“Solo para Iniciados”, por Juan Bustillos

La casi imposible tarea de Jesús Ramírez Cuevas

Para poder proteger a su jefe deberá hacer algo más que compartir convicciones y metas

Por Juan Bustillos

Jesús Ramírez Cuevas es un periodista que, como lo prueban las hemerotecas, no tuvo empacho en criticar, en su momento, al entonces jefe de Gobierno de la Ciudad de México Andrés Manuel López Obrador, a pesar de escribir en La Jornada, pero ahora, como vocero de la Cuarta Transformación, le toca la más difícil de las tareas, protegerlo de sí mismo, aún sin su anuencia.

No debe ser tarea fácil de ser cierta la leyenda urbana de que una vez convencido de algo no hay poder humano ni divino que obligue a Andrés Manuel a lo contrario. Aun así, la obligación primordial de su vocero es sacarlo de los atolladeros en los que suele meterse por su proclividad a hablar de todos los temas, aún sin conocerlos.

El reto más reciente y más emblemático es el diferendo que el Presidente de la República trae con un medio escrito al que dedica lo mejor de su repertorio en adjetivos, el periódico Reforma: Conservador, neoliberal, porfirista… etcétera.

Y todo por muchas cosas, la más reciente la publicación, en exclusiva, del borrador de la carta al Rey Felipe VI de España exigiendo disculpas por las atrocidades cometidas por los conquistadores de lo que luego fue la Nueva España. Entre lo más antiguo, haber apoyado su desafuero como jefe de Gobierno de la capital de la República por violar el amparo de los propietarios del predio “El Encino”, así como el supuesto, innegable para él, fraude electoral que le habría cometido Felipe Calderón en 2006.

No hay manera de resolver este enfrentamiento ni Ramírez Cuevas debe perder el tiempo en encontrarle solución porque el Presidente no lo quiere, pues le permite identificarse aún más con Francisco I. Madero, como tampoco el Reforma, que ha encontrado en López Obrador a su más entusiasta, eficiente y gratuito publicista.

Ni por asomo se quiere aquí decir qué debe hacer Ramírez Cuevas en un trabajo en el que no tiene mayor experiencia y que en caso de tenerla no le serviría de nada porque López Obrador no se parece a ninguno de sus antecesores.

Andrés Manuel es su propio jefe de prensa, exitoso, por cierto, porque hasta hoy no hay político que comunique como él, no sólo con su clientela, que le permanece fiel, sino, incluso, con quienes, incluso, dicen tenerle desafecto. Así, ¿cómo alegarle al ampáyer?

En López Obrador casi todo es imprevisible, incluso para sus más allegados. Es habitual que lo que apenas es una idea o un proyecto lo convierta, sin aviso a nadie, en verdad absoluta, decisión de Estado, incluso cuando sus operadores apenas han iniciado las negociaciones y no tienen para cuándo conseguir la buena voluntad de la parte contraria.

Así no es fácil trabajar para él como jefe de prensa aun cuando se compartan las mismas ideas, convicciones y metas.

Es evidente que Ramírez Cuevas trota cuando su jefe corre, y no por falta de condición física, sino porque seguirle el paso es un trabajo endemoniado, pues le resulta natural innovar día con día.

No obstante, hay cuestiones a las que Ramírez Cuevas no puede cerrar los ojos.

El diferendo sobre la filtración del borrador a Reforma de la carta al rey español es un auténtico problema de Estado porque el Presidente no se ha detenido en sembrar la posibilidad de que la delación pudo cometerla el gobierno español, por un lado, y, por el otro, al preguntarse por qué el documento llegó a las manos del periódico de Alejandro Junco, y no a los de Juan Francisco Ealy y Francisco González, dejó, aún sin proponérselo, en mala posición a El Universal y a Milenio.

Como bien sabe Ramírez Cuevas, filtrar chismes o documentos es cotidiano; nada tiene de extraordinario. Lo inusual es que el jefe del Estado pida la revelación de la fuente aduciendo motivos de transparencia.

Solicitar la revelación de las fuentes, aún en el lenguaje de la 4T, se interpreta, necesariamente, como atentado a un derecho fundamental de los periodistas, que, supongo, no es intención del Presidente, pero que, además, su vocero defendería con vida y libertad.

Imposible saber qué novedades le traerá el resto del sexenio a Ramírez Cuevas. Los riesgos de la mañanera con algunos temas que, evidentemente, no están en el guión, así como el enfrentamiento, sin recovecos, con Reforma, son apenas señales de que en materia periodística no habrá quien se aburra en lo que resta del sexenio.

No obstante, para poder proteger a su jefe deberá hacer algo más que compartir convicciones y metas. Quizás convencerlo de dosificar sus exposiciones y dar más espacios a sus colaboradores para que los golpes no lleguen al Presidente con tanta frecuencia ni tan directamente.