“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

Extraña justicia de último momento para Ricardo Anaya

Material sobra para los teóricos de la conspiración; no olvidar, por ejemplo, que el joven maravilla panista creció empujado por el entonces omnipotente Luis Videgaray, en tanto otros peñistas eran objeto de sus desafectos

Por Juan Bustillos

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Esto trata sobre las diferentes maneras de medir con la vara de la ley.

Muchos estamos obligados a extender una disculpa a Ricardo Anaya porque durante meses nos tragamos la campaña mediática y judicial enderezada en su contra por la presunción de que había operado con recursos de procedencia ilícita antes de ser candidato presidencial del PAN.

Era evidente que el aparato gubernamental se movió para mostrarlo como criminal hasta el último debate de la campaña electoral de 2018. No olvidemos que minutos antes del tercero de los encuentros con Andrés Manuel López Obrador y José Antonio Meade, circuló una de las tantas versiones de un mismo video para exhibirlo como el gandalla que a través de un pariente ofrecía el oro y el moro en este sexenio para quien invirtiera en él.

El periódico Reforma publica que el 28 de noviembre de 2018, a dos días de concluir el sexenio de Enrique Peña Nieto, la entonces PGR determinó la inexistencia de “datos de prueba suficientes aún de manera circunstancial que permitan acreditar el hecho con apariencia de delito con recursos de procedencia ilícita”, razón por la cual debemos concluir la inocencia del ex candidato presidencial del PAN.

A más de 20 horas de la publicación, no hay desmentido de la Fiscalía General de la República, razón por la cual damos por sentado que la noticia de Mayolo López tiene fundamento.

A partir de esta certeza, sobran preguntas en torno a la justicia de último momento con que el gobierno anterior se comportó con Anaya, un secreto bien guardado hasta hoy.

Una de ellas ¿por qué el beneficiario o sus abogados no lo hicieron público en el momento de ser notificados del no ejercicio de la acción penal pues la resolución de la PGR tiene que ver con su fama pública y la de su familia más cercana?

Dejando esto al margen, recordemos que aún en el postrer instante de la justa electoral de 2018, cuando el panista reconoció su derrota ante López Obrador, insistió en el presunto pacto de impunidad que habrían entablado negociadores del gobierno que se fue con los del que llegó, lo que de alguna manera vendría a explicar la apabullante derrota del PRI, según lo creen muchos priístas y hasta cercanos al candidato Meade.

En materia electoral la campaña en contra del candidato del PAN con base en sus supuestas acciones ilegales, resultó un fiasco para el PRI. Mientras más se esforzaba el aparato anónimo que movía la información, los puntos que perdía Anaya pasaban al candidato de Morena (al menos 10) y el simpatizante priísta no se beneficiaba siquiera con uno.

En el mismo tenor, el panista reaccionaba amenazando con que, de ganar la Presidencia, metería a la cárcel al Presidente Peña Nieto e incluso al candidato presidencial del PRI. Ni una ni otra cosa ocurrieron porque el ganador fue López Obrador, el beneficiario último de aquella maniobra en la que incluso participó la PGR.

Pero hoy sabemos que antes de concluir el sexenio, la PGR decidió hacer justicia a Anaya. Nunca sabremos si porque en verdad es inocente, porque el procurador en funciones, Alberto Elías Beltrán, cumplió consigna o en sus investigaciones no encontró delito.

Lo que sea, lo extraño son las diferentes varas de la PGR para medir al final del sexenio a los objetos de sus pesquisas: el subprocurador en Investigación de Delincuencia Organizada, Alonso Israel Lira Salas, se atrevió a firmar la determinación a favor de Anaya faltando sólo 2 días para concluir el sexenio, cuando es sabido que en otros casos y meses antes, sus colegas se negaron a hacerlo, a pesar que incluso existe prescripción.

Material sobra para los teóricos de la conspiración; no olvidar, por ejemplo, que el joven maravilla panista creció empujado por el entonces omnipotente Luis Videgaray, en tanto otros peñistas eran objeto de sus desafectos.

Pero sin duda esto nada tuvo que ver con la valentía o cobardía que, como vemos, caracterizó a los fiscales de la PGR en el último minuto del sexenio pasado.