“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

El reto de Pacheco Pulido

En mejores manos no podría estar depositada la certidumbre de los poblanos y de quienes disputan el poder

Por Juan Bustillos

Gracias a Guillermo Jiménez Morales conocí a su tocayo Pacheco Pulido, que ahora ocupa la oficina que fue suya en el Gobierno de Puebla.

Ambos son, sin lugar a dudas, lo mejor de la clase política poblana de las últimas décadas.

Guillermo, el de Huauchinango, se quedó en el camino a la Presidencia por los avatares de la política, pero recuerdo los corajes que hacían Manuel Bartlett y Adolfo Lugo Verduzco cuando el gobernador poblano ocupaba las primeras páginas de los diarios capitalinos y los columnistas políticos se ocupaban favorablemente de su persona. Era una estrella en ascenso que, sin embargo, se frustró, si bien no del todo.

Poco antes de partir a Roma, a representar a México en el Vaticano, reíamos con Rafa Reséndiz porque, decía, su fortuna ya había pasado la prueba del fuego eterno y estaba bendita, dado que, según él, la curia vaticana investiga con lupa a quienes son embajadores en la Santa Sede. Guillermo fue el segundo; el primero resultó ser una broma involuntaria, pero cruel, de Carlos Salinas a los curécuaros, pues el profesor Enrique Olivares Santana era masón.

Pacheco Pulido prefirió permanecer en Puebla que aventurarse a una carrera en las ligas mayores en el área federal, pero de haberlo deseado habría encajado en cualquier gabinete priista por su habilidad política, su dominio del Derecho y su capacidad de tejer alianzas con todas las fuerzas y poderes fácticos. Como su tocayo y paisano, habría puesto nerviosos a más de uno en tiempos de sucesión.

Recuerdo el susto de infarto que dio a los interesados en quedar bien con Miguel de la Madrid, que ordenó ejercer venganza contra Jorge Díaz Serrano por atreverse a competirle por la candidatura presidencial. Sólo les dijo que, conforme a la ley, sólo podía ser desaforado por supuestos delitos cometidos durante su encargo de legislador y no por los que pudo cometer como director de Pemex.

En Puebla, después de ser presidente municipal de la Angelópolis, diputado federal en 2 ocasiones, diputado local, presidente del Tribunal Superior de Justicia y líder de la CNOP, sólo le faltaba ser gobernador. Ya lo es, y en qué momento.

Con la trágica desaparición de la gobernadora Erika Alonso y de su marido, el ex gobernador Rafael Moreno Valle (que se había convertido en líder de la oposición parlamentaria federal), y con la obligación constitucional de repetir una elección cuestionada porque Morena siempre cuestionará lo que no gane, el único político poblano que podía ocupar la gubernatura interina era Pacheco Pulido. Por una razón indiscutible: Sólo él garantiza estabilidad y ofrece confianza a las partes en conflicto.

No tengo duda que le habría gustado gobernar 6 años, y no por unos cuantos meses, pero a los 86 años de edad, a los que ahora arriba, lo verdaderamente importante es la historia, el momento imborrable que vive la entidad. En mejores manos no podría estar depositada la certidumbre de los poblanos y de quienes disputan el poder.

Recuerdo los tiempos cuando éramos jóvenes, yo un poco más que él; la serenidad con que aceptaba que el PRI mirara para otro lado, empecinado en no ver que al mejor lo tenía enfrente, como lo siguió haciendo hasta perder el poder nacional.

A manera de consuelo, que no lo es, digamos que la vida tenía reservado a Pacheco Pulido para confiarle el momento más difícil de su querida entidad. Él, con la generosidad que es su divisa, no rehuyó el reto que, si las partes en conflicto no se comportan con similar altura de miras, podría meter a Puebla en un conflicto de consecuencias impredecibles y, de paso, manchar una carrera política que ha sido ejemplar.

Mejor regalo no te pudo dar la vida, querido compadre.