“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

El discurso de estadista que nos debe AMLO

Es tiempo de escuchar la pieza oratoria alejada del no tengo derecho a fallar, ya no me pertenezco, el me canso ganso, etcétera

Por Juan Bustillos

Para estar a tono con el lenguaje de la Cuarta Transformación espero en Dios (perdón por el lenguaje acorde a la Cuarta Transformación) que en este aniversario de la promulgación de la Constitución el Presidente López Obrador olvide el copal que lo conecte con la armonía, las invocaciones a los señores del norte, sur, este y oeste; no se vuelva a hincar ante un chamán, de la religión que sea, y pronuncie el discurso de estadista que nos debe desde que ganó la Presidencia y que no escuchamos ni en su toma de posesión.

No lo queremos oír predicando como el auténtico hijo laico de Dios, el cruzado o el iluminado transfigurado que en sus noches de ronda ilumina al presidente de la Cámara de Diputados, Porfirio Muñoz Ledo, ni como el sumo sacerdote de la Cuarta Transformación, sino como Presidente de la República Mexicana.

En la conmemoración de la promulgación de la Carta Magna de 1917 no suele ser el Presidente el orador, pero como en el periodo post mortem del neoliberalismo solo la voz de López Obrador es buena, será apenas de rutina que sea él quien acapare los reflectores y las grabadoras.

Si es así, ojalá (otra vez Dios quiera) escuchemos, por fin, al hombre de Estado y no al perpetuo candidato a algo que ya ganó, y ¡de qué manera!

Es tiempo de escuchar la pieza oratoria alejada del no tengo derecho a fallar, ya no me pertenezco, el me canso ganso, etcétera.

Hoy, en el día 67 de su gobierno, tendrá la oportunidad de concluir la campaña que debió terminar 3 días antes del primer domingo de julio pasado y anunciar lo que nos espera, pero en orden y no como producto de la fertilidad de la imaginación a que obliga la exposición del día a día.

Tradicionalmente, el aniversario de la promulgación de la Constitución ha sido buen pretexto para exhibir el gusto de nuestros políticos por los discursos.

Si recordamos, el 5 de febrero de 1978, don Jesús Reyes Heroles pronunció uno que aún estremece. Hablaba de la Reforma Política, creación suya e impulsada por el Presidente López Portillo aquel, no Obrador, como el actual.

Advertía de la necesidad de avanzar en la democracia perfeccionándola, de lo contrario, dijo, retrocederíamos. Él era ejemplo vivo de lo que predicaba: Recién había abierto las puertas de la política participativa a la izquierda clandestina.

En el teatro histórico de Querétaro sentenció: “Pensemos precavida, o precautoriamente, que el México bronco, violento, mal llamado bárbaro, no está en el sepulcro; únicamente duerme. No lo despertemos, unos creyendo que la insensatez es el camino; otros aferrados a rancias prácticas… Todos seríamos derrotados si despertamos al México bronco”.

Según me dicen (mi capacidad analítica no llega a tanto), el México bronco no despertó, precisamente, porque lo mantiene dormido el triunfo de Andrés Manuel. Tuvieron que pasar 42 años para que la izquierda se hiciera del poder.

De hecho, el “México bronco” de Reyes Heroles vendría a ser el “tigre” que según advirtió López Obrador, él dejaría suelto si no le permitían llegar a la Presidencia.

Pero esa es otra cosa; lo que importa es que el Presidente podría utilizar la efeméride para despojarse un poco del lenguaje del día a día (la última perla es “la pinche transa”) y recetarnos el discurso que hace mucho queremos oírle, sobre todo si aspira a figurar al lado de los transformadores del país.