“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

Corral pretende acorralar a AMLO con Paulo Díez

Su segunda estrategia, después de fracasar su ‘contrapeso’, para declarar la guerra al proyecto de la Cuarta Transformación

Por Juan Bustillos

marzo 2, 2019

Muy poco duró el gusto al Gobernador de Chihuahua, el abogado y periodista Javier Corral Jurado. Fracasaron, estrepitosamente, sus planes de constituirse nada más y nada menos que en líder de una oposición estructurada y capaz de hacerle contrapeso al gobierno del Presidente Andrés Manuel López Obrador.

A lo sumo, lo suyo es visto, ahora, como una estrategia de posicionamiento de sus aspiraciones presidenciales a partir de una declaración de guerra al proyecto de la Cuarta Transformación, guerra en la que se hará acompañar de personajes sin escrúpulos, como el abogado de Infraiber, Paulo Díez Gargari, un panista, experto en manipular a la opinión pública, que prepara su artillería de declaraciones y demandas infundadas para socavar la imagen presidencial.

Paulo Díez, abogado experto en manipulación mediática

No hubo que esperar mucho tiempo; desde el momento mismo en que se dio a conocer la lista de los integrantes del “grupo Contrapeso”, algunos de los aliados de Corral decidieron deslindarse y desenmascarar sus verdaderas intenciones: La de utilizar, para beneficio de sus futuras aspiraciones políticas, la necesidad que se siente en el país de ponerle contención a un nuevo gobierno cuyas prisas por hacer realidad la Cuarta Transformación de México lo orillan al antidemocrático mayoriteo que avasalla a las minorías y al autoritarismo.

Nadie puede negar que México requiere de contrapesos que permitan un ejercicio democrático del poder presidencial casi absoluto. El 1 de julio, la sociedad mexicana votó a favor de una propuesta que terminara con la corrupción, con la inseguridad y con toda clase de corrupción y despilfarros por parte de sucesivas administraciones panistas y priístas que han dirigido los destinos del país, pero esa tarea, la de hacer una patria nueva, no puede, de ninguna manera, pasar por encima de los derechos de grupos o de ciudadanos, y tampoco puede poner en riesgo la estabilidad económica y el futuro de los mexicanos.

NECESARIOS, CONTRAPESOS DE LA SOCIEDAD CIVIL

Para garantizar que el nuevo régimen no atropelle a nadie y no sea como un caballo desbocado en loca carrera hacia una meta que puede llegar a ser no sólo justa, sino necesaria, se necesitan los contrapesos. No sólo institucionales, como los organismos autónomos del Estado Mexicano (el INAI, el INE, el CRE), sino, sobre todo, de la sociedad civil.

Si una virtud tuvo Javier Corral al convocar a 50 personalidades a firmar un documento en el que se posicionan lugares comunes de la democracia, como la reivindicación de la condición plural de la sociedad mexicana y el riesgo que representa un gobierno que tenga una sola visión, es que identifica que una gran mayoría de ciudadanos, incluso muchos de los que votaron por López Obrador, quisiera que, para hacer realidad sus planes, lo mejor es que el Presidente y su gobierno avancen por la senda del Estado de Derecho en lugar de ir generando sospechas de que aquellas expresiones intolerantes (“¡al diablo con sus instituciones!”) fueron presagios desatendidos de un autoritarismo en ciernes.

Otra lectura correcta y puntual que hizo Corral es la de que los partidos políticos se encuentran en la lona y que lo estarán así por quién sabe cuánto tiempo. El Presidente cree que lo será por demasiado, al grado que, de plano, les recomienda dejar de lado sus pretensiones opositoras y mejor dedicarse a formar escuelas de cuadros, de donde abreve las nuevas generaciones del “conservadurismo”. ¿Les parece bien que para eso pasen 20 años?, dice López Obrador entre líneas, seguramente aguantando la carcajada.

Corral y el Presidente tienen razón. Los partidos están desechos; la gente no quiere saber nada de ellos. Por eso, el Gobernador lanzó su plataforma opositora fuera de los cauces del que ha sido el partido político de toda la vida, y si bien incorpora a muchos panistas, le trata de imprimir a su lista de aliados un rostro ciudadano. Por eso la presencia de algunos empresarios y de prestigiosos analistas, como Macario Schettino o como Sergio Negrete Cárdenas, pero el problema que Corral nunca se esperaba vino cuando algunos de los miembros de la lista original, como los escritores Juan Villoro, Héctor Aguilar Camín y Jorge G. Castañeda, así como el gobernador de Jalisco, Enrique Alfaro, y el presidente de la Coparmex, Gustavo de Hoyos, decidieron deslindarse, y unos sin querer, otros queriendo, exhibieron que esta corriente crítica del lopezobradorismo está alentada por las aspiraciones presidenciales del gobernador de Chihuahua.

