“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

Narro necesita ponerse los guantes con AMLO

No se trata de que el exsecretario de Salud se convierta en bravucón de barrio, pero los priistas ya están hasta el gorro de las buenas maneras y de la oposición responsable.

Por Juan Bustillos

¿Cómo creer al gobernador campechano, Alejandro Moreno, cuando, besando la cruz que hace con los dedos, jura no ser el proyecto de Andrés Manuel López Obrador para acabar con lo que queda del PRI?

Y no porque los obuses periodísticos contra su competidor José Narro hayan iniciado con el sanbenito de que representa al eje Carlos Salinas-Enrique Peña Nieto, sino porque el más interesado de los promotores de Moreno, el Presidente, nos salió con la explicación de que si el ex secretario de Salud no es culpable de corrupción en la compra de medicamentos por parte del sector salud en el sexenio pasado, lo es al menos por omisión.

A todas luces se trata de minar la posición de uno de los más fuertes aspirantes a liderar al PRI.

Cuando el ya para entonces ex subprocurador para la Atención para los Delitos Electorales (FEPADE), Santiago Nieto, se acercó a Morena a ofrecer la información que tiene del caso Odebrechet, con la intención de ser el fiscal general de la República, el talento de López Obrador para utilizar a quien se le acerca le permitió intuir que le serviría más en donde lo puso, la Unidad de Inteligencia Financiera.

Desde esta dependencia, Nieto ha probado ser un perro de presa incansable, insaciable, capaz de olfatear corrupción incluso en la Madre Teresa de Calcuta, si aún viviera. Ya está tras el ex secretario de Salud, José Narro.

El doctor Narro, con Alito, René Juárez Cisneros, Ivonne Ortega y Ulises Ruiz, aspirante a suceder a Claudia Ruiz Massieu, necesita reaccionar a tiempo antes de convertirse en tema recurrente en la conferencia mañanera presidencial, de lo contrario le cargarán las corruptelas que pudiesen haberse cometido en la adquisición de medicinas en el sexenio pasado, no porque las cometiera él, sino por omisión, como dice AMLO, es decir, porque no se dio cuenta o no quiso darse cuenta.

Lo reconozco, cruzar guantes con un Presidente que tiene todo el poder, tanto que ni siquiera se le puede comparar el Rey Sol, no es la mejor manera de llegar al día 100 del sexenio, pero el doctor Narro, de proverbial honestidad y nacido y forjado en la lucha (es artífice de la recuperación de la UNAM en el sexenio de Zedillo), no debe, no puede, dejar pasar la insinuación de que, para usar el léxico de López Obrador, se manchó en Salud.

Quienes podrían votar por él para líder nacional del PRI están a la espera de su respuesta.

El Presidente se le puso de pechito ofreciéndole la inmejorable oportunidad de demostrar que es el líder que el PRI necesita para intentar la supervivencia en el peor de los contextos.

No se trata de que Narro se convierta en bravucón de barrio, pero los priistas ya están hasta el gorro de las buenas maneras y de la oposición responsable.

Una respuesta contundente y hasta, llegado el caso de que se apruebe la promesa de despojar de fuero incluso al Presidente, una invitación a encontrarse en tribunales serviría al aspirante a líder priista para conseguir votos.