos

Ricardo Monreal está ante la prueba de fuego que podría garantizarle entrar, de lleno, al juego de Juan Pirulero o dejar el campo de juego a Claudia Sheinbaum, Marcelo Ebrard y a quienes se acumulen si la edad se los permite.

Todo depende de lo que haga con la minuta, caliente, de la Guardia Nacional que su homólogo de la Cámara de Diputados, Mario Delgado, puso en sus manos no sin cierta intención malévola.

Apenas la conoció, el Presidente López Obrador no tuvo empacho en expresar su insatisfacción porque los diputados no le dieran el gusto de que la Guardia tenga mando militar y reporte, directamente, a la Secretaría de la Defensa Nacional mientras cobra en Seguridad y Protección Ciudadana sólo porque, conforme a la versión del diputado Pablo Gómez, era la única manera de asegurar la existencia del PRIMOR, es decir, la unión de los ex priístas que se marcharon a Morena con los que aún permanecen en el PRI.

De tanto malabarismo con la famosa Guardia ya no tengo ni idea de cuál fue la filosofía de su creación porque en el principio, diría el evangelista, cuando Andrés Manuel imaginó su existencia, el ahora secretario de Seguridad, Alfonso Durazo, se enteró hasta después de que ya había opinado en sentido contrario.

Como debe ser, se impuso el deseo del jefe, pero a partir de ahí ocurrió que por la mañana, el mando de la Guardia era civil, por la tarde militar, al día siguiente al revés, luego mando compartido, y ahora que ya hay minuta de los diputados, los senadores, según Monreal, pretenden modificarla para regresarla a la Cámara Baja en espera de que Delgado y Gómez recapaciten y convenzan a las oposiciones, en especial a la priísta, conducida por René Juárez, de votar en sentido contrario a como lo hicieron.

Uno de los tantos problemas que afronta Monreal para dar gusto a López Obrador es que, al parecer, por esta ocasión no habrá lugar para el PRIMOR en el Senado porque Miguel Osorio Chong sigue siendo oposición responsable, pero en este tema tiene sus propias ideas, diferentes a la del Presidente.

En realidad, el problema es el PRIAN, que con mucha fortuna conducía Rafael Moreno Valle.

Es un hecho que si Monreal no convence a los senadores de la segunda y tercera fuerzas electorales no podrá dar gusto a López Obrador y, entonces, la minuta se convertirá en ley.

Así las cosas, aún queda al Presidente la posibilidad de que los congresos estatales le den satisfacción, sin embargo, Morena aún no tiene el control de las dos terceras partes.

De cualquier manera, el último recurso de Andrés Manuel será negarse a firmar una ley cuyos términos no le satisfagan.

Y si no firma, en caso de que la minuta de Delgado y Gómez quede intacta, no habrá Guardia Nacional por ahora.

¿Mera anécdota? No lo es porque, al final, los verdugos de la Guardia Nacional, al menos en los términos del deseo presidencial, serán 2 militantes destacados de Morena que, en abono de ellos, debemos reconocer, se manejaron con el marcador, pues sólo cediendo en algunos puntos podían conseguir los votos de las oposiciones.

Así es esto de la democracia participativa. En los legisladores no hay sabiduría como en el pueblo, pero cada voto cuenta y, como en las consultas populares, tienen un costo a pagar.

Monreal debe encontrar la manera de comprar los votos que necesita del PRIAN para regresar la bomba a Mario Delgado para que los diputados se hagan bolas con ella y, en todo caso, sea él quien esté obligado a satisfacer los deseos del jefe de ambos.

Hace 43 años, entre 1977 y 1978, si la memoria no me falla, como empieza a ocurrir a algunos miembros del gabinete, los priístas dieron el gran espectáculo en el Congreso enviando la Ley Nuclear de una Cámara a otra. El impresentable Joaquín Gamboa Pascoe y don Rodolfo González Guevara, un jalisciense de verdadera izquierda, jugaron ping pong hasta que los puso en orden el único que podía.

Grandes actores de aquel episodio fueron don Adolfo de la Huerta, en el Senado, y Víctor Manzanilla Schaffer, en Diputados, y Jorge Cruickshank, del PPS

Esperemos a ver si el Presidente pone quietos a Delgado y Monreal, lo que, como el mando civil o militar de la Guardia, tampoco será anecdótico, pues tiene que ver con la soberanía del Congreso, algo que en la Cuarta Transformación debe ser sacrosanto.

O eso nos han dicho.

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