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“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

Guardia: El temor a que se use para mantener el régimen

Dominada por un mando militar y un estado mayor castrense, podría ser utilizada en caso de que la población empiece a manifestarse en protesta por algunas políticas fallidas o promesas incumplidas

Por Juan Bustillos

Andrés Manuel López Obrador. Debe entender que las suspicacias civiles sobre su pretensión de militarizar la Guardia Nacional no tienen que ver con la posibilidad de una asonada

Debe entender el Presidente que las suspicacias civiles sobre su pretensión de militarizar la Guardia Nacional no tienen que ver con la posibilidad de un golpe de Estado porque, como lo dijo en la conferencia mañanera en Monterrey, el Ejército mexicano en nada se parece a los de otras latitudes del continente; no es “golpista”.

A partir de la finalización, por decreto callista, de la era del caudillaje, de la revuelta delahuertista contra el grupo sonorense y la rendición del general Saturnino Cedillo, que se levantó en armas contra Lázaro Cárdenas por sus supuestas inclinaciones comunistas, nada ha ocurrido en México que se parezca, ni de lejos, a un golpe de Estado.

Al general Marcelino Barragán lo quisieron engolosinar con la Presidencia, pero se mantuvo leal a Gustavo Díaz Ordaz, y una información periodística mentirosa, con origen en Estados Unidos, refirió que el general Enrique Cervantes Aguirre se preparaba para ocupar el lugar de su comandante supremo, Ernesto Zedillo.

Más allá de algunos eventos, desafortunados, de franca violación a los derechos humanos cometidos por militares en los 12 años de guerra contra el crimen organizado (por cierto, machacados, insistentemente, por el entonces candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador), lo cierto es que las fuerzas armadas gozan de alta estima en la población civil, no obstante que cada conmemoración del movimiento estudiantil del 68 genera una nueva andanada mediática y política en su contra.

La suspicacia viene en el sentido contrario, el temor a que la Guardia Nacional, dominada por un mando militar y un estado mayor castrense, pudiera ser utilizada por el poder público para sostener al régimen en caso de que la población empiece a manifestarse en protesta por algunas políticas fallidas o promesas incumplidas.

Ese riesgo no existe; lo ha prometido el Presidente, pero la promesa tiene como única garantía su compromiso de que nunca daría la orden a la Guardia de reprimir al pueblo.

En lo personal creo que él no lo haría, pues su discurso histórico gira en ese sentido, pero ¿y otros?

La suspicacia renació después del alborozo del jueves, cuando aún no terminaban de repicar las campanas en señal de alegría porque los senadores, incluidos los de Morena, habían sepultado la pretensión de entregar la conducción y control de la Guardia a la clase castrense.

El gozo se vino al pozo cuando el Presidente dijo, en la conferencia mañanera de prensa del viernes, que la nueva institución quedaría subordinada en la parte administrativa a la Secretaría de Seguridad Pública, pero que, conforme a sus facultades, él designaría al jefe: Un civil o un militar en activo o en retiro, asistido por una “especie” de estado mayor castrense, es decir, una “instancia (gatopardiana) de coordinación interinstitucional”, como lo llama el dictamen.

Después de la mañanera del viernes volvió a quedar la duda que quizás se resuelva en la del lunes porque, sin decirlo, el Presidente repitió con otras palabras aquello de que “…no me voy a dejar; soy perseverante; no voy a echarme para atrás; vamos a garantizar la paz y la tranquilidad en el País; la gente lo pide…”.

Habrá que esperar la votación final en la Cámara de Diputados y la redacción de la ley promulgada para darnos una idea de cómo podrá interpretarse lo aprobado por los legisladores, pero para el Presidente no hay lugar a dudas: Él designará al mando de la Guardia, que puede ser un civil; un militar en activo o en retiro; estará subordinada administrativamente a la SSyPC, pero bajo el mando superior habrá un estado mayor conjunto o una “instancia de coordinación interinstitucional” integrada, desde luego, por militares, marinos y policías federales.

Si todo esto es así, los esfuerzos de los negociadores gubernamentales, la algarabía de las organizaciones civiles y la presunción de que la oposición, unida, en algo puede frenar a la mayoría aplastante de Morena, dispuesta a dar gusto al Presidente en lo que sea, habrá durado una pestañita, es decir, de la medianoche del jueves a las 7:30 horas del viernes, cuando López Obrador tocó someramente el tema.

En términos de logística, la Guardia estará vigente a partir de agosto próximo si no se atora en la Cámara de Diputados (lo cual parece imposible), de tal suerte que los militares serán el alma de esta nueva institución que, ante la falta de riesgos foráneos, se dedicará en los próximos cinco años, en cuerpo y alma, a mantener la paz interior, persiguiendo a los criminales o tranquilizando (reprimiendo diría la izquierda si estuviera en la oposición) a los ciudadanos que protesten, por cualquier razón, contra el gobierno.

Partiendo del supuesto de que empiece a operar en agosto próximo, la Guardia militarizada tendrá vigencia hasta el mismo mes de 2024, uno más después de las elecciones que probablemente gane Morena, dado que la oposición aún no tendrá la fortaleza necesaria para ser un contrapeso verdadero.

Sin embargo, es posible que, un tanto recuperadas, las oposiciones se comporten, entonces, como lo hacía la izquierda cuando perdía y alegaba fraude electoral.

Entonces, con mando militar y una “coordinación interinstitucional” de mandos castrenses y policiacos, la Guardia podrá tranquilizar a quienes tomen la calle, vandalicen u obstruyan las carreteras exigiendo justicia a la autoridad.

Desde luego, el gobierno tendrá la facultad constitucional de movilizarla para poner en orden, sin reprimir, no lo olvidemos, a los alborotadores que para esa época seguramente serán calificados de conservadores, neoliberales, etcétera.

En otras palabras, el riesgo de la militarización no está en que la clase castrense, que no pertenece a la oligarquía, como dice el Presidente, aseste un golpe de Estado, sino que sea utilizada para mantener el régimen en caso de que el pueblo sabio decida cambiar una vez más, como lo ha hecho, en 3 ocasiones, en los últimos 18 años.

Peor aún, en el probable caso de que el pueblo sabio demande al Presidente López Obrador sacrificarse por el país al menos otros 6 años más, reelegirse, pues (creo yo que improbable porque ha dicho que no lo hará), y nazcan 2 corrientes, una que impulse la reforma constitucional y otra dispuesta a impedirlo, la lucha se dará en las calles, poniendo en riesgo la paz interior, que es la razón de ser de la Guardia.

Someter a los rijosos podría ser uno de sus momentos estelares, pero también la revelación de la verdadera causa por la que ha sido creada.

Reconozco que especulo sobre premisas improbables, pero son los temores que he recogido entre quienes se oponen a que la Guardia nazca y crezca con la filosofía de ser leal sólo al Presidente, que, a diferencia de las Fuerzas Armadas, no será su comandante supremo, pero sí jefe indiscutido.

Por eso la batalla, incluso dentro del gobierno, para evitar la militarización de esta nueva fuerza armada que estará diseminada por todo el país y que en los primeros cinco años de su existencia será adoctrinada, convenientemente, con los principios de la Cuarta Transformación.

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