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“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

Claudia y Arturo a democratizar el PRI

No deben perder de vista que durante décadas, en especial en las últimas 4, hubo intentos hipócritas de lo que se dio en llamar ‘consulta a la base’, una modalidad inventada para disimular la imposición

Por Juan Bustillos

A Sam, que siempre nos cuidó y lo sigue haciendo desde el cielo, que para seres como ella también hay. Con nuestro amor

Para conseguir que las bases militantes por fin elijan democráticamente a sus dirigentes nacionales, Claudia Ruiz Massieu y Arturo Zamora tienen la oportunidad histórica de aprovechar no tener jefe en la Presidencia de la República.
Lo podrán conseguir si el sábado próximo logran vencer los poderes que buscan adueñarse de las facultades de la figura que durante décadas fue conocida como “el primer priista del país”.
Para esto deben obtener que el Consejo Político Nacional apruebe la iniciativa que a todas luces parece condición indispensable para la supervivencia del partido político que dominó la vida nacional durante casi los 90 años que cumplirá el mes próximo.
De hecho, la sigue dominando porque, casi en su totalidad, la cúpula del nuevo grupo gobernante, incluido el Presidente López Obrador, fue priista en el inicio de sus carreras políticas y la mayoría abandonó el partido cuando ellos mismos no alcanzaron la candidatura presidencial, sus jefes fueron vencidos en la oscuridad de la Corte o cayeron víctimas de asesinos, oficialmente solitarios.
Claudia y Arturo no deben perder de vista que durante décadas, en especial en las últimas 4, hubo intentos hipócritas de lo que se dio en llamar “consulta a la base”, una modalidad inventada para disimular la imposición.
Los viejos recordamos una anécdota platicada por uno de los mejores hombres del PRI de los últimos tiempos, Luis Donaldo Colosio. A él tocó, estando al frente del PRI, hacer su propio remedo de consulta a la base.
Se encontró con el viejo lobo Alfonso Martínez Domínguez para venderle la idea de consultar a la base para elegir al candidato a gobernador de Nuevo León, cuya candidatura, como lo sabía cualquiera, estaba decidida de antemano.
Don Alfonso lo escuchó con atención, y una vez que Donaldo concluyó su discurso democrático, el viejo priista se cubrió la boca y le espetó: “Sólo le pido al presidente de mi partido que no me quiera ver la cara de pendejo; yo, Sócrates Rizzo”.
La anécdota viene al caso porque Pelo Chino realmente pensaba en democratizar al PRI. ¿Qué tanto? Nunca lo sabremos.
Su candidatura misma causó una gran fractura en el PRI que Marcelo Ebrard y Manuel Camacho recordarán.
El jefe del actual secretario de Relaciones Exteriores, Manuel Camacho, se sentía con derecho a ser candidato y, hay que reconocerlo, la merecía por méritos y experiencia, pero, por alguna razón, quien tomaba las decisiones lo desechó. Carlos Salinas conocía mejor que nadie a quien era su jefe del Departamento del DF. Se fue del PRI, fundó un partido político y, luego, siguió a Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo; hoy estaría en Morena
Un sexenio antes, el ahora director de la CFE, Manuel Bartlett, hizo los méritos suficientes como secretario de Gobernación de Miguel de la Madrid. Llegado el momento se portó institucionalmente, a pesar de haber perdido la candidatura, pero después de ser secretario de Educación y gobernador de Puebla se fue tras los pasos de Cuauhtémoc y Porfirio; hoy milita en Morena.
Ruiz Massieu y Zamora pasarán a la historia si inician la refundación del PRI movilizando a la base militante para que elija sin línea a sus sucesores en los puestos más relevantes del partido.
Ciertamente, será como empezar de cero y luego seguirá un trecho larguísimo a recorrer para reposicionarse, significar algo y dejar de ser el partido bisagra que hoy es, pero alguien debe dar el primer paso, y si no aprovechan el momento habrán desperdiciado una oportunidad que se antoja histórica.
Si la idea va en serio, otros verán los resultados, pero ellos habrán conseguido lo que antes sólo fue simulación.
El sábado sabremos de qué están hechos los sobrevivientes del PRI.

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