NEGRA HISTORIA DEL ARIETE DE CORRAL

No es la primera vez que vemos en este personaje a un político necesitado de reflectores para posicionarse nacionalmente. En Chihuahua, los ciudadanos le reclaman su ausencia en el estado (además de su incongruencia en temas como transparencia y honestidad, que lo retratan como candil de la calle y oscuridad de su casa). En octubre, por ejemplo, organizó, con recursos públicos de sus gobernados, un encuentro o foro “anticorrupción” al que invitó a personalidades internacionales con tal de vestirse de adalid de una causa que, evidentemente, no puede ser suya a falta de autoridad moral.

Por si fuera poco, Corral se hizo acompañar, en este intento por verse como “héroe nacional anticorrupción”, de un personaje oscuro que representa intereses forjados en el sistema de corrupción y complicidad que tanto daño le han hecho al país. Me refiero al abogado Paulo Díez, quien aprovechó el foro para también tratar de lavarse la cara del estigma ya cicatrizado que tiene por representar a una empresa como Infraiber, que es el prototipo de todo lo contrario de lo que se habló en ese foro.

De acuerdo a largos recuentos que hemos hecho en IMPACTO, La Revista, Díez Gargari representa legalmente a las empresas de Pedro Topete, un empresario dueño de varias decenas de empresas de portafolio y que es prófugo del Sistema de Administración Tributaria (SAT) desde 2014, pero eso no es todo; el también asesor legal del gobierno de Chihuahua ha mantenido, desde hace cuatro años, una campaña mediática de desprestigio contra personas, empresas e instituciones, sólo con tal de que una de las empresas de su jefe y socio, Infraiber, pueda recuperar un millonario contrato que le quitaron, por diversas y muy graves irregularidades, en el Estado de México.

La historia no ha sido suficientemente contada o seguramente es desconocida para la gran mayoría de los abajofirmantes que acompañan a Corral. Infraiber ha estado presente, en los medios, como una víctima cuando en realidad se trata de una empresa que se benefició, como pocas, de un sistema priísta que le otorgó, a tres meses de haberse constituido como empresa, un contrato para auditar el flujo vehicular de las autopistas concesionadas en el Estado de México, que estaba valuado en la friolera de 4 mil millones de pesos.

Además de la falta evidente de experiencia, la empresa que defiende Paulo Díez logró que el priísmo mexiquense le otorgara otros beneficios sustantivos, como el de una tarifa 100 por ciento por encima del existente en el mercado de ese tipo de contratos y que, además, le prorrogara por 20 años el jugoso negocio. Y aunque Infraiber estuvo cobrando los beneficios del único contrato que ha tenido en su vida legal, no colocó ni un solo aparato del sistema de medición que se propuso instalar; por todo eso, el gobernador Eruviel Ávila decidió cancelarles el contrato.

Entonces nació la leyenda de Infraiber como el “David” de las empresas mexicanas, violentada en sus derechos por un Goliat en el que se incluía, por igual, a sus antiguos benefactores (el contrato se los firmó Gerardo Ruiz Esparza) y a una de las empresas concesionaria de autopistas mexiquenses, OHL. Díez Gargari ha sabido invertir suficiente dinero para que la historia que cuenta en los medios prevalezca y se oculte la otra cara de la moneda, lo que realmente defiende: Un contrato millonario obtenido en el esquema de la más indignante corrupción.

En eso se diferencia el abogado de Infraiber del gobernador de Chihuahua, que, agradecido por sus servicios mediáticos, lo quiso hacer diputado plurinominal por el PAN en el proceso electoral de 2018: Mientras aquél ha salido bien librado por lo que hace a las verdaderas motivaciones de sus constantes denuncias contra el PRI, contra Peña Nieto, contra Eruviel Ávila, Corral no puede ocultar que su grupo de notables corresponde a una estrategia de comunicación para posicionar, en el ámbito nacional, sus aspiraciones presidenciales con casi seis años de anticipación.

Todavía más: También es evidente que al incorporar a ese grupo al abogado Paulo Díez, el mandatario chihuahuense sólo pretende utilizarlo como ariete mediático en contra del gobierno de López Obrador, aprovechando que ha demostrado ser eficaz en eso de manipular a la opinión pública a partir de mentiras y medidas verdades. El abogado de Infraiber acepta gustoso su nueva encomienda porque tiene en su contra varios expedientes legales y cree que tener protagonismo mediático al lado de Cecilia Soto, de Fernando Belaunzarán y de Gustavo Madero, lo blindará de posibles decisiones judiciales.
Lo que pierde de vista el aspirante presidencial es que López Obrador no es Peña Nieto, que el tabasqueño no se deja acorralar por nadie y que Paulo Díez es el que menos autoridad moral tiene como para exigir el cumplimiento de la ley cuando defiende empresas corruptas y cuando su jefe, Pedro Topete, es investigado por lavado de dinero desde tiempos de la PGR, hoy Fiscalía General de la nación.

Los planes de Corral, sin embargo, parece que no se contienen ni ahora que están expuestos, claramente, ante la opinión pública. Por eso no tardaremos mucho en ver a Paulo Díez haciendo tronantes declaraciones contra la Cuarta Transformación y veremos si sus aliados mediáticos de antes, y la fracción parlamentaria de Morena en el Estado de México, le darán espacio y cauce a sus desvaríos.