“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

Bartlett lleva a la piedra de los sacrificios a destructores de la CFE

Les extirpó el corazón al más puro estilo de nuestros antepasados exhibiéndolos, si no como delincuentes, al menos como inmorales

Por Juan Bustillos

Me hace notar Juan Guillermo que el lunes es un día especial; fue el último en el año mexica, el Chicome Ácatl. Conforme al mito, Quetzalcóatl intentó rescatar de su abuela a la diosa Mayahuel disfrazándola de maguey, pero la anciana no se tragó el engaño y después de desmembrarla la convirtió en esa planta bendita. Así nació el pulque al que, decía Calzonzitl, le falta un grado para ser carne.

El lunes por la noche concluye el año Tochitl, el del Conejo, e imagino (y perdón por la ignorancia que no es falta de respeto) que, por el rumbo en que transita el país, empieza el del Ganso.

No obstante, conforme a las fechas constitucionales, éste inició el primer día de diciembre del año anterior, si nos apoyamos en el calendario gregoriano que vino a sustituir al juliano y que nada tiene que ver con el mexica.

Confieso, la cosmogonía mexica me resulta ajena, pero creo en Juangui que, apurando un vaso del nutritivo pulque para celebrar el acontecimiento, acaba de concluir la elaboración de una máscara impresionante de Tláloc.

La referencia a la terminación del año del Conejo y mi broma sobre el inicio de del Ganso tiene que ver con dos episodios deslumbrantes del nuevo gobierno.

En la tarde del inicio del sexenio, después de protestar como Presidente de México, Andrés Manuel López Obrador oró, en medio de una nube de copal, a los señores del Norte, Sur, Este y Oeste, y cuando nadie lo esperaba puso las rodillas en el suelo e inclinó la testa ante un chamán que con lamentos invocaba a las deidades ancestrales.

Luego iría al sur del país a solicitar permiso a la madre tierra para el paso del Tren Maya que concibió como detonante del desarrollo turístico de la región abandonada por el neoliberalismo en donde vivió sus años más felices, exceptuando a los casi 3 meses que lleva en la Presidencia.

La observación sobre la coincidencia del final del año mexica no tendría mayor importancia a no ser porque en esa fecha Manuel Bartlett, cual sumo sacerdote de nuestros antepasados, puso sobre la piedra de los sacrificios a un buen número de ex funcionarios sobresalientes en la época del neoliberalismo.

De Carlos Salinas, seguido por José Córdoba Montoya y Luis Téllez, Jesús Reyes Heroles, Carlos Ruiz Sacristán, Alfredo Elías Ayub, Georgina Kessel, Jordy Herrera, Pedro Aspe Armella y, cómo no, Felipe Calderón, les extirpó el corazón al más puro estilo de nuestros antepasados exhibiéndolos, si no como delincuentes, al menos como inmorales.

Todos ellos, es el axioma, son culpables de convertir a la Comisión Federal de Electricidad en botín de la iniciativa privada hasta ponerla al borde de la quiebra.

El coordinador de Morena en la Cámara de Diputados explicó que no se debe permitir a los funcionarios trabajar en empresas del sector después de un año de haberse separado de la burocracia, como contempla ley, sino hasta que pasen seis o 10 a fin de que la información en su poder no sea utilizada por sus nuevos patrones.

Ya veremos qué dice el Congreso, por lo pronto, ayer, al concluir el Año del Conejo mexica, los corazones de una larga de ex servidores públicos, algunos contemporáneos y competidores de Bartlett, fueron inmolados en el altar de los sacrificios, sus corazones extirpados y alimentadas con su sangre tibia las deidades de la Cuarta Transformación, por poner información clasificada del sector eléctrico al servicio de sus patrones o de ellos mismos.

Solo faltó el copal y las letanías doloridas de los chamanes a los señores de los cuatro puntos cardinales para completar la escenografía que eleva por arriba de los mortales al gran tlatloani.